Prince El Hassan bin Talal: ¿Dónde está el mundo para los palestinos?

The Trump administration's peace plan for Israel and Palestine embodies none of the ingredients of successful conflict resolution, including talking and listening, accommodation of core interests, and a compromise solution that the majority can support. It reads, not surprisingly, more like a real-estate transaction.

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¿Dónde está el mundo para los palestinos?

by Prince El Hassan bin Talal

AMÁN – No debería sorprender que el acuerdo de paz entre Israel y los palestinos propuesto por Estados Unidos tenga todas las características de una transacción inmobiliaria. Este supuesto “Acuerdo del siglo” en verdad no encarna ninguno de los ingredientes de una resolución de conflicto exitosa, como por ejemplo hablar y escuchar, un acuerdo sobre los intereses centrales y una solución de compromiso que la mayoría pueda respaldar. Y cómo se la podría respaldar cuando los socios más importantes en la conversación –los palestinos- sólo se destacaron por su ausencia, después de haber quedado fuera de la sala ante las demandas imposibles.
Poco después del compromiso loable de Jared Kushner en mayo de 2018 de que la búsqueda de la paz es “la búsqueda más noble de la humanidad”, el periodista Robert Fisk formuló la pregunta correcta sobre el plan de Kushner: “Después de tres guerras árabe-israelíes, decenas de miles de muertes palestinas y millones de refugiados, ¿Kushner realmente cree que los palestinos llegarán a un acuerdo a cambio de dinero?”
Los cínicos entre nosotros podrían concluir, con Chris Doyle, director del Consejo para el Entendimiento Árabe-Británico, que “la paz entre israelíes y palestinos no es una consideración. Es pura cosmética”. Las acciones tempranas de la administración norteamericana –el respaldo de los asentamientos en Cisjordania de Israel, el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén y el recorte de fondos para el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (que asiste a los refugiados palestinos)- efectivamente sugieren eso. Como dijo Lara Friedman, presidenta de la Fundación por la Paz de Oriente Medio, en 2018: “Es muy claro que el objetivo general es que los refugiados palestinos dejen de ser un problema definiéndolos como inexistentes”. La propuesta de Kushner hace lo mismo con los palestinos en general y con Palestina como una entidad en funcionamiento.
La propuesta deja de lado toda consideración del derecho internacional y numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sugiriendo en cambio que los palestinos deberían cambiar su tierra más fértil por desierto y aceptar un territorio parecido a un pedazo de queso Gouda, conectado por puentes y túneles y rodeado casi por completo por zonas bajo soberanía israelí. Esta es una afrenta a la dignidad de los palestinos, para no hablar de sus esperanzas y aspiraciones para el futuro.  Mientras tanto, los temores por el destino de Jerusalén y los derechos históricos de soberanía sobre los lugares sagrados deben preocupar a los musulmanes en todo el mundo.
Durante gran parte de mi vida, las crisis de nuestra región han sido problemas familiares. En reuniones entre el futuro primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, y mi difunto tío abuelo, el rey Faisal I, luego de la Primera Guerra Mundial, la discusión giraba en torno a un estado árabe federado en la región, donde judíos, cristianos y musulmanes de cultura árabe vivirían en un contexto de independencia y convivencia.
Era una visión que también abrazaba mi abuelo, en base a un compromiso irrevocable con una visión de la dignidad humana que implicaba pluralismo e igualdad de derechos para todos los credos. Era una visión iluminada, sustentada por fuertes creencias morales, pero también era una visión estructuralista –lo que Abba Eban, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel en los años 1970, calificó como un Benelux para la región-. Y es importante reconocer que cuando Jordania les otorgó la nacionalidad a los jordanos palestinos, fue sobre la base de que los palestinos eran un wadiyyah, una creencia, y que su derecho a la autodeterminación no iba a verse perjudicado o denegado. Es difícil no preguntarse cuán diferentes podrían haber resultado las cosas si el rey Abdullah I de Jordania y Yitzhak Rabin, quien luego fuera primer ministro israelí y, también, un gran pacifista, no hubieran sido asesinados por sus creencias.
Recuerdo los días vertiginosos luego del tratado de paz de 1994 de Jordania con Israel, cuando había tanta esperanza. Hoy suena inimaginable, pero la buena voluntad era tal en aquel momento que, tras recaudar unos 10 millones de dólares en un teletón para una ayuda humanitaria a Bosnia, mi difunto hermano el rey Hussein fue contactado por Rabin, quien sugirió que hiciéramos una iniciativa conjunta. Así fue que volamos en aviones juntos. Al llegar, yo moderé una conferencia de prensa con musulmanes bosnios, croatas, serbios y los delegados israelíes, todos con buenos motivos como para no sentir un afecto mutuo. Aun así, el mensaje fue un mensaje de paz en los Balcanes y de paz en Oriente Medio.
La causa de la desilusión que vino después tiene dos aristas. Primero, nunca hubo un mecanismo para que este tipo de ideas visionarias continuaran. Y, segundo, aunque mi propio país, Jordania, sí firmó un tratado de paz con Israel, nunca dejó de ser una paz fría, porque nunca se sentaron las bases para modificar las actitudes de la gente e involucrarla en el proceso. En consecuencia, la paz fría nunca se convirtió en una paz cálida –una paz que va más allá de cabezas parlantes y que compromete a todos.
Un cuarto de siglo más tarde, ese objetivo se siente más lejos que nunca, y la propuesta de Kushner no ayudará. “A veces hay que arriesgarse estratégicamente a romper cosas para llegar a alguna parte”, dijo en 2018. Ese crudo sentimiento, con su reminiscencia de Robespierre y Lenin, delata una falta aterradora de entendimiento de la situación, y amenaza con minar todos los esfuerzos para traer estabilidad a esta región atribulada.
La semana pasada escuchamos el testimonio conmovedor de una sobreviviente de Auschwitz. “¿Dónde estaba el mundo?”, quería saber. No puedo más que preguntar lo mismo: ¿Dónde estará el mundo para los palestinos en las semanas y meses por venir?

 


Prince El Hassan bin Talal
Prince El Hassan bin Talal

HRH Prince El Hassan bin Talal, founder of the Arab Thought Forum and the West Asia-North Africa Institute, is Chairman of the Board of Trustees of the Royal Institute for Inter-Faith Studies. He served his brother, the late King Hussein of Jordan, during peace negotiations with Israel in the 1990s.

 

Copyright: Project Syndicate, 2019.
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