¿Qué pasará con Nicaragua?

Centroamérica, 18 de noviembre de 2021

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Las elecciones generales, recientemente simuladas en Nicaragua, donde se han de (re)elegir a las y los integrantes del parlamento y sostener al matrimonio presidencia en el poder, según diversas voces como las de Urnas Abiertas o del medio Expediente Público, no alcanzaron ni al 20% de quienes estaban en capacidad de votar, pese a la presión del régimen sobre los empleados públicos y todo el aparataje de comunicación que tienen a su favor. Las imágenes no sustentan el 65.26% de participación que la autoridad electoral afirma que hubo.

Los resultados dieron una aplastante victoria al FSLN de Daniel Ortega y Rosario Murillo (75% de los votos), como era ya esperado, pues la mayoría de los rostros en la boleta eras desconocidos, salvo el de Ortega, el eterno candidato del FSLN desde los años ochenta. Ya la comunidad internacional, Europa, Estados Unidos, Canadá, Costa Rica y muchas naciones más desconocieron los resultados, pues las elecciones se llevaron a cabo en un ambiente controlado por el régimen, sin observación independiente y creíble y con los principales candidatos de la oposición presos, aún aquellos que poca competencia podían representar para Ortega como es Noel Vidaurre, por ejemplo, y todo por el temor que la población pudiera votar en una casilla que considerarán como la oportunidad para competir contra Ortega.

En Nicaragua hay un dicho que dice que “el que se quema con leche, hasta las cuajadas sopla” y Ortega-Murillo cumplen a cabalidad con este decir popular. En las últimas elecciones hay reportes de fraudes, pese a que antes de 2018, si bien la participación venía bajando por la falta de competencia electoral, aún podríamos hablar de que mayoritariamente el FSLN de Ortega mantenía el apoyo de los votantes, pero pese a ello siempre se tuvieron reportes de fraude.

En el panorama actual vuelve a aumentar la incertidumbre sobre el futuro del país, pues bien, si en los últimos tres años, pese a las decenas de detenidos, hoy más de 150 presos políticos, y a los más de 100,000 exiliados, la pandemia y los huracanes, el descalabro socioeconómico ha sido menor al que nos temíamos las y los nicaragüenses. Con el seguro no reconocimiento del nuevo mandato de Ortega por iniciar este 7 de enero próximo y la firma de la ley estadounidense RENACER, que buscará bloquear el acceso a fondo del régimen nicaragüense en organismos multilaterales, el régimen se enfrentará a un aislamiento mayor y posiblemente fuentes económicas como el BID, el Banco Mundial y el FMI le cierren el grifo a la economía nicaragüense. Lo más temible de esto es que Ortega y su esposa no parecen intentar conciliar posturas con la comunidad internacional y mucho menos con la oposición, su radicalismo amenaza por enviarnos por el despeñadero de una vez por todas.

El temor también ha estado en que EE.UU. aplique la cláusula democrática del tratado de libre comercio DR-CAFTA y excluya a Nicaragua de sus beneficios. Posiblemente esto no ocurra pues impactaría de lleno al pueblo nicaragüense y dispararía los niveles de migración ilegal hacia el norte a niveles mucho mayores de los actuales, ya altos de por sí, pues en los últimos meses vienen ocurriendo una importante oleada migratoria, desde zonas urbanas a rurales, por el temor de las elecciones y el futuro próximo del país.

La principal apuesta de los ortegas es que si aprietan a Nicaragua, más que sacarlos del poder va a provocar que se convierta nuestra situación sociopolítica en un problema migratorio que desborde la región y la frontera sur de EE.UU. Además, están claros que las viejas tácticas militares de intervención directa o indirectas están descartadas por la administración estadounidense. Por otro lado, confían que el desastre venezolano advierta a EE.UU. que no es una opción esto para con Nicaragua. Entonces, ¿ante qué situación nos encaminamos?

La respuesta de la comunidad internacional ha sido lenta y el despiadado Ortega de 2018 comprobó junto a su mujer que su régimen se podría sostener, pese al inicial tambaleo ante el repudio desde dentro de sus filas. Si bien, mantienen a personas que desde dentro les rechazan, han logrado depurar aún más a las filas de empleados públicos y han completado un extremo control de todos los aparatos del Estados, desde las cortes hasta sobre quienes tienen las armas. Han logrado mantener el financiamiento internacional, aunque este podría ser especialmente afectado por las nuevas acciones que tome Estados Unidos. El panorama político vislumbra a un Ortega manteniendo e iniciando un nuevo período en enero y de momento no hay luces de que desee cambiar de postura, ni siquiera se espera que libere a los presos políticos en las próximas semanas, como algunos creían que sucedería luego de las elecciones.

Como si se tratase de un juego de póker, Ortega a todas luces apuesta a blofear y amenaza con el riesgo migratorio que Nicaragua supone para Centroamérica y EE.UU., pues si bien, este último podría de un día para otro congelar la economía nicaragüense, pues de ahí provienen más del 60% de las remesas, el 51.8% de las importaciones y hacia allá va 48.6% de nuestras exportaciones. La gran apuesta es que a nivel comercial no se cambien las condiciones y que posiblemente el BCIE se siga manteniendo como el principal financiador externo del gobierno, pues solo entre 2007-2020 ha sido de desembolsarle a Nicaragua de manera efectiva US$1,552 millones y actualmente, el régimen mantiene un margen de crédito por préstamos comprometidos de casi US$2,300 millones para los próximos años, según datos obtenidos de la web del banco.

En este punto, los esfuerzos diplomáticos deberán ser cruciales, pues de momento lo que vemos es a un Ortega que ha estado acostumbrado al poder y mantenerlo en coyunturas desafiantes y para muestra veamos que Ortega está considerando salirse de la OEA ante la posible suspensión de Nicaragua por el organismo. La presión internacional deberá ser coordinada, de lo contrario les decimos, no se metan, pues suficiente daño nos hace Ortega como para que suframos ahora por un aislamiento económico poco práctico. Si desean presionarlo, congelen los activos del ejército y la policía, persigan los activos de los testaferros del régimen, pero en coordinación y con mayor rapidez, no con comunicados. Realicen esfuerzos de alto nivel para dialogar, pero estando claros de que Ortega no es ningún tonto, es muy astuto.

En este asunto, Centroamérica debería volver a jugar un papel clave como lo hizo la región en décadas pasada, para alcanzar la paz. Centroamérica debería ser la primera interesada en que el polvorín que tiene cerca no estalle; debería ser la primera interesada porque a sus integrantes les vaya bien y que la integración se consolide de verdad y no solo sea la excusa para armar instituciones inservibles y llenas de dudosas reputaciones como es el Parlacen.

La apuestas y deseos de todos y todas es una solución pacífica, pero también pronta. Mientras las voluntades se alinean, Nicaragua se desangra, languidece en las cárceles y desgrana.

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