Paul Benavides: Postpolítica

Por otra parte, los grupos de poder político y económico vernáculos, desligados de la prudencia y de la comprensión histórica de nuestra manera de resolver los conflictos sociales, están empeñados en debilitar al máximo los derechos y las libertades que han permitido que la ciudadanía haya defendido esos derechos de forma organizada. Derechos y libertades que son una herencia fundamental del liberalismo político.

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Es interesante. Todo el discurso político electoral de los partidos políticos de siempre hace referencia al papel central del pueblo como actor o sujeto activo de la democracia, pero cuando este «pueblo» dice «cuío» los políticos se asustan y lo que añoran es el silencio.

Lo prefieren viendo Netflix o llorando porque no ponen a Navas de portero titular en el Real Madrid. 

El pueblo es un lugar que los políticos al uso saben que existe pero que no tienen interés en saber qué es y cómo se come. Lo que en el fondo añoran es una democracia sin conflictos y discrepancias, lo que lo que los elegantes teóricos llaman la postpolítica, es decir: política sin contradicciones lo cual es negar el núcleo duro de una cosa que llaman democracia.

Justo hoy lo que sucede en la sociedad costarricense: nadie está contento con lo que hay. Todos están (estamos) disconformes, tal y como lo demuestra la última encuesta de la CID – Gallup: el número de costarricenses que dice que la situación económica está peor que el año pasado pasó de 28% (2918) a 53% (2019); la corrupción  (35%), el desempleo (22%) y el costo de la vida (14%) son los principales problemas del país; el número de opiniones que indica que la situación económica de la familia está peor con respecto al año pasado, pasó de 22 % a 53%; cuatro de cada diez ciudadanos opina que el país carece de rumbo y destino, para sumar el 79% de opiniones negativas; y para completar éste cuadro, la opinión negativa sobre la gestión del Presidente Carlos Alvarado se disparó de 40% a 52% en un año.

Pero al presidente y a su gabinete parece no importarle lo que piensa y sienten los ciudadanos que por encima de todo son personas.  Cada vez que le preguntan a Alvarado sobre la pésima opinión de la gente sobre su gestión de gobierno, en especial su inacción para reactivar en serio y no en el papel la economía, responde con un lugar común o una risa burlona. Él, ha dicho, está convencido que el país lleva el rumbo correcto, pero la pregunta que surge es ¿A quién o quiénes beneficiará el rumbo susodicho?

Entre el punto de partida y el punto de llegada de ese “rumbo”, el desempleo, la precariedad, el empobrecimiento y la informalidad golpearán a miles de costarricenses.

Quedarán muchas víctimas en el camino.

Unido a ésta ignorancia de los deseos y desafectos ciudadanos que da cuenta la CID – Gallup, el Gobierno se apuntó en la tesis ultraconservadora de regular in extremis la protesta social como si eso fuese un avance democrático. Pero es un paso en falso. El derecho a huelga y a la protesta social no es un derecho de los “viejos sindicados manidos”: es un derecho ciudadano establecido en la Constitución Política.

La política, que estaba hecha para darle a los ciudadanos costarricenses ciertas certezas y seguridades frente al futuro hoy garantiza lo contrario: inseguridad, duda y desconfianza.

La política ha perdido energía para ofrecer a las personas alguna esperanza frente a los riesgos de una sociedad cada vez más inestable: quedar desempleado, volverse viejo, carecer de pensión, a la desigualdad de que unos paguen impuestos y otros se enriquezcan evadiéndolo, a enfermarse y a quedar inservibles como un mueble viejo, a estar jubilado y a tener que mantener a hijos y nietos.

Por otra parte, los grupos de poder político y económico vernáculos, desligados de la prudencia y de la comprensión histórica de nuestra manera de resolver los conflictos sociales, están empeñados en debilitar al máximo los derechos y las libertades que han permitido que la ciudadanía haya defendido esos derechos de forma organizada. Derechos y libertades que son una herencia fundamental del liberalismo político.

La rebelión de los Chalecos Amarillos en Francia (Mouvement des gilets jaunes) guardando las distancias, mantiene puntos de contacto con la sensación de ansiedad que produce la política hoy en nuestro pequeño y complejo país.

Negar el conflicto o impedir que el pueblo alce la voz y reclame es un error por imposible.

Las democracias son ruidosas, aunque no me guste el ruido.

 


Paul Benavides Vílchez, es Sociólogo y escritor. Profesor en la UNA y asesor parlamentario. Tiene escrita la novela “Los Papeles amarillos de Chantal» ( en prensa), “Entre Senos y Reptiles” ( Poesía inédita), «Duelos Desiguales» (2012, EUNED), «Oficio de Ciegos» ( Arboleda, 2014) «Apuntes para un Náufrago» (2018, Letra Maya) y «Áspera Noche» ( 2019, Letra Maya).

 

 

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