Paul Benavides: Poemas I (2017-2018)

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

 

PARCA

Hay una mujer que trepa por el aire
Deja a su paso muertos inequívocos.

Se bebe el fuego de otros cuerpos
a cada rato.

Esa mujer me atardece en las noches
Y roba la luz del último instante,

Entre los resquicios vagos de mi cuerpo.

Desleal me mata por un tiempo lento
para besar otras bocas
bárbaras y duras.

Se acuesta a mi lado
extensa y quieta,
exánime exhibe
en la madrugada fantasmagórica
toda su luz.


VENTANA

El instante de la ventana es un señuelo
para imaginar pájaros, la lluvia,
un niño que juega afuera
cerca del árbol.

La memoria es un ladrido,
un latigazo, un perro rabioso,
el ronroneo del gato
antes del zarpazo.

Una costra de tiempo que se ensancha
sobre el calendario
y los días pasan apresurados
en su vigor de numero
y fecha.

Todo siempre está por empezar:
el amor y sus maquinaciones,
el nudo tóxico de la pena que se niega a ir,
el aire donde permaneces
terca y definitiva
como una broma.

Lo diría en un poema palabreado,
dulce,
fiel a los antiguos
románticos.


INFANCIA

Aquella piedra con la que hería
los caballos blancos
en desbandada,
de la nube.

Aquel pan color de armiño
Semilla que llevaba inscrita
la muerte del hambre,

En las manos de la abuela.

Aquellas voces de la infancia
como una babelia de pájaros,
con la que engañaba a Heráclito

para bañarme en el mismo río
cien veces.

 
TERCA VERDAD

El hombre carga
su terca verdad
Va con ella a la guerra
mata hiere miente
impunemente
Se arrastra
obsceno
Se Inventa un dios
como flor tóxica o cuchillo

Como un cáctus de agua y de veneno

Y no se aburre de su terca verdad
La impone
A mansalva
A cuentagotas
Sangrienta

A los perros a los ángeles
A sus hijos de sus hijos

Canta canta canta
Alucinado
Feliz victorioso
Más allá de la muerte

Su tétrica
verdad.

 
SU NOMBRE ES NADIE

Truhán por las noches
Fiera del barrio.

Muchacho roto
Pobre del siglo XXI.

Huérfano con madre
Dueño de un perro
Y amigo de los gatos.

Me lo dijo la otra vez bajo la luz del poste:
Soy tan viejo como un niño viejo.

Bengala en caída libre
sueño donde la pesadilla arrecia,
y desvalija con astucia
Los carros entre alarmas.

Nadie le preguntó si quería pasar
Una temporada en el infierno
O pasear su cuerpo
por éste valle de lágrimas.

Arma su soledad
como un castillo en la arena.
Se llama nadie
Y finge reír cuando llora.


BAR

Me atrinchero detrás
de una taza de café
Y veo al viejo
que confirma
su soledad de jubilado;
observo a la mesera
que invariablemente
recorre el pasillo
entre sillas y voces oxidadas,
Que recuerdan sus piernas
Macizas y largas.

Veo a la muchacha que pasa
frente al bar
para llegar al sitio
donde palpitará
Alguna vana ilusión.

Observo a aquel que finge
leer a Kafka hasta que llegue
la mujer con quien compartirá la noche.

Con el rabo del ojo veo a la striper
Recorrer
la tibia luz del bar
Y deja ver su amor que no traiciona
y su piel que lo hace siempre.

Detrás de una taza de café me reconozco
entre otros desconocidos,
muestro mi carné de clandestino
y dejo que la punta del lápiz
dispare palabras:
silencio,
vacío,
lluvia,
pájaro extraviado,
amor.

Pronto el café me sabrá
a final de calle,
a lugar que empieza abrirse y
para mí cierra sus puertas.

 
AIRE

Hay una mano
Que dibuja una jaula que
Encierra el canto.

Y hay como un desamparo
una ruina suave y quieta
Y el pájaro se pervierte
se agota
y hace del árbol
de la rama,
su demencia
su giro constante
su sueño de color y plumas,
y se tensa
hasta encontrar

exacta

Su indefinición
su casi muerte,

y hace del viento su nostalgia
la delicada canción
que no recuerda.

Alta es la noche.
Solo existe el pájaro
de antes,
Su plenitud,
su canto vacío.

BEATRIZ

Qué forma de saltar del arrabal
al sueño
de aquellos púberes,
dispuestos a pedirte
el sí rotundo de tu carne
la canción urgente de tu senos
(puta, te dijeron alguna vez)
Pero nosotros te decíamos amor
Dulce, Luz, María del Carmen
o algún nombre compuesto
y nos guiabas al círculo de la pequeña muerte
(Como una Beatriz morena y leve)
Mientras veías el mapa de la vida
(pequeña mujer de plomo)
en el cieloraso de la habitación
tomada por la luna o el espanto.
Llegaste a pensar que había
alma en la carne
en aquel pequeño corazón de roca.
Ahora enseñas la mirada
de tabaco rancio
y vendes pájaros de papel
que salen de unas manos fumadoras
en una ciudad
que no te toca.

ELLA

Ella,
que dio
su silencio a cambio
De mi palabra necia,
La que dio su duda
A cambio de mi escuálida verdad,
La que dio su vida
a cambio de mi tonta muerte,
Ella,
Desde el pasado me observa
(Sin conocernos ya
Sin sabernos siquiera)
y de lejos y sin reparos
me sigue dando
el color del verano
el relámpago absoluto de su boca
La insistencia de vivir.

Ahora como antes
Pone, encima de la mesa
Y sobre el tiempo
(como siempre)
el vacío que dejó
la metáfora suave y precisa
de su cuerpo.

 

 


Paul Benavides Vílchez, es Sociólogo y escritor. Profesor en la UNA y asesor parlamentario. Tiene escrita la novela “Los Papeles amarillos de Chantal» ( en prensa), “Entre Senos y Reptiles” ( Poesía inédita), «Duelos Desiguales» (2012, EUNED), «Oficio de Ciegos» ( Arboleda, 2014) «Apuntes para un Náufrago» (2018, Letra Maya) y «Áspera Noche» ( 2019, Letra Maya).

 

 

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