¿Por qué limitar a un arma la tenencia legal de armas?

El ciclo perverso de las armas de fuego, caracterizado por este paso de la legalidad a la ilegalidad, debe terminarse. Y una de las formas de hacer eso es disminuyendo las cantidades de armas que las personas pueden tener legalmente.

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Max Loría Ramírez, Politólogo.  

Empecemos por el principio. Las armas de fuego no son un bien jurídico cualquiera. Son muy peligrosas por ser letales desde su diseño. No son carros, casas o confites que pueden comprarse en la pulpería según mis gustos y preferencias. En reiteradas ocasiones la Sala Constitucional ha dicho que son objetos peligrosos, y que se requiere que el Estado establezca un límite a la cantidad y a los tipos de armas.  Precisamente por eso la Ley N° 7530 vigente, pone un tope de tres armas para que las personas puedan inscribir para la defensa de sus bienes.

En realidad, la idea de que una familia pueda ejercer su defensa frente a un ataque ha sido muy rebatida por estudios internacionales serios y rigurosos. Desde 1993 ya Kellerman había demostrado que tener armas en la casa estaba asociado a un aumento del riesgo para esas familias de ser víctimas de esa misma arma (Incluso en casos de violencia doméstica muy comunes en nuestra región).  Los riesgos de los países muy armados en realidad son para la sociedad en su conjunto: cuando hay muchas armas es más fácil que los delincuentes tengan acceso a ellas, que terminen siendo mal utilizadas o que causen accidentes hasta mortales.

Aun así, es cierto que existe un derecho a la legítima defensa, y que, según nuestra legislación, puede ejercerse incluso con armas de fuego. Hasta el momento se ha permitido a las personas inscribir tres armas con ese objetivo, pero hoy las condiciones de seguridad del país obligan a pensar en la conveniencia de reducir ese número.

Algunos datos muy sencillos ayudan en esa lógica. El 70% de los homicidios se cometen con armas de fuego, la gran mayoría con armas permitidas por la legislación. De esa cantidad, ya conocemos que en el 37% de esos casos, se utilizaron armas que habían estado inscritas y totalmente en regla. Es decir, el mercado ilegal de armas se alimenta en más de una tercera parte del mercado legal. Es verdad que hay también otras fuentes como el tráfico de armas a través de nuestras porosas fronteras, pero también es verdad que el mercado legal aporta al menos una tercera parte.

Lo cierto es muchas de las armas que hoy se siguen utilizando para robar o matar, ingresaron al país de manera legal. Y ese un ciclo perverso con el que debemos acabar. Es lógico entonces que una forma de disminuir las cantidades de armas de las que disponen los criminales, es disminuyendo el total de armas que hay en el país, y el mejor control de mercado legal (y su disminución) es parte de este esfuerzo.

Las armas pasan del mercado legal al ilegal de muchas formas. La principal es robo de armas a personas honestas en sus viviendas o a guardas de seguridad privada. Entre el 2016 y finales del 2018 se reportaron más de 2.500 armas como robadas antes el Organismo de Investigación Judicial.

El ciclo perverso de las armas de fuego, caracterizado por este paso de la legalidad a la ilegalidad, debe terminarse. Y una de las formas de hacer eso es disminuyendo las cantidades de armas que las personas pueden tener legalmente. De lo contrario será más difícil para el Estado enfrentar a los criminales que fácilmente seguirán teniendo acceso a muchas armas. Mantener un arma para la defensa ayuda en ese objetivo y no aspira a desarmar a la ciudadanía honesta y responsable.

 

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