Ripperdá

May 22, 2018
Johan Willem Ripperda
Retrato por Hermannus Collenius 1704

Federico Mata Herrera, Abogado y Genealogista. 

La historia está llena de personajes curiosos, algunos conocidos y otros no tanto. En determinados casos las peripecias de ciertos aventureros superan los relatos de los más imaginativos novelistas, como es el caso de Juan Guillermo Ripperdá, un arribista que participó en algunos de los acontecimientos más relevantes de la Europa de inicios del siglo XVIII y que en gran medida puede servir como ejemplo de oportunismo político.

Primero es obligatoria una ubicación histórica, pues la familia Ripperda traza su genealogía hasta inicios del siglo XIV en Groningen, en el extremo noreste de Holanda. Allí eran vecinos principales del pueblo de Farnsum y cuando la zona de los Países Bajos fue unificada bajo la soberanía del Duque de Borgoña en 1433, el sétimo abuelo del personaje de nombre Único I Ripperda fue agraciado con una baronía hereditaria. Por las alianzas matrimoniales propias de la época los dominios borgoñones pasaron dinásticamente a la Casa de Habsburgo y con Carlos I se integraron el enorme imperio español. Este monarca por haber nacido y haber sido criado en Gante, le otorgó bastante autonomía a los Países Bajos, a la sazón la economía mercantil más dinámica de Europa, sin embargo, la armonía se perdió con el advenimiento de la reforma protestante y particularmente Holanda se convirtió en el principal foco del calvinismo, por lo que a partir de 1568 sus pobladores iniciaron un cruento camino a la independencia con la llamada Guerra de los Ochenta Años, finalizada con la Paz de Westfalia en 1648. Pero no muchos años más tarde, con la extinción de la dinastía austríaca en España y el ascenso de los Borbones al poder con Felipe V, nieto del rey francés Luis XIV, en el año 1700 de nuevo los monarcas españoles, esta vez con el apoyo de sus primos franceses, pretendieron el control de Holanda.

Es en este contexto que en 1684 nace Johan Willem Ripperdá, hijo del VII Barón de su Casa, quien estaba al servicio de los españoles gobernando el castillo de Namur, una de las últimas posesiones que todavía conservaban. Cuando los protestantes tomaron la fortaleza a cargo de su padre en 1695, el joven Juan Guillermo no tuvo muchos escrúpulos para cambiar de bando, convertirse al calvinismo y entrar al servicio del Estatúder holandés, haciendo gala de una gran habilidad diplomática cuando participó en la negociación del Tratado de Utrecht que puso fin a la cruenta guerra entre Habsburgos y Borbones por la sucesión española, a costa de onerosas concesiones a favor de las otras potencias europeas. Esta buena imagen y su habilidad para los idiomas le valieron para que en 1715 se le designara como embajador ante la corte de Madrid, en donde a pesar de ser un emisario extranjero, Ripperdá se ganó la confianza de Felipe V y de su Primer Ministro el poderoso cardenal Alberoni, por lo que nuevamente se cambió de bando, pasó al servicio de España, se convirtió al catolicismo y difundió el rumor de que su familia tenía un origen español, cambiando el sonido de su apellido a Ripperdá. El ambicioso personaje no tardó mucho en conspirar contra uno de sus protectores y contribuyó a la caída del cardenal Alberoni en 1719.

Por esos años Felipe V se había obsesionado por ocupar el trono francés, dado que su hermano mayor había muerto antes que su abuelo y eso le generó un gran recelo de las demás potencias europeas. Aunado a lo anterior, la nobleza española quería recuperar las posesiones perdidas en Italia a raíz de la firma del Tratado de Utrecht, por lo que había una guerra no declarada que culminó con la toma de Barcelona por parte del ejército inglés. En servicio de su nuevo señor Ripperda participó exitosamente en las negociaciones diplomáticas que trajeron paz a España, que implicaron la renuncia de Felipe V a sus pretensiones al trono francés a cambio de que los Habsburgo austríacos renunciaran a su reclamo a gobernar en España, siendo compensados con la posesión de los principados italianos que anteriormente habían gobernado sus parientes Habsburgo españoles, a excepción del Ducado de Parma, dominio de la familia de la reina consorte Isabel Farnesio. En general, este acuerdo fue un segundo golpe a los intereses españoles, que cada vez veían más mermado su poder en Europa. En este contexto el habilidoso Ripperdá se supo colocar en el círculo de confianza de la soberana, quien cada vez adquiría más poder al entrar su marido en constantes depresiones, por no decir que había perdido completamente la razón, y consiguió que se le designase como Secretario de Estado.

Ripperdá se jactaba de tener muy buenos contactos en Austria, por lo que le solicitó a la reina que lo designase como plenipotenciario para hacer nuevas negociaciones, que culminaron con el Tratado de Viena en el año 1726, que contenía unas importantes concesiones para la familia real española, entre ellas el casamiento de la archiduquesa heredera María Teresa con el infante heredero Carlos, lo que reconstruiría el gran imperio español del siglo XVI. El aparente éxito le valió a Ripperdá la obtención de un título de Duque con Grandeza de España, pero la presión de Francia e Inglaterra pronto obligó a los Habsburgo a retractarse, con lo que quedó en evidencia el engaño al que había sometido a todos. Este fracaso ocasionó la caída en desgracia de Ripperdá y se le apartó de la vida pública, pero los numerosos enemigos que había cultivado no descansaron ahí y consiguieron que se le encarcelase en el Alcázar de Segovia, en donde permaneció durante tres años hasta que consiguió fugarse de una manera espectacular gracias a haber seducido a la hija del Alcaide.

Aunque inicialmente fue acogido por el Rey de Inglaterra, ante las presiones de Felipe V evidentemente incómodo de que su mayor enemigo tuviese acceso a los secretos de su corte, Ripperda tuvo que refugiarse en su país natal, en donde nuevamente cambió de religión y volvió al calvinismo. Se dice que ofreció infructuosamente sus servicios al zar de Rusia, pero luego hizo amistad con el embajador de Marruecos, quien lo llevó a su país, allí se convirtió de religión por cuarta vez y su aparentemente interminable buena estrella le consiguió el favor del sultán Abdallah II, quien le concedió la dignidad de Pachá. No son  muy claras las actuaciones de Ripperdá en Marruecos, distorsionadas por los mismos rumores que él difundió, se dice que comandó infructuosamente un ejército que pretendía conquistar las plazas de Ceuta y Argel, entonces en poder de los españoles, mientras que otros más bien afirman que en sus constantes conspiraciones, se unió al bey de Túnez para derrocar al sultán y al fracasar en su intento, terminó en la miseria y el olvido. Lo cierto es que Ripperdá murió en la ciudad de Tetuán en 1737, luego de haber vivido 53 intensos años.

Juan Guillermo de Ripperdá casó dos veces, la primera en 1704 con su compatriota Aleida van Schellingwoude y luego de la muerte de ésta en 1721, con la dama española Francisca Eusebia Jaraba del Castillo, hija del señor de Hortizuela. Finalmente convivió con la vallisoletana Josefa Francisca Ramos, de cuyo origen no hay mayor detalle y quien le dio tres hijos. Su descendencia comprende además cinco hijos del primer matrimonio y dos del segundo, unos de los cuales de nombre Juan María Vicencio de Ripperdá, fue gobernador de Texas de 1770 a 1778 y luego de Honduras, en donde murió en 1780. La última traición de Ripperdá ocasionó la anulación de sus títulos en el año 1732 y su descendencia masculina se extinguió con la muerte de su bisnieto Francisco de Ripperdá en La Habana en 1873. Hay unas “Memorias” publicadas en 1740 con el nombre de Juan Guillermo Riperdá, pero dados los sucesos fantasiosos e inciertos que allí se narran, su autenticidad es cuestionable.

Ubicándonos en la Costa Rica de la actualidad y viendo la actual coyuntura política, ciertamente este mundo sigue produciendo sus Ripperdás, esos que se ganan favores a base de ostentación de un falso poder, adulaciones, intrigas y regalos costosos. Algunos de ellos recientemente caídos en desgracia y otros en inminente ascenso.