¡Achís! Laura ha estornudado, una acción de lo más normal y cotidiana para la mayor parte de la población. Aparentemente esto no tiene ninguna repercusión, ni trascendencia más allá del propio estornudo. Sin embargo, para Laura sí que supone un gran problema, ya que va acompañado de una involuntaria e indeseada pérdida de orina.

Esta accidental pérdida de orina le genera un sentimiento de vergüenza y temor a que se pueda notar la mancha en la ropa, o peor aún, a que pueda oler. Para lidiar con esta preocupación, Laura se ve obligada a usar salvaslips en todo momento, asumiendo que forma parte de ser mujer.

Un problema muy presente, oculto y silenciado

Las disfunciones de suelo pélvico abarcan una serie de problemas que tienen en común la afectación de alguno o varios músculos que dan soporte y sostén a la vejiga, al útero o a la parte final del intestino grueso, entre otros. Esto se traduce en que, sobre todo cuando realiza un esfuerzo físico que provoca un aumento de la presión intraabdominal –toser, reír, correr…–, la mujer puede tener pérdidas involuntarias de orina, de heces, dolor constante en la zona pélvica o, incluso, que sobresalga y se pueda ver por la vagina alguno de estos órganos (vejiga, recto o útero).

Lejos de ser un problema minoritario, la mitad de las mujeres declaran tener alguno de estos problemas siendo el más frecuente la pérdida de orina, con una clara una tendencia al alza. Sin embargo, se estima que tan sólo 1 de cada 4 mujeres que tienen este problema acude a consulta. ¿Por qué? Principalmente por la vergüenza que sienten, pero también por la falta de información y de sensibilización acerca del problema, que al no poner en peligro la vida de la mujer no se percibe como algo que requiera una atención sanitaria.

Por otra parte, existe un déficit importante de consultas especializadas que aborden el problema de forma específica y en las que las mujeres se sientan escuchadas, comprendidas y atendidas

El parto vaginal y el sobrepeso nos predisponen

Aunque las disfunciones del suelo pélvico pueden afectar a cualquier mujer, hay una serie de factores que facilitan que aparezcan. Concretamente, son más habituales en mujeres que hayan dado a luz mediante un parto vaginal –más aún si se utilizó algún instrumento como ventosas o fórceps para ayudar al bebe a nacer– y también en aquellas con sobrepeso, de edad avanzada, en la menopausia o que han tenido hijos con un peso superior a 4 kilogramos en el momento del nacimiento .

Reduce la actividad sexual y la actividad física

En un primer momento es fácil caer en la tentación de minimizar las consecuencias que los “escapes”, las molestias o el dolor derivado de estos problemas pueden tener sobre la vida de las mujeres. Sin embargo, las implicaciones son importantes. Las mujeres afectadas tienden a tener una menor actividad física e incluso pueden caer en la inactividad, lo cual se ha relacionado con mayor riesgo de enfermedades como el cáncer o las patologías cardiacas.

Además, las mujeres con disfunciones del suelo pélvico también tienen una peor salud sexual y una mayor presencia de problemas relacionados con la sexualidad. Asimismo, se ha relacionado con peor calidad del sueño e incluso peor calidad de vida.

La salud mental también se resiente, requiriendo una mayor atención por parte de los profesionales especialistas.

Todo ello hace que estas mujeres puedan acabar sufriendo aislamiento social, ver afectadas sus relaciones personales e íntimas y reducir su participación en actividades de ocio

Prevención y abordaje del problema

El pilar fundamental para solucionar este problema de salud pública es la prevención. Por un lado, se puede llevar a cabo evitando la exposición a los factores de riesgo identificados, como mantener un peso adecuado. Pero también hay ejercicios sencillos y específicos para el suelo pélvico que han demostrado su eficacia: los ejercicios de Kegel.

Consisten en apretar los músculos del suelo pélvico y mantenerlos así durante unos 3 segundos para después relajarlos. Y deben repetirse entre 10 y 15 veces.

Además, se dispone de otros tratamientos farmacológicos, fisioterápicos, médicos y quirúrgicos. Entre ellos, un amplio arsenal de medicamentos como los anticolinérgicos, inyecciones de toxina botulinica (botox) o de fibrina rica en plaquetas y la realización de ejercicios hipopresivos.

En cualquier caso, las mujeres afectadas no deberían tener pudor en consultar a matronas, enfermeras, fisioterapeutas y médicos de familia acerca de este problema de salud. Con ello mejorarán su calidad de vida y ayudarán a eliminar el sesgo de género presente en los problemas de salud que afectan mayoritariamente a las mujeres y que perpetúan la desigualdad entre hombres y mujeres en el terreno de la salud.

The Conversation

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Publicado originalmente en The Conversation