Roberto Artavia: La terrible opacidad del ICE

Pero es hora de acabar con el "secretismo" imperante en nuestras instituciones públicas autónomas, de transparentar sus decisiones, de obligarlos a rendir cuentas y sancionar -cuando así corresponda- a quienes hayan incurrido en faltas y conflictos de interés, y de denunciar las malas decisiones tomadas, aún si se hicieron de buena fe, pues es necesario conocerlas todas para ahora tomar las decsiones correctas.

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Roberto Artavia Loría.
El Proyecto Hidroeléctrico de Reventazón, que requirió de mucho más inversión de la que fue originalmente planteada, opera -en el mejor de los casos- a un 68% de su capacidad de diseño, lo que hace que cada kilowatt hora que produce resulte mucho más caro para el país y cada uno de sus consumidores domésticos, comerciales y productivos.
Pero en el ICE no les importa tanto, porque el modelo tarifario de ARESEP no tiene nada que ver con el diseño, sino que se basa en el costo y un margen, lo que quiere decir que, pese a haber sido sobre diseñado, de haber incurrido en enormes sobrecostos en su desarrollo, y de operar con bajísima eficiencia, y ahora seguir invirtiendo sumas enormes para corregir defectos de diseño y construcción, para el ICE no hay problema, pues simplemente traslada su ineptitud en la tarifa a todos sus clientes y con el beneplácito (¿o será más bien complicidad?) de la autoridad reguladora.
Yo nunca entendí cómo, cuando se publicaron sus enormes desviaciones en inversión, su pobre diseño por la inestabilidad del terreno, su ineficiencia operativa y sus repetidos problemas de operación; no se le pidió la renuncia quienes ocupaban la Presidencia Ejecutiva, la Gerencia de la división de energía y a los directivos responsables. Recientemente vimos cómo se le pidió en este gobierno la renuncia al Presidente Ejecutivo de la CCSS, por una diferencia de opinión con el Presidente (en la que por cierto tenía razón), pero ante semejante desempeño en el ICE -en gobiernos anteriores, para ser justos- no se le exigió renuncias a nadie…
Creo que ahora lo que se requiere, como bien pide La Nación, es transparencia total: ¿ cuánto debió invertirse y cuánto se invirtió en el proyecto original?; ¿cuánto más se ha invertido desde entonces y qué beneficios operativos y de eficiencia productiva se han obtenido de cada una de esas inversiones?; ¿cuál es el «estado técnico» de la represa actualmente en relación con las capacidades de diseño?; ¿cómo afectaron los costos de generación los sobrecostos de la inversión original y las posteriores para «arreglar tortas»?; ¿quiénes fueron los proveedores en cada contratación y bajo qué criterios fueron seleccionados?; ¿cuál es la capacidad real hacia el futuro y qué implicaciones tiene sobre nuestra seguridad energética y tarifas?; y finalmente, ¿quiénes han sido los responsables de cada una de las decisiones que nos han traído a este punto?
Desafortunadamente como en el ICE -así como en otras instituciones autónomas del país- se toman decisiones en clarísimos conflictos de interés,  para proteger intereses sindicales o de proveedores privilegiados, con poca rendición de cuentas, sin consecuencias para los decisores, y con complicidad de otras instituciones -como es el caso de ARESEP-, es poco probable que nos den respuesta a estas preguntas.
Pero es hora de acabar con el «secretismo» imperante en nuestras instituciones públicas autónomas, de transparentar sus decisiones, de obligarlos a rendir cuentas y sancionar -cuando así corresponda- a quienes hayan incurrido en faltas y conflictos de interés, y de denunciar las malas decisiones tomadas, aún si se hicieron de buena fe, pues es necesario conocerlas todas para ahora tomar las decsiones correctas.
Al ICE se le permitió por años usar normas obsoletas de contabilidad para ocultar información (aún no estoy seguro de que apliquen las NIIF y se tomen decisiones con base en ellas). Ahora debemos exigir esta transparencia, con el fin de determinar el daño ya incurrido por el país y sus consumidores y tener la información necesaria para tomar decisiones correctas para el futuro porque, en el fondo, esto es lo más grave: como seguimos con informaciones incompletas de la situación de su gran proyecto, de sus finanzas internas, y del riesgo existente, podríamos seguir tomando decisiones subóptimas que nos perjudicarán a nivel macroeconómico, social, ambiental y productivo.

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