Ricardo Sancho Chavarría, Abogado

Costa Rica no está inmune al debilitamiento de la democracia ni a su extinción. Varios sistemas políticos democráticos, incluido los Estados Unidos, han venido experimentando sus peores tiempos. A lo largo de la historia han existido olas antidemocráticas, pero la más reciente es resultado del populismo, “un régimen de gobierno y de lucha política que aspira a ganar la adhesión y la fidelidad libre de las masas” (Villacañas,2017), esto mediante la utilización de las propias herramientas de la democracia, llegando inclusive a cambiar su sentido o a eliminarla. No es el populismo una ideología, es un método de acción política que roza con la forma republicana de división de poderes, debilita las garantías del Poder Judicial y Legislativo y aspira al poder concentrado en el Ejecutivo. No es nuevo, se destruyeron varios sistemas democráticos en Europa en los años 20 y 30 del Siglo XX y las dictaduras de derecha o de izquierda han sido su mejor legado.

En Costa Rica tenemos populistas, son los herejes de la democracia que escupen todos los días el honor de una democracia consolidada y reconocida que ha sido ejemplo en el mundo. Lo más impresionante que después de unas frases llenas de cinismo dichas en San Carlos por el Presidente, haya costarricenses afirmando lo mismo cual burros de carga domesticados. Para qué tanta cívica, tanto himno, tanta bandera, tantos próceres, tanta educación pública, tantas universidades, tantos abogados, ¿si en cosa de minutos para algunos ya no somos democracia sino una dictadura perfecta? Y todo por la ambición de poder de los Chaves y los Cisneros para continuar con un gobierno afín en el 2026.

Las democracias son sistemas de equilibrios dentro de un Estado con requisitos esenciales como el derecho de la Constitución, la alternancia del poder, el imperio de la ley, la división de poderes, la pureza del sufragio, la libertad de expresión, el respeto a la propiedad privada, la prensa libre, todas causas irrenunciables e innegociables. Costa Rica ha tenido todo eso y lo que menos ha sido es una dictadura. Esas las hemos visto de lejos ahora y antes, en Venezuela, en Cuba, en Argentina, Chile, Brasil, Guatemala, Honduras, El Salvador, Perú, Paraguay y hoy de cerca en nuestra vecina Nicaragua. Por defender la democracia contra la dictadura de déspotas y tiranos han muerto millones de personas en guerras y conspiraciones. No importa el tipo de régimen o sistema, parlamentario, presidencialista, monarquía constitucional o teocrático, la democracia siempre está al acecho de sus detractores, aquellos que requieren cambiar las reglas, romper el equilibrio para imponer la antítesis democrática: permanencia del poder, debilitamiento de la división de poderes, intrusión en el Poder Judicial, electoral y en la fiscalización de la hacienda pública, aplicar regímenes de excepción y desacreditar la historia.

La democracia fluye con confrontación, pero a la vez con el respeto reglas institucionales empujadas por el voto sagrado de las personas, no es patrimonio ni de un partido político ni de una persona. Solo cuando surge la tentación antidemocrática se rompe el equilibrio y se cae en la dictadura y la tiranía. El Estado moderno se encuentra en una transición con retos nuevos como la insatisfacción de las personas por cubrir sus necesidades, la corrupción, las migraciones, el cambio climático, la tecnología. Gobernar no es fácil y algunos prefieren brincarse la barda antes de buscar los acuerdos de gobernabilidad de la democracia. Hace más de 200 años James Madison dijo “si los hombres fueran ángeles no existiría ningún gobierno”. Siendo uno de los precursores de la Constitución de los Estados Unidos y uno de los forjadores de la democracia americana, Madison estaba refiriéndose a pesos y contrapesos insertos que asegurasen distancia de la tiranía y del poder concentrado en el Presidente. Desde esa época muchas sociedades han perseguido el ideal democrático, nunca perfecto, pero siempre abierto a la libertad, la justicia y el derecho.

Costa Rica es una democracia auténtica, el ejercicio del sufragio más las instituciones entendidas como reglas, han permitido la paz social y la alternancia en el poder. La desgracia del Presidente fue haberse metido en esta democracia sin conocerla, sin vivirla y ahora querer destruirla para acomodar sus ambiciones. Que tiene importante apoyo de gente, sí, pero porque ha sacado el odio escondido de la doble moral en los costarricenses que se ha cansado de no ver solución a muchas de sus necesidades.

De este trance estoy seguro de que Costa Rica se levantará airosa porque el principal cargo que se puede ocupar en una sociedad es el de ciudadano y la mayoría sentimos que es un honor vivir en esta democracia, imperfecta pero segura. Los tiempos venideros serán un campo de batalla entre el honor y la herejía.

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Por editor5

La Revista CR el medio de opinión de Costa Rica