Ricardo Carballo: Con mascarilla y solidaridad, podemos salir adelante

Esta campaña de La Revista es un claro ejemplo. Yo, por mi parte, ya tengo listas mis mascarillas para donar. ¿Y usted? Póngase una o varias en el corazón a fin de que los más necesitados puedan portar una en su rostro para protegerse ellos, a sus seres queridos y a Costa Rica entera. Solo así, con mascarilla y buena actitud, saldremos adelante de este reto enorme y estaremos mejor preparados para enfrentar los que sobrevengan en el futuro.

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José Ricardo Carballo Villalobos, Periodista Codirector

Es cierto que no es la única ni la primera. Hay múltiples campañas en marcha inspiradas en el mismo propósito. Pero lo cierto es que mientras haya pandemia nunca será suficiente la cantidad de iniciativas orientadas a ayudar a los sectores más necesitados y, por ende, mayormente expuestos al contagio de la covid-19.

Por eso es de celebrar que La Revista se una a la causa con su propia campaña pública de recaudación de mascarillas, denominada “Ponete una mascarilla en el corazón también”, dirigida a los habitantes de zonas vulnerables como Pavas, Alajuelita, Desamparados, Curridabat, entre otras localidades urbanas y rurales, localizadas en la primera línea de ataque del virus.

La meta es llegar a finales de diciembre con un total de 500.000 cubrebocas que se distribuirán gradualmente con el apoyo logístico de la Cruz Roja entre todos esos ciudadanos que deben destinar sus limitados ingresos a otros gastos prioritarios como la alimentación y los servicios básicos. (Toda la información sobre los canales de ayuda material y económica se pueden encontrar en esta nota).

Como parte del equipo de trabajo de La Revista, tan profesional como solidario, me enorgullece formar parte de esta loable y heroica iniciativa que vendrá a proteger –por no decir salvar- la vida de muchas personas y de sus seres queridos. En buena hora que un grupo de destacados profesionales e intelectuales, de los más diferentes sectores y especialidades, liderados por el Dr. Álvaro Salas Chaves, expresidente de la CCSS, se hayan puesto de acuerdo para impulsar esta campaña, con el respaldo de distintos socios como el Museo de los Niños, Coopecaja, Grupo Extra y Grupo Vargas. A todos ellos, gracias infinitas por hacerla posible.

Una muestra más de que pese al crisol de opiniones, formaciones e ideologías que convergen alrededor de este prometedor e integral proyecto de comunicación alternativa en que se ha convertido La Revista, cuando se trata de ayudar al prójimo, todos defendemos los nobles colores de una única bandera: la de la solidaridad.

Esa que en todos los idiomas y desde cualquier óptica ideológica o política significa lo mismo: ayudar, servir, tender desinteresadamente una mano al que lo necesita, sin importar etnia, clase social, religión ni credo político. Al final, somos seres humanos y todos nos estamos viendo afectados, en mayor o menor medida, con la pandemia.

Así como el virus no ha reparado en diferencias de ningún tipo y nos ha venido a igualar en nuestra frágil condición humana, la mejor manera de combatirlo es procediendo de la misma forma:  uniéndonos todos en un frente común solidario, basado en la prevención, la autogestión del riesgo, la disciplina y la responsabilidad.

Instrumento crucial de protección

En ese contexto, la mascarilla, junto al lavado de manos y el distanciamiento social, se vuelve en un instrumento fundamental. A falta de vacunas y tratamiento específico, es lo único de lo que disponemos para proteger nuestra salud y la de los trabajadores que salen diariamente a ganarse el sustento diario y no pueden darse el lujo de quedarse en casa ni gastar en la compra frecuente de implementos de protección.

Utilizar la mascarilla correctamente –y subrayo correctamente- se ha convertido en una señal de respeto hacia mi vida y la de mis semejantes, un acto pleno de consideración, amor y empatía. “No quiero enfermarme ni enfermarte ni que enfermes a los tuyos”, es el trasfondo de un gesto tan simple de profundo significado. Hoy, ocultando nuestra sonrisa, es la mejor forma de sonreír a nuestros semejantes y decir, sin palabras, cuánto los valoramos y nos preocupamos por ellos.

Si bien, como decía al principio, hay varias organizaciones benéficas con iniciativas similares, creo que es la primera ideada y liderada por un medio de comunicación digital que busca tener un impacto tangible en el mundo físico. Si algo ha evidenciado la pandemia, es que, para salir de ella, se requiere de lo mejor de todos los sectores sociales, incluyendo medios de comunicación. No basta con ser un actor pasivo o espectador. Debemos ser protagonistas en la atención de los más grandes desafíos de nuestra nación.

Los medios, por su parte, están llamados a no ser simples cajas de resonancia o transmisores de información, sobre todo en esta época de fake news a golpe de clic. Deben ser actores vivos, críticos, proactivos, en constante reinvención y movimiento, capaces de levantar la mano, defender causas colectivas y buscar soluciones a nuestros problemas urgentes. No importa si en el proceso se convierten ellos mismos en noticia sobre lo que debería estarse haciendo en estos tiempos convulsos.

Oportunidad de servir

Esta campaña de La Revista, de hondo calado y alto valor humano, se trata de una gran oportunidad de servir. Como bien me decía el Dr. Salas, es la posibilidad perfecta para quienes no nos hemos visto afectados –o al menos no tanto como otros- poder ayudar a los que realmente la están pasando mal. Es un deber cívico, una responsabilidad social que tenemos y la cual no podemos evadir por una razón básica: la vida da muchas vueltas y no sabemos cuándo nos tocará ser ayudados. “Hoy por ti, mañana por mí”.

En momentos en los que el odio y la discordia proliferan por doquier, visibilizar estas iniciativas se convierte en prioridad. Constituyen un bálsamo espiritual que demuestran que no todo está perdido. Que, pese a las diferencias –que siempre las habrá-, podemos seguir siendo un pueblo justo y solidario. Que es más lo bueno que nos une que lo malo que nos separa.

Así lo hemos demostrado en reiteradas ocasiones cuando la tragedia ha tocado a la puerta de nuestros hermanos, en forma de inundaciones, terremotos o accidentes. Y aunque hoy el afectado no es un grupo social o sector geográfico específico, sino el país completo, estoy seguro que esta vez no será la excepción y saldrá a relucir, una vez más, la imperecedera naturaleza generosa del tico.

Por más que otros se empeñen en alimentar la hoguera del pesimismo y la apatía, yo me declaro –no sé si ingenuamente- como un optimista confeso del porvenir de Costa Rica…, a pesar de la pandemia, el FMI, los bloqueos y la violencia. Mientras haya personas, organizaciones y medios de comunicación dispuestos a hacer patria, hay motivos para creer.

Esta campaña de La Revista es un claro ejemplo. Yo, por mi parte, ya tengo listas mis mascarillas para donar. ¿Y usted? Póngase una o varias en el corazón a fin de que los más necesitados puedan portar una en su rostro para protegerse ellos, a sus seres queridos y a Costa Rica entera. Solo así, con mascarilla y buena actitud, saldremos adelante de este reto enorme y estaremos mejor preparados para enfrentar los que sobrevengan en el futuro.

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