¿Qué es lo prioritario?

La confianza, como lo hemos dicho todos estos años, se genera a través de un ambiente propicio para la inversión extranjera y nacional, así como la estimulación del ahorro y consumo, simplificación de trámites para la creación de empresas, eliminación de instituciones con duplicidad en sus funciones y descentralización del Gobierno Central mediante una sólida y verdadera autonomía municipal; y por supuesto disminuyendo las cargas tributarias existentes.

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Natalia Díaz Quintana

Cuando se llega a gobernar sin un norte claro para priorizar lo realmente urgente, se dan situaciones como las actuales; en donde estamos sufriendo treinta y seis meses continuos de desaceleración económica.

El rumbo se pierde y el crecimiento se estanca. Desde hace muchos años no se aplican verdaderas políticas para crear confianza, ni en los consumidores ni en los empresarios. La amenaza persistente de varios paquetes fiscales iniciados por el gobierno Pacheco De La Espriella, continuado durante la administración Chinchilla Miranda, luego la de Solís Rivera, hasta rematar en la presente administración Alvarado Quesada, ha creado un ambiente de incertidumbre durante dieciseis años, cuyos resultados se han hecho evidentes en los últimos tres.

No hay nada más fuerte para asustar a inversionistas y a consumidores que la aplicación de nuevos tributos, y en mayor condición cuando han sido muchos los períodos presidenciales dedicados obsesivamente a promoverlos.

La ausencia de un plan económico firme afecta directamente a los grupos más vulnerables (mujeres, jóvenes y personas con discapacidad); y esto, dentro de un contexto con un 6% de déficit fiscal y un 50% de endeudamiento con respecto al PIB, presenta un panorama donde la confianza del consumidor y del empresario, que son esenciales para una reactivación económica, se ha tornado en incredulidad y escepticismo.

La confianza, como lo hemos dicho todos estos años, se genera a través de un ambiente propicio para la inversión extranjera y nacional, así como la estimulación del ahorro y consumo, simplificación de trámites para la creación de empresas, eliminación de instituciones con duplicidad en sus funciones y descentralización del Gobierno Central mediante una sólida y verdadera autonomía municipal; y por supuesto disminuyendo las cargas tributarias existentes.

Todavía a pocas semanas del inicio de una reforma tributaria complicada, con gran tramitomanía, de difícil aplicación práctica y con muchos cabos sueltos todavía, el recelo para gastar o para realizar inversiones continuaba siendo la tónica del momento. Si a ello sumamos las altas multas que se aprobaron para los incumplimientos cronológicos de algunos pagos tributarios, o de algunos requisitos de difícil comprensión actual, el temor que estas medidas causan se potencia aún más.

 

La autora es administradora de empresas y publicista, ha sido Diputada y Vicepresidenta de la Asamblea Legislativa 
En La República

 

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