Paul Benavides: Lo complejo y lo simple en el arte

Lo “sencillo” y lo “complejo” coexisten en el lenguaje y en el arte desde hace mucho tiempo como dos frutas distintas en un mismo árbol. Por raro que parezca, coexisten y conviven, son parte de la tradición. En ambos lugares (lo sencillo y lo complejo) se han producido exquisitas obras maestras en la literatura y el arte.  

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

¿Elegir entre Quevedo o Jaime Sabines? ¿Elegir entre el Barroco o la Modernidad? ¿Elegir entre “la complejidad” o “la sencillez” en la creación literaria? Estas preguntas apuntan a una polémica verdaderamente inútil. Definir por exclusión no procede en las artes cualquiera sea esta: literatura, plástica, música o cine. El método es simple: una ruptura con las formas anteriores contiene en su interior – aunque se chille y se patalee – el núcleo de la tradición que se quiere derribar.

Dijo Dalí que el mejor pintor de la historia había sido Velázquez. Nunca negó su influencia a pesar de ser tan distintos pictóricamente. Conocía a fondo su pintura, la había estudiado a cabalidad tanto que se negó a ser examinado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, por considerar que el jurado calificador no sabía tanto como él.  Excentricidad típica del genio catalán que nunca descalificó a su maestro con el objeto de colocarse por encima suyo. Dalí entendió muy bien que la «ruptura», la «innovación» o el «cambio» en el arte suponen haber entendido y asimilado la tradición.  Es lo mismo en cualquier disciplina artística, que incluye por supuesto la creación literaria.

Algunos consideran que «aplanar» el lenguaje, «desmetaforizarlo», limarle sus «asperezas» linguísticas, «desbarroquizarlo» por llamarlo de alguna forma, es un avance «notable» en la creación literaria. Eso ya ha sucedido en la historia de los movimientos artísticos y en ningún momento ha significado una superación a “rajatabla” de los contenidos del arte anterior, sea este pictórico, poético o escultórico. El paso del arte gótico al barroco y de éste al manierismo y del manierismo al arte neoclásico y del neoclásico al movimiento romántico, produjeron cada uno en su estilo, extraordinarias obras de arte. La forma expresiva del lenguaje se transformó, se adecuó a las circunstancias sociales y culturales, pero ¿Superó a la anterior? ¿Es “mejor” Daniel Defoe que Cervantes?

En el arte no hay superación como en las ciencias exactas; hay una continuidad que se altera, cambia o se modifica bajo nuevas circunstancias culturales, sociales, económicas y políticas.  Hay una continuidad crítica, que contradice y cuestiona, que interpela y dialoga con la tradición anterior y que produce obras distintas. Para abundar, creer que el paso del romanticismo al impresionismo es una superación en el contenido y en las formas del arte es un trágico error. ¿Fue mejor Monet que Delacroix? ¿Mejor Marcel Proust que William Blake? Es una polémica bastante inútil, como dije.

Por otra parte, los nuevos métodos de la guerra no cambian el hecho de que la muerte es la misma – perturbadora, destructora, inexplicable – desde las primeras batallas militares de la humanidad. No cambian el horror que producen en la psique humana. El hambre y la peste estuvieron presentes en la historia humana desde sus orígenes. Los seres humanos sensibles de cada época dieron cuenta a través de la creación y del arte la angustia que producía estar a expensas de la guerra y de la enfermedad, y finalmente de la muerte.

El ocaso de la Edad Media produjo obras de arte que han trascendido en el tiempo. El jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch (El Bosco) que no parece semejarse al arte medieval ni al arte del renacimiento, contiene imágenes que expresan el momento que le tocó vivir al Bosco: el hundimiento del feudalismo y el surgimiento del Renacimiento, que presagiaban la crisis de un mundo dominado por el terror religioso a otro que sería dominado en gran parte por la razón y la ciencia.

La “oscuridad” de las imágenes del Jardín de las Delicias, sus seres amorfos y grotescos aplicados en la tortura para causar dolor por el pecado, contienen una actualidad que nos deslumbra, una modernidad que es más elocuente: narra un mundo oscuro, atizado por el terror, el miedo y el castigo.  Si eso lo trasladamos a modo presente, a una sociedad que ha hecho del miedo y terror el pan cotidiano, se verá la actualidad de una obra “oscura y terrorífica” que tiene más de 500 años.

Lo que quiero dejar claro es que pasar de un estilo más “complejo” (oscuro) a uno más sencillo (claro) no representa en modo alguno la superación de capacidad del arte para expresar el momento o la época que le toca vivir al creador.

Por otra parte, es importante indicar que la “claridad” no es sinónimo de lucidez que es lo que necesita la literatura y el arte en general. La supuesta «claridad» o «sencillez» no siempre iluminan. Pero es justo reconocer que otras veces sí: Borges y Parra lo hicieron con su poesía.

La poesía de San Juan de la Cruz (Cántico Espiritual) más que claridad buscó la iluminación mediante densas y elaboradas imágenes, las que conducen al lector por parajes que apenas entendidos, conmueven.

Finalmente lo “sencillo” y lo “complejo” coexisten en el lenguaje y en el arte desde hace mucho tiempo como dos frutas distintas en un mismo árbol. Por raro que parezca, coexisten y conviven, son parte de la tradición. En ambos lugares (lo sencillo y lo complejo) se han producido exquisitas obras maestras en la literatura y el arte.


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