Reforma parlametaria ¡ya!

Le toca a los congresistas, y nos toca a nosotros como ciudadanos, estar a la altura de ese esfuerzo y ese desafío.

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Carlos Francisco Echeverría.  

Tendemos a olvidar un hecho fundamental: el destino del país se determina en la Asamblea Legislativa. Las acciones de un Presidente o de un Gobierno son transitorias y – salvo las obras físicas, y a veces aún estas – pueden ser anuladas por una simple decisión del que le sigue. Las leyes, por el contrario, son mucho más difíciles de modificar y, sobre todo, son las que marcan la cancha para todas las demás actividades políticas y ciudadanas. Las buenas leyes construyen patria, las malas (y de esas hay muchas) la destruyen.

or eso el Parlamento es la institución más importante en una democracia; por eso es “el primer poder de la República”. Los ticos hemos cometido el error, a lo largo del tiempo, de convertirlo en el objeto de nuestras burlas y nuestro desprecio.

Elegimos a los diputados con nuestros votos, y luego nos dedicamos a denigrarlos. Eso es insultar al espejo. Porque lo cierto es que la Asamblea Legislativa es, nos guste o no, el reflejo de lo que somos como pueblo.

¿O no? ¿Realmente nos representan los diputados? Más aún ¿Representan lo mejor de lo que somos? ¿Son las personas idóneas para marcarnos la cancha a todos los demás? Probablemente no. Y eso es así porque tenemos un sistema defectuoso y anquilosado para elegirlos. Votamos por listas cerradas llenas de desconocidos, y luego nos quejamos del resultado.

Por fortuna, un grupo muy serio de ciudadanos decidió hace años hacer lo posible para cambiar eso. Investigaron, consultaron, reflexionaron y propusieron. El proyecto de ley que presentaron a la Asamblea Legislativa está por empezar a discutirse.

Le toca a los congresistas, y nos toca a nosotros como ciudadanos, estar a la altura de ese esfuerzo y ese desafío.

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