¿Por qué un dólar a más de 600 colones puede ser una buena idea?

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Carlos Víquez QuirósAbogado y Administrador de empresas y finanzas (Msc.).

El colón costarricense, hasta hace pocas semanas, tenía tres años consecutivos de presentar las depreciaciones más bajas de Latinoamérica, situación no necesariamente positiva y muy posiblemente debida a una ilusión provocada artificialmente por el Banco Central para mantener el dólar barato mediante las intervenciones al tipo de cambio utilizando las reservas internacionales.

El Banco Central realiza éstas intervenciones intentando mantener el precio del dólar estable ya que en caso de devaluación se pueden producir presiones inflacionarias lo cual precisamente es contrario al objetivo principal de éste banco que pretende mantener las metas de inflación.

En lo que va del año el Banco Central ya ha utilizado $1.100 millones de dólares de las reservas internacionales, incluidos los mil millones del préstamo que solicitó a finales del año pasado al Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) para prevenir y disuadir movimientos especulativos del tipo de cambio que aparentemente no funcionaron bien en disuadir los movimientos ni en prevenir la devaluación del colón.

Si el colón pierde valor se ven afectadas todas las personas que tienen prestamos en dólares o que ganan su salario en colones, ya que, como nuestros colones valen menos, necesitamos utilizar más colones para comprar las mismas cosas que comprábamos antes con menos dinero. Esto se conoce como inflación, afecta más a los que menos tienen y ésta es la razón, loable, por la cual el BCCR intenta contenerla.

Entendiendo que la carga de una posible devaluación puede ser alta para un porcentaje de familias costarricenses, como todo, existen dos lados de una misma moneda y también es necesario exponer que existen efectos positivos en una situación como ésta que, en el mediado plazo, podría generar más beneficios para todos.

En primer lugar, se dejarían de estar utilizando gran cantidad de reservas internacionales para intentar intervenir en la estabilidad del tipo de cambio, como se ha hecho hasta ahora de forma irresponsable y poco efectiva.

Por otra parte, una devaluación moderada ayudaría al sector exportador, que podría vender sus productos en el mercado internacional a mejores precios ya que los costos de producción locales en colones resultan más baratos.

También contribuye al sector turístico ya que cuando el colón pierde valor hace un poco más accesible, a Costa Rica, país actualmente muy costoso para el turista, y propicia que más personas nos visiten.

Ambas industrias son generadoras de divisas y aportan un gran peso en la dinamización de la raquítica economía nacional que mucho lo necesita y que encuentra un lastre en los altos impuestos, el exceso de trámites y los grandes costos de invertir en nuestro país.

A parte de éstos posibles efectos positivos que puede traer una devaluación moderada, en éste punto quisiera detenerme por un momento para una pequeña discusión filosófica en cuanto a qué preferimos entre las siguientes dos situaciones:

  1. Que a cambio de mantener intacta la tasa de desempleo, que en Costa Rica supera el 10%; las personas asalariadas, trabajadoras, que ganan en colones, no sientan un impacto negativo en sus bolsillos y mantengan, de momento, intacto su poder adquisitivo -“de momento” digo porque ya vemos que ni $1.000 millones disuaden a las fuerzas del mercado-.
  2. O si preferimos en cambio, que las personas asalariadas, que son mayoría y que ganan en colones, sientan el efecto negativo de ésta devaluación en sus bolsillos y que ahora puedan comprar un poco menos de bienes y servicios que antes, pero contribuyendo a bajar un poco la tasa de desempleo, de manera que, haya gente que, ahora con trabajo, pueda llevar los alimentos a su casa.

Lo anterior suena muy radical, pero no deja de ser cierto. Lo que estoy diciendo es que justifico una devaluación, moderada eso sí, a cambio de que haya menos personas desempleadas. Es decir, que sacrificando un poco el bienestar de la mayoría, podríamos elevar en mucho la situación de una parte de esa minoría desempleada que no tenía otro ingreso y que en Costa Rica es el sector más vulnerable, con menos educación y concentrado en las zonas rurales.

Permítanme ahondar en el asunto: como los colones cuestan menos debido a su pérdida de valor, es más fácil para el sector privado contratar personal, y esto eventualmente contribuye a reducir el desempleo en lo que se conoce teóricamente como la curva de Phillips.

En éste momento, alguno me interrumpirá y me dirá: ¿Pero no es más fácil elevar el salario mínimo para contrarrestar la inflación?

Resulta que, comparando el tipo de cambio, el índice de precios al consumidor y los salarios mínimos en Costa Rica, durante los últimos veinte años (utilizando como base el año 1995), los salarios mínimos aumentaron a partir del 2005 mucho más que la inflación y que el tipo de cambio. Esto ha hecho que comparados con otros países de la región nuestros salarios sean mucho mayores(Cuadro 2).

El hecho que los salarios de Costa Rica, sean mayores que los de la región, es bueno, excepto que, en lo que nosotros competimos directamente con la región, sobretodo en Centroamérica, que es en productos agropecuarios y de manufactura, es donde se utiliza la mano de obra menos educada que es donde se centra también nuestra población desempleada.

Estaría bien que los salarios de Costa Rica sean mejores que los de la región en empresas exportadoras de servicios, de dispositivos médicos, de tecnología y software, porque en éstas áreas competimos con países que también tienen población educada y mejores salarios, y es precisamente en éstas áreas donde se ha centrado el esfuerzo por la atracción de inversión extranjera de Costa Rica.

Lamento pensar que se nos olvidó que no todas las personas podían trabajar en éstas industrias y accidentalmente, quiero creer, nos volvimos un país con mano de obra demasiado cara para competir con la región, olvidándonos de, precisamente, las personas más vulnerables del país que no se encuentran capacitadas para trabajar en éstas industrias de alto valor agregado.

Entendiendo que la carga de una posible devaluación puede ser alta para un porcentaje de familias costarricenses, como todo, existen dos lados de una misma moneda y también es necesario exponer los posibles efectos positivos de una situación como ésta.

Las empresas agropecuarias o las manufacturas no especializadas están compitiendo con países de la región con mano de obra más barata y costos en general más competitivos que los nuestros, de manera que, las inversiones hacia estas industrias se han visto afectadas por el alto costo de nuestro país.

De ésta forma, una devaluación controlada de la moneda nacional, podría ayudar a bajar el desempleo, ya que abarata relativamente el costo salarial y con esto eventualmente colabora en la reducción de otros flagelos que se asocian al desempleo como el crimen y las drogas.

Cuando nos volvimos un país demasiado caro, dejamos de ser competitivos en las industrias no intensivas en conocimiento, y si queremos volver a tener competitividad en los sectores primarios y secundarios básicos de la economía es necesario, en el corto plazo reducir el costo relativo de, entre otras, la mano de obra no calificada, ya que de otra forma las inversiones se las llevarán nuestros vecinos y el desempleo difícilmente bajará sin un estimulo al sector privado.

Al final de cuentas lo que propongo es que el Banco Central tenga más responsabilidad en las intervenciones que realice, utilizando más inteligentemente las reservas internacionales, que aceptemos que el dólar suba un poco de precio, lo que quiere decir que exista una devaluación del colón, que sea moderada, que a todos nos cuesten un poco más los productos y servicios que compramos a cambio de poder colaborar con la economía nacional en la reducción del desempleo. Si lo quieren ver así, lo que propongo es que cambiemos un poquitito más de pobreza por un poco menos de miseria.

El autor es Abogado, Licenciado, Máster en Administración de Empresas con énfasis en Mercadeo y Máster en Finanzas, Máster en Business Research postgrado en Data Science y Big Data.
Blog: Carlos Víquez Quirós

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