Poemas de Soren Vargas

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

La Revista presenta a continuación  algunos textos poéticos de Soren Vargas, escritor, editor, realizador audiovisual y estudiante de arquitectura en la UCR.

Soren pertenece al Centro Literario de Guanacaste desde 2017. Escribió y dirigió en 2018 el documental Mujeres de Altura, sobre la vida y obra de cinco cocineras que trabajaron en las haciendas de los cantones guanacastecos de Bagaces, Liberia y La Cruz. Su primer libro, Donde no te conocía (2019), reúne una selección de sus poemas escritos entre 1999 y 2011. Actualmente es director de Círculo y Punto Ediciones (www.circuloypunto.com), proyecto que pretende hacer accesible la calidad editorial a los escritores de la región Chorotega.

Soren Vargas

Soren Vargas en su poesía ordena el caos, traza las coordenadas del equilibrio, pone en un plano cartesiano las imágenes que saltan como animales salvajes y que el poeta domestica y pone sobre el texto como si diseñara una casa en un bosque. En el poeta están en tensión el artista y el arquitecto, el creador apolíneo y el dionisíaco, el sublevado y el poeta obedece, que él resuelve de una manera original: la energía poética parece sosegarse en una enorme planicie donde sopla el viento y las preguntas y las dudas son pájaros invisibles que cruzan su lugar de residencia: la pampa guanacasteca. Y ésta referencia geográfica es importante para entender la poética del autor. Soren es un poeta costarricense nacido en Guanacaste, y desde ahí, desde su condición excéntrica a la Costa Rica meseteña – con todo lo que esto implica para un guanacasteco – escribe poesía, diseña, hace documentales donde explora, escarba, reflexiona, narra desde de su identidad, lo que sucede en su geografía personal y fuera de ella.  Lo interesante es que el poeta se muestra equidistante de la reivindicación folclórica de su tierra originaria y somete esa identidad – que el autor asume amorosamente – a la interpelación y a la duda filosófica. Su poesía tiene el don de la claridad – que no es lo mismo que rendirse al coloquialismo-  presente en la poesía inicial como en la actual, donde es notable el uso de metáforas de una depurada elaboración y calidad, que no se quedan en el mero adorno o en los lugares aledaños al poema.  Estas imágenes que procura el poeta, son los dientes y las garras del poema. Son las armas de una estética sosegada, reflexiva, pero intensa, intuitiva y silenciosa, como un Jaguar que atraviesa solitario la noche de algún páramo en Guanacaste.

 

 

Poemas de Donde no te conocía

Padre, madre

Madre,
me entregaste al mundo
y me entregaste a los hombres.

Ahora
bendíceme.

Padre,
yo me alejaba
entre más me querías.
Pero una vez me dijiste:

ya no soy tu maestro.

Ahora
maldíceme.

Madre,
estabas en el alba y el ocaso.
Padre, eras mi razón
de pensar.
Pero
los muertos
deambulan por los astros

y en la memoria
no hay caminos

trazados.

Padre,
eres parte de mí, eres mi vida.
Madre, ¿soy de ti algo?

De mi padre
soy una pregunta;
de mi madre
soy
un bosque,
una tarde.

Una respuesta esperando.

Soy la ruta
entre la arena y el canto:

la luna es un ojo siniestro
y el sol
una
corona de espinas.

*

Esta es la generación nuestra

Tenemos todo el día
para hacerlo grande.
Una casa minimalista
frente a las inmensas costas.
Una pantalla que domina la sala.
Y el satélite

sigue dando vueltas.

No tenemos
de qué preocuparnos.
Los mil ciento dos CD
suenan desde la absoluta claridad del cuarto.
La cama está iluminada por un espacioso océano.
Los mil ciento dos CD en mp3.
La brutal descarga de Radiohead.
Y la pantalla comprueba
que el resto del mundo existe.

Los grandes cambios de esta época
son agradecidos por la imagen
y por el audio.
Lo único que se puede hacer
es cambiar la imagen
y escuchar:

—Joven, esto es lo único que se puede hacer:
cambiar la imagen
y escuchar.

*

Perfiles del silencio

Cae
el último pétalo
sobre los perfiles
del silencio.

Las nubes ocultan

la última mirada
de los astros.

Tengo una marea
sedienta de noches…

Duermo
con la oscuridad
a un lado
del misterio

y a veces siento

que ya no habitas
en el lenguaje
de los vientos.

*

Novia

Yo quiero hacerte un traje de novia,
pero de besos.
Y te lo engrapo a mordiscos.
Y te lo coso con los dientes.
Y te lo pego con saliva.
Y te lo aprieto con abrazos.

Y te lo arranco con amor.

*

Otros poemas

Noche

Sintiéndome
como un cuadro
que se derrite con lentitud
en los aceites
de sus nieves amarillentas
y lloronas.

Sintiéndome
como un atardecer
tan viejo como muchos días
de muchas negras
criaturas
que habitan hasta el último árbol lejano.

No me pongas triste, noche
que el invierno
solo es la propaganda
mal venida
de esta pesadilla
de ser un espíritu de carne
pura.

*

Los señores de la duda

No eran lanzas del cielo.
No era un dios muerto que camina
ni un amor fugaz como el rayo.
No era un cementerio de aguaceros

ni mi soledad buscando sus cauces.

Eran las tierras planas
más allá de la redondez de la tierra.
Podía ver, podía escuchar los pasos invisibles
de la lluvia, el viento y la sombra.

Hay un bosque donde todos los dioses callan
y van pasando por las hogueras
del olvido,
porque no aprendieron el lenguaje,
porque no aprendieron a interpretar los vientos:
el de las primeras flautas,
el de los primeros habitantes
de la duda.

Yo soy de la tierra del misterio,
del único nombre impronunciable.
Yo soy de los abismos que el tiempo
consolida con terror en Guanacaste.

También hay una casa
bajo la remota faz del sol.
Hay un sueño perdido bajo las copas
y la noche negra que descansa bajo los sueños.
Hay arenas, piedras y animales
que prendieron sus antiguas cantos
en mi pecho.

Los tambores resuenan en un pasado
que no entiendo:
el lamento de una tierra que duerme conmigo como un dolor ajeno.

Pero es acaso la duda, turbulento espejismo
en la paz dorada de las planicies,
herida por los mansos ríos y los primeros árboles
bajo la cual hay luz en la oscuridad
como estas preguntas atravesando el aire.

*

El hombre y el mar
A Josué Joel

Un hombre se arroja
a un mar
que tiene hambre
tras el impenetrable arrecife
donde las olas
sostienen la tarde.

Es un destello, una promesa.
Es la ambición de la perla
en una palabra
arrojada.

Un hombre se arroja
al mar
como una poética del suicidio,
como cualquier cosa
o cualquier crónica
de cualquier naufragio
anónimo.

Es un boleto
o una ventanilla a

un incognoscible secreto
como la piel de la amistad
o del amor más puro.

Un hombre se arroja al mar
como un mendigo.

Perla luminosa.
Verbo en los reductos
de la resistencia del cuerpo.
Faro de los ajusticiados
por la ternura

y la inmensidad
que pide otro ardor,
que exige otra ola,
otro intento
otro mar.

Que exige
otro secreto
sin testigos.

Que pide

otro hombre arrojado al mar
de sus principios.

 

 

 

 

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