Redes de Apoyo: Nos juntamos y ¡ya!

No decimos “formemos una red de apoyo”, simplemente nos juntamos y ya

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Ana Álvarez Rojas, Psicóloga.

Juntarnos…
Era
como salvarnos
“Cuando las cabezas de las mujeres se juntan
alrededor «del fuego», nacen fuerzas,
crecen magias, arden brasas que gozan, festejan, curan,
recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida,
refunfuñan, se conduelen…”

Simone Seija Paseyro.

Ayer noche vi una película, “Caramelo”, de la directora libanesa  Nadine Labaki, que me trajo a la memoria infinidad de emociones, de reuniones con mis amigas, conversaciones simples, cotidianas, alegres, desenfrenadas e íntimas. Historias comunes sin ningún deseo de resolver logaritmos ni hallar constelaciones. Simplemente nos escuchábamos. Juntarnos era como salvarnos.

Las mujeres tenemos espacios solo  para mujeres, para hablar de los hijos, de los hombres, de nuestros trabajos, lo que pasa en nuestras vidas, del jefe, del pan que no creció, de la infidelidad de la pareja. Lloramos, cantamos, reímos, nos contamos cosas intimas que jamás hablaríamos con otras personas. Nos juntamos para pasarla bien y reforzar nuestras relaciones.

Recuerdo un día, en uno de mis momentos más oscuros,  cuando mi amiga Ailyn me invitó a su casa a cantar y cantamos con Alejandra letras de canciones con música que salía de su computadora. ¡Genial!, pensé,  y todavía lo recuerdo y canto para mis adentros. No hablamos de “ese” mi momento, nos dedicamos a reír toda la noche.

En esta película que les cuento, Caramelo, el punto de encuentro es un salón de belleza donde cinco mujeres hablan de sus cotidianas vidas,  comparten sus secretos, se contienen, se abrazaban. Ahí se genera eso que se conoce como “Red de  Apoyo”, una red que es femenina, que nos pertenece a todas  y que por lo general está ahí, esperando por nosotras. Estas redes de apoyo son fuertes, seguras, de aceptación, de guía, de ayuda, de respeto. Ahí las mujeres no se sientan a resolver el mundo, se sientan a hablar, a escuchar, se dedican a estar  cerca, cerquita de quien lo necesite y, sin que nadie lo programe, el resultado por lo general es de paz interior;  al salir, siempre lo hacemos con una nueva sonrisa esbozada en el rostro, más tranquilas, recuperadas.

Las redes de apoyo parecen ser la cara opuesta de la soledad

Las redes de apoyo nos hacen sentir seguras, queridas, útiles y nos proporcionan un hermoso y reconfortante sentimiento de bienestar. Pero no solo eso, es que estos espacios prolongan nuestra independencia a través del apoyo mutuo, fortalecen los estados de ánimo saludables, pues al conversar de temas más íntimos y personales, o casuales y sin, al parecer, ninguna importancia o relevancia, las mujeres logran una pérdida de la tensión y aumentan la motivación y esto es beneficioso para todos. Pero se puede no hablar de esas cosas que  llevamos cargando como pesado lastre y aún salir del grupo livianas, como volando. Así de intensas son estas reuniones, aunque no lo crean. Interesante es que este tipo de apoyo emocional, el de las amigas, pueda considerarse, en algunos momentos, más preciado que el recibido  obligatoriamente por la familia.

Hace muchos años, cuando las mujeres se dedicaban exclusivamente al cuidado de la casa, del marido y los hijos y cuando los vecinos más cercanos se encontraban a unos cuantos kilómetros de distancia, las mujeres se reunían de vez en cuando a compartir recetas, hacer quilting (arte textil femenino), leer la Biblia u otros libros y, en el entretanto, hablaban y hablaban y hablaban. Eso les daba la fuerza para seguir adelante. Ahora, ¡escuchen!, pues parece que esto es de orden mundial.  Leí en algún lugar que hay estudios que nos dicen que las mujeres japonesas usan alrededor de 130 horas anuales en el cuarto de baño de sus trabajos. Ahí se cuida la belleza y se habla con las compañeras, conversan sobre la vida, sobre la última travesura del hijo, sobre el almuerzo, lo que le dijo el novio, de la ilusión y la decepción del amor. Ahí también ellas lloran y son consoladas. ¿No les parece  importante?  Este desahogo ayuda a las mujeres a volver a una zona más segura; de la tempestad a las aguas mansas en una tarde de charla con nuestras amigas queridas.

 Las redes de apoyo parecen ser la cara opuesta de la soledad

Qué bien, me digo, qué bien que contemos con este espacio, con este intercambio de apoyos que debe ser la esencia de la existencia de estas redes. Y lo más sorprendente es que nadie se lo propone, no decimos “formemos una red de apoyo”, simplemente nos juntamos y ya. ¡Fantástico¡¡¡  Y a propósito de esto, me han entrado unas ganas de llamar a algunas amigas para juntarnos a hablar y hablar y hablar, mientras más pronto mejor.

Hasta otro día…..¡¡¡¡¡

 

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