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La importancia que le damos a la imagen en nuestra sociedad actual no tiene precedentes. El aspecto de nuestra piel es, en los últimos tiempos, un foco de atención en multitud de artículos y en redes. ¿Puede la alimentación ayudarnos a que luzca brillante y lustrosa?

Obsesión por una piel bonita

La piel es, desde el punto de vista estético, la parte de nuestro cuerpo de la que más nos preocupamos. Así lo indican los datos de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética en España.

Según su último informe, el consumo en el sector de la perfumería y la cosmética fue de 9 250 millones de euros en 2022. Esto supone un gasto próximo a 190 euros por persona al año. El cuidado de la piel representa un tercio del total, es decir, cerca de 3 000 millones de euros.

Más allá de las consideraciones estéticas, la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Ocupa una superficie de más de 1,5 metros cuadrados y constituye el 15 % del peso corporal en los adultos. Aunque nuestra visión de la piel es más bien superficial, lo cierto es que cumple funciones fundamentales para nosotros.

La piel nos protege frente a agentes externos, incluyendo patógenos, compuestos químicos y la radiación ultravioleta del sol. También amortigua el impacto de lesiones mecánicas, térmicas y físicas. Además, es la primera barrera de defensa de nuestro querido sistema inmunológico frente a las infecciones.

La piel es importante para la regulación de la temperatura corporal, actúa como reservorio de agua y es el lugar donde se fabrica la vitamina D. Además, cuenta con una extensa red de células nerviosas que detectan y trasmiten cambios en el medio ambiente a través del tacto, el dolor o la temperatura. No menos importante, nuestra piel es fundamental para la expresión y la comunicación personal.

Agua, cereales integrales, legumbres, verduras y frutas para la piel

Que una mala alimentación afecta negativamente a nuestra salud no es ninguna novedad. Pero tal vez seamos menos conscientes de los efectos que tiene sobre nuestra piel. Los hábitos alimentarios y los niveles de nutrientes no solo pueden dañarla, sino que además son fundamentales para repararla.

Se ha relacionado el envejecimiento de la piel con el azúcar y las dietas altas en grasa. Además, se ha visto que hay mayor envejecimiento facial cuanto mayor cantidad de alcohol y tabaco se consume y durante más tiempo.

Un nutriente fundamental para mantener la piel sana es el agua. Se estima que el 18-20 % del agua corporal se almacena en la piel. Por lo tanto, no mantener un buen estado de hidratación puede afectarla de manera importante.

De hecho, la apariencia de los labios y las extremidades es un reflejo directo de nuestro estado de hidratación. Además, los estudios indican que beber más de 2 litros de agua al día promueve tanto la hidratación superficial como profunda de la piel.

En cuanto a otros nutrientes, hace ya unos años que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reconoció el papel de algunos de ellos. De este modo, se puede decir que las vitaminas A, B2, B3 y B8 “contribuyen al mantenimiento de la piel en condiciones normales”. Lo mismo sucede con el zinc y el yodo. La vitamina C, por su parte, lo hace a través de la formación de colágeno, una proteína que se encuentra entre las células de la piel.

Se han descrito alteraciones en la piel debidas a deficiencias en prácticamente todas las vitaminas, el hierro y el zinc. Todos estos nutrientes se pueden encontrar principalmente en alimentos naturales. Cereales integrales, legumbres, huevos, verduras y frutas son buenos ejemplos.

Cuidado con la falta de vitamina C y yodo

A pesar de la gran disponibilidad de alimentos en nuestra sociedad, las deficiencias nutricionales no son poco habituales. De hecho, 4 de cada 5 personas de 9 a 75 años en España no toma suficiente zinc, mientras que 3 de cada 5 no cubren la necesidad de vitamina A. Lo mismo sucede con más de la mitad de la población con respecto a la vitamina C y 2 de cada 5 personas en relación al yodo.

En cualquier caso, debemos tener en cuenta dos aspectos importantes. Para ilustrarlos podemos tomar como ejemplo el papel que juega la vitamina A, mencionada antes. El hecho de que esta vitamina sea importante para la piel no puede traducirse en que los alimentos que la contienen vayan a aumentar su brillo, ni que sirvan para tratar sus patologías. Además, si tomamos suficiente vitamina A, aumentar la dosis no va a conseguir mayor efecto sobre nuestra piel.

Más allá de la estética

Si nuestra piel presenta algún daño, debemos acudir a un médico dermatólogo que diagnostique y aconseje el tratamiento a seguir. En caso de deficiencias nutricionales, deberemos hacer lo propio visitando un nutricionista. El uso de suplementos de vitaminas y minerales sin supervisión puede provocar efectos negativos para nuestra salud.

Si, por el contrario, lo que queremos es reproducir el brillo que vemos en fotografías de modelos, actrices y cantantes, ningún alimento va a conseguirlo. Debemos tener en cuenta que se preparan específicamente para esos momentos y que, además, las fotos suelen estar retocadas.

Cuidar nuestra piel por su mero “precio” estético resulta poco menos que injusto para este nuestro gran órgano. Sin embargo, cuidar nuestra alimentación sí es una buena estrategia para que no solo nuestra piel esté sana, sino también el resto de nuestro cuerpo.

The Conversation

Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Publicado originalmente en The Conversation