Quemé mis naves en estas montañas

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Vito Sansonetti, Colonizador.

Extracto de la autobiografía: «Queme mis naves en esta montañas», de Vito Sansonetti.

Un poco de historia

Hace más de 120 años en los hombres públicos de Costa Rica se despertó la conciencia de que era “bien público” fomentar la inmigración europea: así pues se impulsaron en Sarapiquí la colonia de los Belgas y la colonia Alemana fundada por el Barón Von Bülow.

Entre los hombres eminentes el “benemérito de la patria” Leonidas Pacheco publicó un folleto exponiendo la «necesidad» del país de fomentar la colonización europea.

Al acercarse el centenario de la independencia toda la zona sur estaba siendo objeto de un comienzo de colonización por parte de los panameños: el Presidente de aquella República, Doctor Belisario Porras, había comprendido bien el valor de aquella zona. Pero intervino don Julio Acosta, otro benemérito de la Patria costarricense, para reincorporar la zona al territorio nacional.

La familia Sansonetti en la época de la Segunda Guerra Mundial (Italia 1940). El Almirante Luigi Sansonetti, su esposa y los nueve hijos.

Pocos años más tarde, en 1927, el Presidente Ricardo Jiménez dio un contrato a un grupo italiano para la colonización de aquella zona sur, entrando por Punta Uvita al sur de Quepos, siempre con la intención de incorporarla decididamente al territorio nacional.

Esta colonización, después de muchos esfuerzos y sacrificios, por múltiples dificultades, incluyendo la malaria, se paralizó. El último italiano que regresó de la zona fue Otello Bendetti que colaboró posteriormente a la creación de la Colonia Italiana de San Vito.

Más tarde se dictaron dos Decretos, el último de los cuales en 1948, que creaba, en una zona de 20.000 hectáreas, la que se llamó «colonia de Sabalito», que no contó nada más que con el esfuerzo de unos pocos primeros pioneros que se instalaron en aquella zona fronteriza.

Estos pioneros se lanzaron con entusiasmo a la obra de colonización, pero sus esfuerzos no podían llegar a resultados positivos sin la decidida ayuda del Estado.

Cuando el Gobierno de la República, bajo la administración del Presidente don Otilio Ulate Blanco, siendo Ministro de Agricultura el Ingeniero Claudio Antonio Volio Guardia, en 1951, destinó al oeste de la Colonia de Sabalito, 10.000 hectáreas para la colonización italiana, trató de realizar por fin, con la labor de la Sociedad Italiana de Colonización Agrícola, S.l.C.A., las aspiraciones y los planes de tantos eminentes hombres públicos y beneméritos de la Patria.

La idea de la colonización

En los primeros días de febrero de 1939, fondeó en Puerto Limén el crucero italiano “Duque de Aosta”, procedente de Italia vía Magallanes; yo estaba embarcado en aquella nave que los suramericanos habían definido “la nave más linda del mundo”, y había recibido, frente a la Tierra del Fuego, mis insignias de Alférez. Estuvimos en Costa Rica solamente 48 horas ya que los nubarrones de guerra nos obligaron a regresar rápidamente hacia el Mediterráneo.

EI cruceru Emanuele Filiberto Duca d’ Aosta, fondeado en Puerto Limón en febrero de 1939. (fotografía cortesía del Sr. Raffaello Mainieri).

EI crucero Emanuele Filiberto Duca d’ Aosta, fondeado en Puerto Limón en febrero de 1939. (fotografía cortesía del Sr. Raffaello Mainieri).

A fines de 1949, 10 años después, llegué por segunda vez a Costa Rica, en el barco mercante “Leme”, para conocer el país de mi esposa, que había encontrado por primera vez en Panamá en ocasión de aquel crucero de 1938-1939.

Nos habíamos escrito por siete años y durante toda la guerra; después de nuestro reencuentro en París, en mayo de 1946, a los dos meses, el 6 de julio de 1946, me casé con ella en Roma.

Llegué con el Leme a Puntarenas el 8 de diciembre de 1949 siendo todavía oficial de la Marina Militar Italiana y, en aquel momento, enseñante de historia y política naval en Ia Academia Naval de Livorno.

Matrimonio de Olivia Tinoco y Vito Sansonetti (Roma, 6 de julio de 1946)

Vine a Costa Rica para disfrutar de unas vacaciones, habiendo dejado temporalmente mi patria la cual tenía todavía las heridas abiertas de una guerra arrasadora. Al poco tiempo de permanecer en este país, viajando y conociendo, me nació la idea de crear en aquellas montañas vírgenes y tierras feraces, una colonia Italo-Costarricense donde agricultores europeos pudieran encontrar por fin una vida serena, lejos del ruido y de las destrucciones de la guerra, entre gente tranquila y acogedora, logrando una buena amalgama entre la vieja experiencia de los agricultores italianos y aquella de los agricultores costarricenses.

La idea se fortaleció durante mi estadía en el “Descanso” la hacienda de mis cuñados y de mi esposa, cerca del pueblo de Cervantes, en la vertiente Atlántica.

Mientras vigilaba la siembra y la corta de la caña o la elaboración del dulce en el trapiche, iba aprendiendo el español del encargado, Tadeo Redondo y del mandador Domiciano. Así pues, yo no aprendi el castellano en el libro de Cervantes, sino en el pueblo de Cervantes.

Yo no era un agrónomo ni un experto en administración de empresas. Tenía solamente la preparación recibida en aquella maravillosa escuela -estoy seguro la más eficiente de Italia-, la Academia Naval de Livorno, instrumento magnífico para la formación de hombres. Creo que sin preparación que me dio la Marina Italiana, yo no hubiera podido dirigir una empresa de aspectos tan heterogéneos como una colonización en zona tropical, lejos de la civilización, sin vías de comunicación adecuadas y con muy limitados medios económicos.

No siendo experto en ninguna de las actividades que iba a emprender, desde el primer momento y siempre por 25 anos, me he valido del consejo y de la experiencia de técnicos de cada sector.

La Comisión de Estudio: Ing. San Román, Sr. Otello Benedetti, Cmte. Vito Sansonetti, Dr. Cesar Dondoli, Dr. Lino Vicarioli, Lic Claudio Escoto, Ing. Gastón Bartorelli.

Me impulsaron a la empresa el Licenciado Luis Demetrio Tinoco Castro, abogado, notario, escritor gran político y agricultor: una de las inteligencias más brillantes que haya conocido en mi vida, tal vez de carácter a un poco optimista; el lngeniero Civil Gaston Bartorelli que fue como mi hermano mayor en Costa Rica, cuyo unico defecto era pensar que todos los hombres fueran tan buenos y honestos como él era: “integer vitae, scelerisque purus» (de vida integra y libre de toda mancha); que también había transcurrido tres años en la Academia Naval de Livorno; el agrónomo Doctor Lino Vicarioli que, nacido en Costa Rica de familia italiana de pioneros, se habia graduado en Italia, donde tuvo importantes cargos políticos y que regresado a Costa Rica, fue por largos años, Director General del Ministerio de Agricultura. El siempre me dio generosamente sus prudentes Consejos; el geólogo Doctor Cesar- Dondoli, que estudió en su Campo las posibilidades potenciales de las tierras del Sur Y que me presto valiosa ayuda en momentos delicados; el pionero humilde, atrevido y gran patriota Albino Zaniboni, que me contagio con su entusiasmo.

Animado por estos consejeros, hechizado por las bellezas de Costa Rica, -tomando en cuenta que la Marina Militar Italiana que había desafiado al mundo casi sola en el Mediterráneo, después de una larga lucha, aunque aunque regada de tantas páginas de gloria-, se había reducido a una modesta ficha en el tablero mundial, tomé con lágrimas en los ojos, la decisión de renunciar a la carrera que había soñado desde mi mas tierna edad en el deseo de seguir los pasos de mi padre; carrera que había conseguido con largos años de estudio y superando concursos difíciles, carrera que me había hecho pasar por tantos riesgos y peripecias en sangrientos conflictos y…”quemé mis naves en las montañas de Costa Rica».

En realidad firmé, en la Embajada de Italia, mi renuncia a la promoción a Oficial Superior. A los pocos días recibí, de mis padres, el siguiente cable: “Renuncia acogida, San Vito los proteja, viviremos esperándolos».

En el nuevo y difícil camino emprendido, me sostuvieron en todo momento la fe, el afecto, la prudencia y el coraje de mi esposa Olivia.

Así de un matrimonio de una dama costarricense con un marino italiano nació una ciudad y se desarrolló una región.

Olivia Tinoco, 1939.
Niños Sansonetti en la colonización.
Vito Sansonetti
Dr. Ugo Sansonetti con su esposa Carla y algunos de sus hijos.

 


Vito Sansonetti (1916-1999†) marino de profesión, fue el fundador de la compañía colonizadora a la que denominó Sociedad Italiana de Colonización Agrícola (SICA), y estuvo a cargo de las negociaciones con las autoridades costarricenses, representadas por el Instituto de Tierras y Colonización (ITCO). Su hermano Ugo Sansonetti, vivió en San Vito desempeñándose como dirigente y agente de la compañía en la región. (Wikipedia)

 

 

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