Rafael Brenes Leiva.

A medida que nos adentramos en la segunda década del siglo XXI, Costa Rica emerge como un faro de diversidad turística, un crisol donde confluyen múltiples prácticas y visiones que evidencian la intrincada trama del desarrollo turístico. Tal como lo documentó en un artículo titulado “¿La Fortuna sí, Guanacaste no?”, publicado el 16 de noviembre de 2005 en La Nación, donde argumentó que las diferencias en el desarrollo turístico entre La Fortuna de San Carlos y las comunidades de Guanacaste, son contrastantes pues La Fortuna ha logrado transformar su economía local integrando el turismo de manera beneficiosa, mientras que en Guanacaste, la llegada del turismo no ha tenido el mismo impacto positivo en la comunidad local. Esta dicotomía no solo ilustra la capacidad del turismo para esculpir y ser esculpido por el entorno comunitario, sino que también revela cuestiones socioeconómicas y culturales de gran calado.

La Fortuna de San Carlos, con su turismo alternativo y autoinducido, representa un caso ejemplar de cómo una comunidad puede integrar de manera efectiva su economía local en el tejido de la economía global, ofreciendo un modelo alternativo al turismo de enclave característico de Guanacaste. En esta región, el turismo ha tendido a desarrollarse de manera que minimiza la interacción y el beneficio mutuo con la economía local, a menudo relegando a la población autóctona a roles marginales y empleos de menor calidad. La historia económica y social de ambas regiones desempeña un papel crucial. La Fortuna, heredera de una tradición mercantil de dos siglos, contrasta marcada y significativamente con la economía de subsistencia predominante en Guanacaste. Estas diferencias históricas y culturales modelan la predisposición y la capacidad de las comunidades para aprovechar las oportunidades turísticas que se presentan.

Por otra parte, Frank Arata (29 de Noviembre de 2005. “La buchaca debajo del colchón”, La Nación), en su respuesta a Sobrado, argumentó que las diferencias en el desarrollo turístico entre estas comunidades no se deben tanto al “software cultural”, sino más bien a las políticas públicas diferenciadas, en particular en lo que respecta al financiamiento de la producción. La historia de Guanacaste, marcada por un desarrollo agrario deprimido, forzó a muchos propietarios a vender sus tierras a corporaciones turísticas internacionales ante la falta de alternativas viables, un fenómeno que no se observó en La Fortuna, donde las condiciones permitieron un aprovechamiento más autónomo del auge turístico (Arata, 2005).

La Fortuna, con su turismo alternativo y autoinducido, ejemplifica una integración efectiva de la economía local en el ámbito global, en contraposición a Guanacaste, donde el turismo de “enclave” ha relegado a la comunidad a roles marginales. Sin embargo, el turismo en Costa Rica se presenta con diversas facetas, particularmente entre regiones como La Fortuna y Guanacaste, las cuales, aunque comparten el atractivo natural intrínseco del país, divergen significativamente en sus modelos de turismo. La Fortuna, ubicada en la provincia de Alajuela, es famosa por el volcán Arenal y sus fuentes termales, y ha desarrollado un turismo enfocado en la aventura y la naturaleza. Guanacaste, por otro lado, con su extensa costa sobre el océano Pacífico, se ha inclinado hacia un turismo de sol y playa, complementado por el lujo de sus resorts y la posibilidad de explorar la cultura local.

La inversión en turismo en La Fortuna y en los destinos de sol y playa en Guanacaste proviene de diversas fuentes y se ha manifestado de formas distintas a lo largo del tiempo. En La Fortuna, la inversión inicial se centró en el desarrollo de infraestructura turística que permitiera aprovechar el atractivo natural del volcán Arenal y sus alrededores. Esto incluyó la construcción de hoteles, resorts, restaurantes, y la creación de actividades turísticas como senderismo, canopy, observación de aves y visitas a las fuentes termales. El origen de esta inversión puede rastrearse hasta la década de 1960, cuando se comenzaron a explorar las posibilidades turísticas de la región. Sin embargo, el verdadero impulso llegó en la década de 1980, con la explosión del turismo ecológico y de aventura en Costa Rica. La Fortuna se convirtió en un destino emblemático para los amantes de la naturaleza y los buscadores de emociones, lo que atrajo inversiones tanto nacionales como internacionales en el sector turístico. En Guanacaste, la inversión en turismo de sol y playa también ha sido significativa, aunque con un enfoque diferente. Aquí, la inversión se ha centrado en la construcción de resorts de lujo, complejos turísticos todo incluido y desarrollos inmobiliarios orientados a segundas residencias para turistas extranjeros. Esta tendencia se aceleró en la década de 1990, cuando Guanacaste se convirtió en un destino de playa de renombre internacional.

Más específicamente, en La Fortuna, el tipo de inversión que predomina es principalmente nacional. Estos empresarios locales han contribuido significativamente al crecimiento del turismo en La Fortuna, promoviendo un enfoque más sostenible y comunitario del turismo. Si bien también existe inversión extranjera en La Fortuna, especialmente en proyectos de mayor envergadura o de nicho, como resorts de lujo o spas termales, no es tan predominante como la inversión nacional. La inversión extranjera suele complementar la inversión nacional y a menudo está asociada con proyectos específicos que requieren un capital considerable y una experiencia especializada.

En Guanacaste, por otro lado, la situación es diferente. Si bien también hay una presencia significativa de inversión nacional en el sector turístico, especialmente en pequeñas y medianas empresas turísticas, la inversión extranjera tiende a ser más predominante. Esto se debe en parte a la popularidad de Guanacaste como destino turístico entre los viajeros internacionales, así como a la disponibilidad de incentivos gubernamentales para la inversión extranjera en el sector turístico. La inversión extranjera en Guanacaste se ha manifestado en el desarrollo de grandes complejos turísticos, resorts todo incluido y proyectos inmobiliarios de lujo, muchos de los cuales son propiedad de empresas extranjeras o tienen inversionistas internacionales. Estos proyectos suelen requerir un capital considerable y a menudo están respaldados por inversionistas extranjeros que buscan oportunidades en el mercado turístico de Costa Rica.

En cuanto a la efectividad de estas inversiones, ambos modelos han tenido éxito en atraer turistas y generar ingresos para las comunidades locales y la economía nacional. Sin embargo, también han enfrentado desafíos, como la presión sobre los recursos naturales en La Fortuna y la dependencia excesiva del turismo en Guanacaste. Pero, durante la crisis financiera de 2008, el turismo en Costa Rica, como en muchos otros destinos, sufrió un notable descenso. La disminución de la capacidad económica en los mercados emisores principales, principalmente Estados Unidos y Europa, repercutió en la cantidad de visitantes internacionales que llegaban al país.

La Fortuna, con su modelo de turismo de aventura y naturaleza, enfrentó retos significativos, ya que este tipo de turismo a menudo implica una mayor disposición a gastar por parte de los visitantes, los cuales se vieron especialmente afectados por la crisis económica. Guanacaste, con un modelo más diversificado que incluye tanto opciones de lujo como opciones más económicas, pudo haber enfrentado la crisis con una ligera ventaja, dado que el turismo de sol y playa suele ser más resiliente en tiempos económicos difíciles.

Volviendo sobre las tesis planteadas originalmente en la discusión de Sobrado y Arata, en que sobrado decía que La Fortuna, heredera de una tradición mercantilista bicentenaria, contrasta con la economía de subsistencia que prevalece en Guanacaste. Esta discrepancia se refleja en la capacidad de cada
comunidad para capitalizar las oportunidades turísticas, evidenciando cómo el legado cultural y económico influye en la predisposición hacia el turismo. Y que por otro lado, Frank Arata señalaba hacia las políticas públicas como un factor determinante, argumentando que las diferencias en el desarrollo turístico son consecuencia de las estrategias de financiamiento y apoyo gubernamental. Esta perspectiva destaca la importancia de una planificación turística que considere las particularidades de cada región, para evitar los efectos adversos de un desarrollo turístico desarticulado del tejido socioeconómico local.
Para evaluar la validez de las dos tesis en el contexto de la historia reciente de La Fortuna y Guanacaste, es necesario considerar varios aspectos y datos relevantes sobre el desarrollo turístico de ambas regiones:

1.Impacto del turismo en la economía local: En cuanto al impacto económico del turismo en La Fortuna y Guanacaste, ambas regiones han experimentado un crecimiento notable en los ingresos generados por esta industria, lo que ha contribuido a la creación de empleos y a la generación de ingresos para las comunidades locales. Sin embargo, es esencial analizar cómo estos beneficios se distribuyen dentro de cada comunidad y si existen disparidades económicas significativas entre diferentes grupos de población.

En La Fortuna, el turismo ha sido un motor clave para la economía local, especialmente desde la década de 1980, cuando la región se convirtió en un destino emblemático para el turismo ecológico y de aventura en Costa Rica. El desarrollo de infraestructuras turísticas, como hoteles, restaurantes y actividades al aire libre, ha generado numerosas oportunidades de empleo en la región, desde guías turísticos hasta personal de servicio y construcción. Además, el aumento del turismo ha estimulado la demanda de productos y servicios locales, beneficiando a diversos sectores de la economía, como la agricultura, el comercio minorista y la artesanía.

En Guanacaste, el turismo ha sido un componente fundamental de la economía regional, especialmente en las áreas costeras donde se concentran los principales destinos turísticos. El desarrollo de complejos turísticos, resorts de lujo y actividades recreativas ha generado empleo y oportunidades de negocio para los residentes locales. Además, el turismo ha impulsado la inversión en infraestructuras como carreteras, aeropuertos y servicios públicos, lo que ha beneficiado a toda la comunidad.

En ambas regiones, es probable que ciertos grupos de población tengan un acceso más limitado a los empleos relacionados con el turismo. Sin embargo, las características específicas de cada destino pueden influir en la disponibilidad y distribución de empleo. Por ejemplo, en La Fortuna, donde el turismo se centra en actividades de aventura y naturaleza, es posible que los empleos estén más concentrados en empresas de turismo de aventura, mientras que en Guanacaste, con un enfoque en el turismo de sol y playa, los empleos pueden estar más vinculados a la industria hotelera y de servicios.

Las disparidades en cuanto a la remuneración y las condiciones laborales pueden variar entre los dos destinos. Mientras que en La Fortuna los salarios pueden ser más altos en ciertos sectores del turismo de aventura debido a la demanda de habilidades especializadas, en Guanacaste los salarios pueden ser más altos en la industria hotelera y de servicios de lujo. Sin embargo, en ambos destinos, es posible que los trabajadores locales enfrenten condiciones laborales precarias y falta de oportunidades de desarrollo profesional.

Por otro lado, en cuanto a la distribución de la riqueza generada por el turismo, puede haber diferencias en la participación de propietarios de negocios locales y extranjeros en cada destino. En La Fortuna, donde el turismo se ha desarrollado de manera más autónoma y comunitaria, es posible que una mayor proporción de negocios turísticos sean propiedad de residentes locales. En Guanacaste, donde el turismo de lujo y los desarrollos inmobiliarios son más predominantes, es posible que haya una mayor presencia de empresas extranjeras y grandes corporaciones en la propiedad de negocios turísticos.

Las disparidades económicas relacionadas con el turismo también pueden tener efectos indirectos en otros sectores de la economía local. Por ejemplo, en ambas regiones, el aumento de los precios de la vivienda y el costo de vida debido al turismo puede afectar desproporcionadamente a los residentes locales con ingresos más bajos, dificultando su acceso a la vivienda y otros servicios básicos.

2.Sostenibilidad y conservación ambiental: Ambas regiones han enfrentado desafíos relacionados con la sostenibilidad y la conservación ambiental debido al aumento del turismo. El desarrollo turístico en La Fortuna ha ejercido presión sobre sus recursos naturales, especialmente en áreas cercanas al volcán Arenal. El aumento de la infraestructura turística, como hoteles, restaurantes y senderos, ha generado impactos en el entorno natural, como la pérdida de hábitats y la fragmentación de ecosistemas. Y las actividades turísticas, como el senderismo, el canopy y las visitas a las fuentes termales, pueden tener un impacto negativo en el medio ambiente si no se gestionan de manera sostenible. El tráfico de visitantes en áreas naturales sensibles puede provocar la erosión del suelo, la contaminación del agua y la alteración de la fauna y flora locales.

Por su parte, en Guanacaste, la preservación de las playas y los ecosistemas costeros ha sido una preocupación importante debido al desarrollo de resorts y complejos turísticos en la zona. La construcción de infraestructuras cerca de la costa puede tener efectos adversos en la calidad del agua, la biodiversidad marina y la estabilidad de los ecosistemas costeros. Además, Guanacaste alberga varias áreas protegidas de importancia ecológica, como el Parque Nacional Rincón de la Vieja y el Parque Nacional Santa Rosa. El aumento del turismo en estas áreas puede aumentar la presión sobre los ecosistemas naturales y la vida silvestre, especialmente si no se implementan medidas adecuadas de gestión y conservación.

Por tanto en La Fortuna como en Guanacaste, el turismo ha generado desafíos similares en términos de sostenibilidad y conservación ambiental. Ambas regiones han experimentado una demanda creciente de servicios turísticos y una presión adicional sobre sus recursos naturales debido al aumento del turismo. En ambas regiones, es crucial implementar medidas efectivas de conservación y gestión ambiental para proteger los recursos naturales y garantizar la sostenibilidad a largo plazo del turismo. Esto puede incluir la creación de áreas protegidas, la aplicación de normativas ambientales, la promoción de prácticas turísticas sostenibles y la participación activa de la comunidad en la conservación del entorno natural.

3.Participación comunitaria: La participación comunitaria en el desarrollo turístico es un aspecto fundamental para garantizar la sostenibilidad y el impacto positivo del turismo en una región. Tanto en La Fortuna como en Guanacaste, la inclusión de las comunidades locales en el proceso de toma de decisiones y la equidad en la distribución de los beneficios del turismo son aspectos clave a considerar. A continuación, analizaremos la participación comunitaria en ambos destinos:
En La Fortuna, la participación comunitaria ha sido un elemento central en el desarrollo turístico de la región. Desde sus inicios, la comunidad ha estado activamente involucrada en la planificación y el desarrollo de proyectos turísticos, lo que ha permitido una mayor integración del turismo en la vida cotidiana de los habitantes locales. La participación de la comunidad en el desarrollo turístico ha llevado a una distribución más equitativa de los beneficios económicos generados por el turismo. Los empresarios locales han tenido la oportunidad de participar en el sector turístico, creando empleos y oportunidades de negocio para los residentes locales. Además, se han implementado iniciativas de desarrollo comunitario, como programas de capacitación y empoderamiento, para mejorar la calidad de vida de la población local.

En Guanacaste, la participación comunitaria en el desarrollo turístico puede enfrentar desafíos debido a la presencia de grandes corporaciones y empresas extranjeras en el sector turístico. A menudo, la toma de decisiones puede estar centralizada en manos de inversionistas externos, lo que puede limitar la participación de la comunidad local en la planificación y gestión del turismo. Sin embargo, hay iniciativas en Guanacaste que buscan promover una mayor participación comunitaria en el desarrollo turístico. Se están implementando programas de desarrollo sostenible y turismo comunitario que buscan involucrar a las comunidades locales en la toma de decisiones y garantizar que se beneficien de manera equitativa de los ingresos generados por el turismo.

Tanto en La Fortuna como en Guanacaste, la participación comunitaria es reconocida como un factor crucial para el desarrollo turístico sostenible. La inclusión de las comunidades locales en el proceso de toma de decisiones garantiza que se tengan en cuenta sus intereses y necesidades, y que se promueva un turismo que beneficie a todos los sectores de la sociedad. En ambos destinos, se están implementando estrategias y programas que buscan promover un turismo más sostenible y responsable, en línea con los principios del desarrollo comunitario y la equidad social.

4.Resiliencia durante crisis económicas y pandemias: La resiliencia durante crisis económicas y pandemias es un aspecto crucial para evaluar la capacidad de adaptación y supervivencia de las regiones turísticas como La Fortuna y Guanacaste. Ambos destinos han enfrentado desafíos importantes durante la crisis financiera de 2008 y la pandemia del COVID-19, que han impactado significativamente en el sector turístico y en la economía local. Analicemos cómo cada región ha respondido a estas crisis y qué estrategias se han implementado para mitigar sus impactos:

Durante la crisis financiera de 2008, La Fortuna experimentó una disminución en la llegada de turistas internacionales, especialmente aquellos que estaban dispuestos a gastar en actividades de turismo de aventura y naturaleza. Sin embargo, la región pudo diversificar sus ofertas turísticas y atraer a un segmento de mercado más local y nacional, lo que ayudó a mitigar los efectos de la crisis. Y durante la pandemia del COVID-19, La Fortuna nuevamente se vio afectada por la disminución del turismo internacional y las restricciones de viaje impuestas debido a la pandemia. Sin embargo, la región pudo capitalizar su enfoque en actividades al aire libre y en entornos naturales, que se percibían como más seguros durante la pandemia. Se implementaron protocolos de salud y seguridad en los establecimientos turísticos para proteger a los visitantes y garantizar una experiencia segura.
Guanacaste:

Por su parte, durante la crisis financiera de 2008 Guanacaste también experimentó una disminución en la llegada de turistas internacionales, especialmente aquellos que buscaban destinos de sol y playa de lujo.

Sin embargo, la región pudo mantener cierta estabilidad debido a la demanda continua de turismo nacional y regional, así como a la diversificación de su oferta turística. Por su parte, durante la
pandemia del COVID-19, Guanacaste enfrentó desafíos similares a La Fortuna, con una disminución en la llegada de turistas internacionales y la necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones del mercado.

Se implementaron medidas de seguridad sanitaria en los resorts y establecimientos turísticos para proteger a los visitantes y garantizar su bienestar durante su estadía.

Ambas regiones han demostrado resiliencia durante crisis económicas y pandemias, adaptándose a las nuevas condiciones del mercado y diversificando sus ofertas turísticas para atraer a diferentes segmentos de mercado. Tanto La Fortuna como Guanacaste han implementado medidas de seguridad sanitaria y protocolos de salud en los establecimientos turísticos para proteger a los visitantes y garantizar una experiencia segura durante la pandemia del COVID-19. Pero La Fortuna pudo capitalizar su enfoque en actividades de turismo de aventura y naturaleza durante la pandemia, mientras que Guanacaste enfrentó desafíos adicionales debido a su dependencia del turismo de sol y playa de lujo. Guanacaste ha sido más dependiente del turismo internacional que La Fortuna, lo que ha aumentado su vulnerabilidad durante crisis económicas y pandemias globales.

Al analizar estos aspectos, podemos evaluar la validez de las dos tesis y determinar si son complementarias o si alguna de ellas está equivocada. Es posible que ambas tesis ofrezcan una perspectiva válida sobre el desarrollo turístico de La Fortuna y Guanacaste, pero es importante considerar la evidencia disponible y las experiencias concretas de cada región para llegar a una conclusión fundamentada. En resumen, tanto la tesis de Sobrado como la de Arata ofrecen perspectivas únicas sobre el desarrollo turístico de La Fortuna y Guanacaste, destacando diferentes factores que pueden influir en el éxito o fracaso de un modelo turístico. Si bien ambas tesis pueden tener mérito en ciertos aspectos, es importante considerar la evidencia disponible y las experiencias concretas de cada región para evaluar su relevancia y determinar si son complementarias o reflejan posiciones ideológicas.

En última instancia, la elección de un modelo turístico sobre otro dependerá de una variedad de factores, incluidos los valores culturales, las políticas públicas y las condiciones socioeconómicas de cada comunidad.

La coexistencia de múltiples modelos de desarrollo turístico en Costa Rica puede considerarse una fortaleza para la industria turística nacional. La diversidad de enfoques y estrategias turísticas permite al país aprovechar una amplia gama de recursos naturales y culturales, así como adaptarse a diferentes segmentos de mercado y preferencias de los turistas. La presencia de modelos como el turismo alternativo y sostenible, representado por destinos como La Fortuna, y el turismo de “enclave” o de sol y playa, característico de lugares como Guanacaste, ofrece a los visitantes una variedad de experiencias y opciones para explorar y disfrutar. Esta diversidad no solo enriquece la oferta turística del país, sino que también contribuye a la distribución más equitativa de los beneficios del turismo en diferentes regiones y comunidades.

Además, la coexistencia de múltiples modelos turísticos fomenta la innovación y la competencia dentro del sector, lo que puede llevar a mejoras en la calidad de los servicios, la infraestructura y las prácticas ambientales y sociales. Las diferentes estrategias de desarrollo turístico también pueden complementarse entre sí, creando sinergias que fortalecen la posición de Costa Rica como destino turístico a nivel internacional. Por otro lado, la diversidad de modelos turísticos también puede ayudar a mitigar los riesgos asociados con la dependencia excesiva de un solo tipo de turismo. Por ejemplo, durante crisis económicas o pandemias globales, los destinos que ofrecen una variedad de experiencias turísticas pueden ser más resilientes y capaces de adaptarse a cambios en la demanda y las preferencias de los viajeros.

En este contexto, la sociología y la planificación del turismo adquieren un papel preponderante, al buscar estrategias que maximicen los beneficios del turismo mientras se minimizan sus efectos negativos. La adecuada planificación emerge como un elemento crítico, capaz de convertir al turismo en un motor de desarrollo sostenible que favorezca el crecimiento económico y la innovación social, respetando al mismo tiempo las condiciones y capacidades locales.

Es en este punto donde la discusión trasciende el ámbito académico, convirtiéndose en un llamado a la reflexión sobre cómo las comunidades pueden aprovechar de manera óptima los recursos turísticos disponibles, sin sacrificar su identidad y autonomía. Este enfoque requiere un entendimiento profundo de las lógicas de producción locales y de las capacidades empresariales necesarias para una integración exitosa en el mercado turístico global.

Al mirar hacia el futuro, se plantea la necesidad de continuar explorando y comprendiendo las condiciones que permiten a las comunidades rurales desarrollar un turismo que sea verdaderamente endógeno y sustentable. Este desafío implica no solo un reajuste en las políticas públicas y las estrategias de desarrollo, sino también una revalorización de las capacidades locales y una mayor participación comunitaria en la planificación y gestión del turismo. Así, la experiencia costarricense en turismo se convierte en un estudio de caso valioso para el análisis del turismo a nivel global, ofreciendo lecciones sobre la interacción entre cultura, economía y naturaleza en la era de la globalización.

Ambas tesis analizadas aquí ofrecen perspectivas interesantes sobre el desarrollo turístico de La Fortuna y Guanacaste. Sin embargo, de sus análisis resalta la importancia de no priorizar un tipo de turismo sobre otro desde una base ideológica, reconociendo al turismo como una ingeniería social ecléctica en sus formas y desarrollos. Esta visión destaca la necesidad de considerar una amplia variedad de enfoques y estrategias turísticas para aprovechar plenamente los recursos naturales y culturales del país, así como adaptarse a las diferentes preferencias de los turistas.

Ambas perspectivas resaltan la importancia de la diversidad y la complementariedad entre diferentes modelos turísticos. Mientras que la primera conclusión enfatiza la necesidad de evitar posiciones ideológicas y priorizar la adaptación a las condiciones locales y las preferencias de los turistas, evitando así enfoques reduccionistas que puedan llevar a consecuencias adversas para el tejido socioeconómico local, la segunda conclusión destaca los beneficios de la innovación y la competencia dentro del sector turístico, impulsados por la coexistencia de múltiples modelos de desarrollo.

En última instancia, la elección de un modelo turístico sobre otro dependerá de una variedad de factores, incluidos los valores culturales, las políticas públicas y las condiciones socioeconómicas de cada comunidad. Es importante considerar la evidencia disponible y las experiencias concretas de cada región para evaluar la relevancia de cada modelo y determinar si son complementarios o reflejan posiciones ideológicas.


Master Rafael Brenes Leiva. Bachiller en Sociólogo (UCR), Master en Evaluación de Proyectos Sociales (UCR), DEA en Turismo (Universidad de Nebrija España). Interés en la filosofía en particular el Materialismo filosófico y Sociología, especialmente historia y cultural. Profesor en el ITCR por 26 años.