Paul Benavides: Soy un poeta inicialmente visual

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Paul Benavides Vílchez, Poeta y sociólogo.

Fieles a nuestros propósitos, aquí en La Revista consideramos de suma importancia dar a conocer las contribuciones destacadas de Paul Benavides Vílchez, pensador y artista costarricense de origen herediano. Este intelectual, se manifiestan en dos campos: el de la poesía y el del análisis político (trabaja en la Asamblea Legislativa como asesor legislativo).

Para iniciar hay que mencionar la circunstancia de que Paul Benavides, aunque sociólogo, ha evitado que su formación académica no haya “interferido” en su creación artística y tal vez por eso tal vez haya logrado afirmarse como una de las voces más auténticas y originales de la poesía costarricense actual.

La Revista: ¿Qué le motivó, qué le llevó a usted a hacer poesía y no desarrollar otra expresión o vertiente artística intelectual?

“Bueno, lo de la poesía en mí es algo intuitivo donde el peso de lo visual es enorme.  Crecí rodeado de una rica imaginería natural que me marcó para el resto de la vida: ríos, cafetales, potreros, vacas, gallinas, acequias, árboles gigantescos, búhos, lechuzas, ardillas. Y también la muy urbana cantina de mi tío donde se reunían los hombres a hablar y a discutir de fútbol en medio de canciones de Pedro Infante.  Mi padre, que había estudiado en la Escuela de Bellas Artes y era profesor de artes plásticas en los colegios y escuelas de Heredia, y luego en la Universidad Nacional (inicialmente Escuela Normal)  completó ese círculo visual e intuitivo exponiéndome a las imágenes propias de lo pictórico: Van Gogh, Paco Amiguetti, Manuel de la Cruz González. Entonces, mi mundo poético responde casi espontáneamente a la imagen. Esto es lo que, básicamente, me lleva a escribir poesía.

Digo que habita en todo ser humano creador una batería de sentidos y eso le faculta para decir cosas que están conectadas con las emociones. En mi caso personal me di cuenta, ya entrada la adolescencia, de que disponía de esa capacidad de poder decir cosas que están fuera del mundo de la razón, que estaban dentro del mundo de las intuiciones, de las emociones. Esas primeras imágenes de la infancia están ahí, no en vano se dice que la infancia es la patria de la que no se sale nunca, como lo dijo Manuel Vicent, columnista y novelista español.  Entonces la primera infancia me marca de forma ardua, que también está llena de libros de arte, de música, de ríos, de mi papá pintando, de mi madre cantando, del verde del agua cuando pasa por los arroyos me conecta con la creación poética.”

La Revista: Hay que mencionar que en sus inicios se encuentra una genética visual o genética sensorial sobre la cual se desarrolla una personalidad que integra, o que se traga ese mundo circundante lleno de emociones e imágenes. ¿Encima de eso hay alguna formación de tipo más formal, más libresca que habría de influenciarle posteriormente en su creación?

Sí, en literatura soy un autodidacta, formalmente no estudié literatura sino sociología, pero la vocación literaria está entretejida indudablemente con la lectura asidua de grandes poetas. Así, los primeros libros de poesía con que tengo contacto son los de Rubén Darío y José Martí, en la Escuela Laboratorio de Heredia, donde la maestra María Rosario Víquez nos ponía a recitar  poesías de Rubén Darío como el Poema del Lobo  o Margarita está Linda la Mar,  por ejemplo. Eso fue un primer contacto con la poesía leída y oída en voz alta, práctica que deja una marca en la mente, en el espíritu del niño. Posiblemente influenció mi primer poema escrito como a los 12 años, y que aunque muy malo -un día de estos lo leí- era parte del trabajo de graduación  de sexto grado de la Escuela.

Algunas veces escribo una poesía simple, coloquial y otras veces escribo una poesía más elaborada, polisémica, por decirlo de alguna forma, pero la poesía que escribo, toda, está arraigada en mi existencia personal.

Mi contacto con la literatura es intuitiva –como dije al principio– y mi formación es enteramente autodidacta, surgida de la lectura asidua y disciplinada de los grandes autores. Si hubo una etapa de la literatura universal que me marcó fueron los creadores o poetas del Siglo de Oro español.  Cuando leí a Góngora , a Quevedo, a Sor Juana Inés de la Cruz, o a Fray Luis De León fui seducido por algo que no supe bien qué cosa era, quizá una música extraña y potente que me estaba diciendo cosas que no entendía bien pero que producían un sonido que me exaltaba, que  me provocaba cierta turbación.

Luego leí a Lezama Lima, a Virgilio Piñera ambos cubanos, a Borges  y a Octavio Paz. Tiempo después conocí a los poetas españoles de la generación del 27: Lorca, Cernuda, Machado, Altolaguirre entre otros enormes poetas, y posteriormente a los poetas de la llamada Generación del 50: José Manuel Caballero Bonald, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, José Agustín Goytisolo, entre otros. Estamos hablando de un grupo de poetas de primer nivel y ese contacto con ellos es otro golpe sobre mi emocionalidad e importantísimo en mi formación literaria autodidacta, para cuando ya tengo 18, 19 o 20  años.

Eso me habla y me alimenta. Comienzo a escribir joven pero publico hasta más tarde”.

La Revista: Quisiéramos saber ¿cuándo descubre la poesía costarricense, y quiénes  de nuestros autores podrían haber inspirado su obra literaria?

“Bueno, la poesía costarricense la voy descubriendo simultáneamente con la poesía suramericana y mexicana. Descubro que hay una poética costarricense muy interesante y variada, que me llega gracias a la antología que publica Carlos Rafael Duverrán en los ochentas, y que reúne poesía costarricense desde el año 40 más o menos hasta finales de los ochenta. Ahí leo por vez primera a poetas mujeres costarricenses como Victoria Urbano, Ana Antillón y Eunice Odio.

Esa antología me permite tener contacto con una generación de destacados poetas costarricenses: Carlos Rafael Duverrán, Adilio Gutiérrez, poeta herediano desconocido, Isaac Felipe Azofeifa, para mí una veta importante y por supuesto Alfonso Chase, que ha ejercido en algunos de nosotros una especie de magisterio poético y literario. Lo conocí en un taller de poesía hace unos 30 años y nos abrió las puertas para conocer a poetas universales como Walt Witman  y Ezra Pound. Nos dio a conocer a grandes poetas cubanos como Lezama Lima, Virgilio Piñera, así como la gran tradición poética mexicana.

En la poesía costarricense descubrí que existen tres grandes autores que marcan la producción poetica subsiguiente: Debravo, Eunice Odio y Isaac Felipe Azofeifa, cuya influencia se mantuvo durante mucho tiempo en la creación poética costarricense.

Yo he sido un admirador y un lector los poetas citados, y de alguna u otra forma están presentes en la poesía que escribo quizá de manera cifrada.

De Jorge de Bravo admiro por ejemplo Romance de las Maderas, una poesía hermosa, no política sino amorosa, sencilla, que expresa la mirada del campesino de su propio entorno, donde compara a la mujer con la humedad de madera y su olor.

Leí otros poetas a parte de los que cité anteriormente, que me dejaron una huella profunda, como es el caso de Francisco Amiguetti, ese patriarca del arte costarricense, pintor, cuentista y poeta.

La Revista: 

Su poesía se siente como algo realmente original en varios sentidos. En primer lugar, predomina la imagen y la metáfora. No es una poesía intelectualista, esotérica o filosófica, lo que me parece magnífico porque para eso está la filosofía o los ensayos. La poesía es algo distinto, es una predominancia de lo preracional, el ámbito de la intuición, propio de la actitud poética.

En segundo lugar encuentro una vertiente o un gusto por la sencillez y por una temática cotidiana urbana, por los rincones olvidados y ocultos de la vida urbana, una nostalgia de olvido o descuido existencial.

Finalmente, a la par de esa cotidianidad hay una veta de profundidad lírica, de añoranza del más allá que no se encuentra fácilmente en otros poetas.

Mención especial merecen tus metáforas, que tienen una magia especial y a las que habría que dedicar un análisis más detallado que no corresponde aquí.

Hay una cosa interesante dentro de la gama de autores que ha mencionado ya que no es fácil poder identificar influencias de algunos de ellos en su poesía ¿qué nos podría decir al respecto?

Podría llamarse estilística a lo que se refriere.  Realmente lo que ha dicho me descubre a mí en lo que yo hago, porque uno mismo no tiene mucha conciencia de lo que está escribiendo. Me da una idea de lo que yo escribo sobre lo que puedo estar más o menos de acuerdo, pero prefiero extrañarme de lo que me estás diciendo. Efectivamente, en mi poesía se da una mezcla extraña, un híbrido entre lo coloquial, lo real y lo metafórico, una especie de ida y vuelta entre ambos mundos.

Existe además una conexión con el inconsciente. Se dice que estamos más determinados por el inconsciente que por el consciente, que la mayor cantidad de nuestras decisiones las tomamos desde el inconsciente. La poesía que a mí me interesa es aquella que habita allí, en el mundo de lo inconscientemente y está fundamentada en la imagen: soy un poeta inicialmente visual. Creo que tengo una facilidad para crear y producir imágenes. Dentro de las artes me gusta el arte pictórico. Fui educado por mi papá quien mientras pintaba me explicaba la pintura de Gauguin o Seurat. El oficio poético es eso, la creación de imágenes, ojalá potentes, únicas, originales. La creación de una imagen que me lleva otra imagen, y que de alguna manera está conectada con un concepto. Es una operación que se produce en el cerebro donde la racionalidad se conecta con la parte intuitiva para producir imágenes que no están del todo desligadas de la realidad, pero que tampoco responden del todo al mundo inconsciente.

La poetización genera imágenes con sentido. Un factor importante para mí es la música. Para mí la poesía es imagen y música, la música que da la métrica, el ritmo y la rima que se utilizan en la elaboración poética. Esas medidas en las que el verso se despliega para dar forma al poema, las descubrí en Quevedo y en Góngora.

Trato de que mi poesía tenga imagen y sonido.

Existe otra métrica u otro ritmo, el personalísimo, que no es la medida rigurosamente académica de 7, 8, 0 14 sílabas, es la medida rítmica que cada poeta debe ser capaz de crear.  Tengo un gusto por el sonido de la palabra  misma,   su valor fonético, es decir su color y peso en el poema no es pequeño, para mí.  La palabra misma junto a otras palabras van creando una imagen, o van creando una contraimagen, como es habitual en la poesía moderna.  No sólo se hace camino al andar, sino que también se hace sentido al poetizar.

Como lo hizo paradigmáticamente Elliot en su “Tierra Baldía”, y lo han hecho tantos otros desde entonces. La métrica y un cuidado por el lenguaje, por su fuerza fonética, armónica, estética que es lo distintivo de la poesía con relación a la novela. La poesía tiene una energía propia, una vida particular que se la va a dar el uso exigente del lenguaje, que no surge de la razón sino que es fruto de la dinámica del pensamiento anterior a la razón: la intuición.

Intuición que dicen por ahí los neurolingüistas está localizada en la parte derecha del cerebro, y que logra, vía lenguaje y sentido, crear y recrear la realidad de maneras diferentes. La mirada estética, metafórica, polisémica, esa que renueva nuestra relación con el mundo mediante la magia del lenguaje.

La Revista:  Respuesta muy aclaratoria esta, que nos permite, además, plantear una última pregunta: ¿Cómo es la poesía contemporánea costarricense y cuál es su futuro en este mundo digitalizado, de abruptos cambios generacionales y culturales sumado a la impersonalidad de internet?

Bueno, es una gran pregunta para la que no tengo una respuesta específica. Lo que ha sucedido en los últimos tiempos es que la sociedad se ha encaminado por la vía de la eficacia, de lo práctico, lo concreto. El arte y la poesía requieren de un espacio favorable al ocio, a la divagación, a la reflexión sosegada, facultades que la sociedad contemporánea impide. Se ha dado un cambio actitudinal hacia una cultura donde prevalece la histeria consumista. Se produce además, un achicamiento del tiempo, ajeno a aquello Ernst Jünger llamó el tiempo del reloj de arena: un tiempo prolongado y casi infinito que medía la travesía de los barcos que surcaban los océanos, el tiempo meditativo y extenso que se desgrana lentamente.

La poesía costarricense de hoy en día presenta una doble vertiente. Una que respeta el lenguaje, la imagen, la tradición española del castellano de América con sus 1000 años, enriquecidos por nosotros en América. Y la otra, a la que ya no le interesa la pugna y el trabajo con el lenguaje: una poesía sencillista, descriptiva, plana, que rehúye la reflexión sobre los absolutos universales: la muerte, el vacío, la existencia. A mi juicio, el poeta ha de tener algo que decir y solo se puede decir algo si el poeta ha acrisolado esa existencia y la puede trasmutar o pergeñar en poesía y literatura.

La Revista:  Siguiendo en la misma línea de la actualidad costarricense uno se pregunta ¿cómo hacen los artistas y específicamente, los poetas para sobrevivir o para vivir de su oficio, de su arte? ¿Cuáles pueden ser los estímulos o los obstáculos que se pueden encontrar en una sociedad como la nuestra, encaminada irreversiblemente a una mayor dependencia de las redes electrónicas y a una la digitalización de la cultura que bien puede ser una amenaza la producción artística tradicional?

“En Costa Rica nadie puede vivir de lo que escribe, salvo algunas excepciones. Yo creo que hay tener un trabajo que le permita al escritor pagar casa, comida y techo, y creo que el oficio poético se queda corto para garantizar tales bienes. Al menos es mi caso.

En el país hay serios problemas en relación a la producción, edición y en especial la venta del libro. Los dividendos por derechos de autor se le pagan al escritor a cuenta gotas y tras eso, si recibe rentas que son de por sí escuálidas, debe de pagar el IVA a Hacienda.

Si se publica en una editorial del Estado no hay problema porque el escritor no debe aportar dinero, sin embargo la publicación del libro se prolonga  por una enorme cantidad de meses.  Si se decide publicar en una editorial privada muchas veces el autor tiene que asumir los costos de publicación del libro, que difícilmente recupera con la venta del libro.

En nuestro país no existe realmente un mercado de lectores amplio, consolidado y en expansión, que consuma literatura costarricense y que le permita a los autores vivir de lo que escriben.  En ese sentido nos hemos quedado rezagados en relación a otros países que han desarrollado una industria literaria potente, una verdadera industria editorial con su mercado de lectores aledaño.  Es lo que han hecho muy bien Brasil y Chile. La sociedad chilena tiene índices de lectura muy altos, lo mismo Brasil y Argentina, lo que significa que existe un público anuente a leer y comprar obras escritas por autores nacionales.

Tenemos otro problema. Hay que estar compitiendo con las grandes trasnacionales del libro, que tienen plataformas de divulgación, publicidad, de distribución multimillonarias.

La Revista: Por último, ¿qué mensaje o reflexión ofrecerías a las actuales generaciones de escritores, donde resalta un gran talento que debería ser encaminado hacia la creación y no perderse el vacío?

“Soy un escritor de 53 años que publicó su primer libro a los 43 años y su primer poema a los 12.  Todavía soy joven, pero tengo la edad y la experiencia suficientes como para tener una visión bastante certera de lo que es Costa Rica. Lo que puedo decirle a los escritores costarricenses es nunca olvidar el imperativo de vincular la creación literaria a la sociedad.

Si un escritor vive en el país en el que escribe su obra debe de estar arraigada en la realidad que lo circunda, y que por supuesto, lo nutre. El escritor de verdad trata de expresar de alguna forma o de muchas la comunidad en la que vive, y logra traducir de manera poética, narrativa, intuitiva, artística o plástica lo que el ciudadano experimenta y padece.  Hay que ser profeta en la propia tierra como lo fue Neruda, como lo fue Jorge Debravo, poeta entrañablemente querido por el pueblo de Costa Rica.

La poesía es enraizamiento pero también universalidad.  La gran poesía se hace siempre en medio de la tensión entre ambas.

  • Por Ronald Fernández Pinto

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