¡Qué camote!

Dejando de lado las explicaciones botánicas, en los últimos tiempos, el término camote ha sido especializado en Costa Rica como una expresión de rechazo, para decir, al interlocutor, que está hablando disparates...

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batatas2Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

¿Qué costarricense no ha escuchado la expresión “¡qué camote!”, y más específicamente, “¡qué camote el tuyo!”?

En el argot pachucho tico la palabra camote (del Náhuatl, camohtli) se le emplea de una manera muy peculiar, como equivalente a loco, sin ninguna relación aparente con el tubérculo que lleva ese nombre, el Ipamoea batatas Poir (Convolvulaceae), también conocido en otros países como batata (en Argentina); boniato (en el Caribe), chaco (en Venezuela), papa dulce (en Colombia) y sweet potato en Estados Unidos o, por error, yam (el verdadero yam debería corresponder al ñame o al ñampí).

Dejando de lado las explicaciones botánicas, en los últimos tiempos, el término camote ha sido especializado en Costa Rica como una expresión de rechazo, para decir, al interlocutor, que está hablando disparates (yeguadas, dirían los ticos): ¡eso que estás diciendo es un camote!, lo cual se interpreta en el sentido no de que está diciendo mentiras (como se le usa en Chile), sino más bien, equivocado.

Un significado, ligeramente diferente, es cuando se le usa para referirse a una persona excéntrica o despistada. “No le haga caso, ese mae es un camote. Siempre sale con unas varas que sólo él entiende” (traducción: no le haga caso a ese tipo, siempre tiene ocurrencias muy extrañas). En este sentido, creo, es que el ex rector de la Universidad de Costa Rica, Fernando Durán Ayanegui, adoptó Camote, como su seudónimo personal.

En otro sentido se le usa también para decir a una persona que se está comportando de manera abusiva o imprudente. “¿Cuál es el camote que te traés? Yo no te he dado permiso de entrar a esta choza” (traducción: no sea abusivo, yo no le he dado permiso de entrar a esta casa).

Y es que, originalmente, como se mencionó, esta expresión se acuñó para decir, de otra persona, que está loco o finge estarlo. Por ejemplo se puede decir: “Si ese mae cree que va a lograr brincarse esa zanja, está camote.”

¿Qué relación tiene el camote con los locos?

Me contó don Víctor Morúa, un agrónomo con quien trabajé en el IMAS, allá por 1975, en un proyecto de siembra de frijol de soya para Guanacaste, que él trabajó, a principios de los 60 para la Junta de Protección Social y estuvo a cargo del desarrollo de proyectos agropecuarios, en el Hospital Siquiátrico Chacón Paut, ubicado en San Ramón de Tres Ríos. Esto se hacía como parte de la terapia ocupacional que se les ofrecía a los enfermos mentales, allí internados, específicamente, el trabajo en la siembra de huertas.

Como se había comprobado que la zona en que está ubicado este hospital (o asilo como se llamaba entonces) es especialmente apta para el camote, se decidió hacer una siembra intensiva, no solo para consumo interno, sino para su comercialización en los mercados locales, y así allegar algunos recursos a los propios enfermos. En efecto, la producción de ese año fue enorme. Pero para desgracia del hospital, lo mismo sucedió a todos los agricultores que lo sembraron. Y como usa ser el calvario de los agricultores, dada la abundancia, el precio del tubérculo cayó por los suelos, al punto que ni siquiera cubría los costos de sacarlo a los mercados.

Así es que ese año, no hubo más remedio que intensificar el consumo del camote en la dieta de los enfermos, tanto del Chacón Paut como del Chapuí (en San José). A los loquitos se les daba a comer camote, mañana, tarde y noche. No se sabe si como una justificación casuística de los funcionarios hospitalarios, para disimular el fracaso, o por una interpretación antojadiza de la gente, surgió la especie de que el camote era bueno para la mente. ¡Claro, cómo no! La lógica decía que si los siquiatras se lo daban en los tres turnos a los pacientes, tenía que ser porque era bueno para que recuperaran la cordura (falacia de composición).

En consecuencia, no tardaron en surgir diversas expresiones que relacionaban el camote y la locura. Cuando alguien hacía algo incoherente o mostraba un comportamiento excéntrico, se le decía: “lo vamos a mandar a comer camote”, como equivalente a que se le iba a internar en el hospital siquiátrico.

De allí devino el término camote como sinónimo de loco y todas sus derivaciones.

Hay que aclarar, sin embargo, que en Costa Rica también se usa el término camote como “pegazón”, es decir cuando una persona se aficiona o se apega a algo o alguien con afición enfermiza. Cuando dos personas son muy amigas, se dice que se tienen un camote. Y desde luego, cuando se refiere a una amistad muy profunda entre hombres, mujeres o parejas mixtas, la expresión no necesariamente tiene sentido amoroso, aunque, se puede decir, de una pareja de novios, que están encamotados, es decir que quieren estar juntos todo el tiempo. De igual forma se puede decir de una persona tiene un camote con el fútbol, la religión, los juegos, el estudio, la televisión, etc.

Si bien uno podría inferir que podría tratarse de una relación de amor, amistad o afición enfermiza, lo que podría conducir a pensar que es un tipo de locura, y que por tanto es, también, una derivación de la acepción anterior, eso es puramente especulativo. De hecho, este sentido del término camote se le usa en Costa Rica desde hace muchos años (muchísimo antes que los 60), y no es exclusivo de este país.

Por ejemplo, según lo reporta el Diccionario de la Real Academia, en Chile, como se mencionó antes, se le usa para expresar una mentira o embuste, y también cosas como un asunto muy difícil y enredado; una persona cargante, pesada o fastidiosa; una piedra o terrón que se puede lanzar con la mano o que se puede rodar; y para referirse a  una persona tonta o boba, sentido este último, también usado en Honduras y Ecuador.

En México tiene connotaciones más bizarras, pues decirle camote a alguien equivale a llamarlo desvergonzado(a) o descarad(o), aparte de que es una forma vulgar de referirse al pene y un término despectivo para referirse a la (o el) amante o querida (o), última acepción que también tiene en Perú. En este último país, también se le usa para decir que alguien está enamorado (encamotado), mismo sentido en que se utiliza en Ecuador y Uruguay.

En El Salvador a una chichota, chichote o chichón (hinchazón dura  abultada o tumefacción) se le llama un camote.

Habrá que preguntar a los lingüistas si el verbo escamotear (robar o hacer trampa) proviene también de camote.

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