Qué hubiera pasado si…

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Existe una corriente ubicada entre la historia y la novela. Mas no es ni historia novelada ni novela histórica.

Algunos la refieren como historia ficcional mientras otros se inclinan por denominarla historia virtual. Los más rebuscones, prefieren hablar de historia contrafactual.

Pero si algo está claro, es que independientemente de las discusiones al pie del bautizo, la criatura responde a una sola pregunta: ¿qué hubiera pasado si…? Y agréguele Usted al infinito: ¿Qué tal si Hitler hubiera ganado la Gran Guerra o antes de eso, si Stalin no lo combatía a su tiempo o si Churchill no hubiera sido el primer ministro justo en ese momento tan demandante de la historia moderna? ¿Y qué hubiera pasado si Estados Unidos se hubiera anexado Canadá o todo México, en vez de solo una parte. ¿O si la superpotencia militar decidiera hoy invadir Venezuela? ¿O si América Latina no hubiera comprado la falsaria política norteamericana de “guerra antidrogas”? ¿O si, devolviéndonos un poco: Centroamérica hubiera permanecido unida como Nación? ¿Y si el Imperio Romano se hubiera extendido? ¿Cómo viviríamos hoy con los dinosaurios si no se hubieran extinguido? La imaginación es el límite, como siempre.

En realidad, existe una palabra para eso: ucronía. De la composición griega, el “no tiempo” o el “tiempo que no fue” pero que, agregamos, pudo ser.

Así que vamos aterrizando, que no es cierto que “todo tiempo pasado fue mejor” ni que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”. Pero sí, y a no dudarlo, que la historia la estamos escribiendo entre todos, todos los días. Tanto con lo que hacemos como con lo que dejamos a otros hacer.

Resulta que la semana pasada, un grupo de unos cuantos diputados y diputadas en que el plenario legislativo delega la preselección de los candidatos a los más altos cargos públicos (Comisión de Nombramientos), se atrevió a proponer una terna compuesta por puras mujeres.

Y ahí nos sirve la ucronía para pensar en: ¿Qué hubiera pasado con una terna integrada por puros hombres?

Cobra especial relevancia este ejercicio ucrónico, por tratarse no solo del primer ensayo que realizan los novatos legisladores que integran dicha Comisión de Nombramientos en esta recién inaugurada Asamblea Legislativa, sino por tratarse también de las candidaturas a la Defensoría de los Habitantes, institución donde, precisamente, se defienden los derechos humanos de todos los Habitantes, y en cuyo marco, la equidad y la inclusión, debe operar en doble vía, a riesgo de convertir aquello, en un INAMU bis.

¿Acaso se permitirán las mismas diputadas que defienden ahora una terna cien por ciento femenina, otra en el futuro pero compuesta exclusivamente –léase: excluyentemente- por hombres?

¿Se quejará la Presidenta de dicha Comisión y dirá que no estará bien, cuando ya no sea ella sino uno de sus colegas varones, con ocasión de algún otro concurso público, quien la imite y defienda ante las cámaras televisivas, que se siente orgulloso de que sean puros hombres los finalistas incluidos en una terna, por ejemplo, para alguna magistratura de las que hacen fila en esa misma Comisión de Nombramientos?

O para seguir con la historia contrafactual: ¿Habrase tomado en cuenta en dicho foro legislativo, al beneficiar a tres mujeres, que las últimas dos defensoras de los habitantes fueron féminas también y algunos podrían pensar que no sería malo que le vaya tocando también a un hombre, si es que el discurso de género es honesto en vez de convertirse en ventajista, odioso y segregante?

Extrañándole a no poca gente, el argumento diputadil de que en este caso, convenientemente, resulta que se privilegiaron los méritos académicos y de experiencia política e institucional, a la hora de integrar la terna solo con mujeres.

Extraño por decir lo menos, si se repara en que entre los candidatos había unos cuantos hombres con mucho más vigencia, fuste y vuelo, que algunas de las escogidas por la advenediza Comisión de Nombramiento, en esta ocasión que pareciera empezar con el pie izquierdo y con muy mal augurio para los nombramientos que vendrán.

¿Será más bien que esos candidatos de los que ni uno -aunque fuese por rubor y disimulo-  se incluyó en la criticada terna femenina,  asustan a ciertos políticos novicios de la Comisión, justamente, por su reconocida criticidad, independencia y valentía, por lo demás, elementos indispensables de un buen defensor o defensora?

Resulta igualmente increíble, el convenientismo o arribismo con que tanto la Presidenta de la Comisión, la Diputada Ana Lucía Delgado, como una de las beneficiadas incluidas en la terna, Catalina Crespo, afirmaron sin rubor que el género, esta vez al menos, no les importaba, sino solo los  curiosos y siempre subjetivamente interpretados méritos.

A lo que oponemos una última pregunta supositiva: ¿Y qué hubiera pasado si en las asambleas internas de los partidos políticos en lo que militan ambas señoras, hubieran recurrido al mismo planteo que ahora ensayan ellas, excluyendo la equidad de género como norma? ¿Acaso hubiera quedado electa la diputada en cuestión o tantas de sus compañeras? ¿O es que las acciones afirmativas ahora solo sirven de un lado? ¿O bien, que ahora, lo que es bueno para la gansa, ya no lo es para el ganso?

 

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