Roberto Dobles Mora, Ingeniero.

Esta columna es la última de esta serie sobre los desbalances que han sido creados progresivamente en el sector energía por gobiernos anteriores y que ahora hay que corregir para que el país tenga un sector energético cada vez más pujante y competitivo, de bajo costo, con alta seguridad energética y tarifaria y con creciente sostenibilidad ambiental.

Varios de estos desbalances se han analizado en detalle en varias columnas anteriores y han sido consecuencia de una política energética nacional de escritorio, desarraigada de la realidad nacional e internacional, la cual ha estado además plagada de ideologías y de dogmas sin sustento técnico y económico.

Esta política energética de escritorio no solamente no ha incidido en los mejorar los aspectos claves del desarrollo energético nacional, sino que más bien los ha agravado.

Los datos disponibles muestran que Costa Rica ha venido retrocediendo energéticamente, ya que las importaciones petroleras han estado creciendo más rápidamente que las fuentes nacionales renovables de energía y en muchos casos las ha venido desplazando.

Esta situación ha creado también un retroceso continuo de la transición energética nacional, la cual no solamente no avanza, sino que va en reversa, lo cual es contrario a las tendencias mundiales.

Como resultado de lo anterior, el país ha estado aumentando continuamente la ya elevada dependencia petrolera, la cual llega en este momento al 65% del consumo nacional de energía.

1. Balancear y equilibrar lo económico, lo ambiental y la seguridad del suministro de energía como parte de una política energética exitosa

Como lo he venido señalando en varias columnas anteriores, los países exitosos realizan un balance entre los tres ejes o dimensiones del Trilema Energético:

  • Seguridad del suministro energético.
  • Acceso equitativo y asequibilidad en los precios de la energía (“energy price affordability”).
  • Sostenibilidad ambiental del sistema energético.

La evidencia en el mundo muestra que el balance entre estos tres ejes claves es la base de cualquier política energética exitosa.

Por el contrario, los datos sobre Costa Rica muestran que la evolución negativa de varios aspectos claves del sistema energético nacional ha venido creando un desbalance y un desequilibrio en los tres ejes o dimensiones anteriores.

2. Desbalances en el Trilema Energético nacional y retroceso de la transición energética

La información disponible muestra que en el país ha venido ocurriendo lo siguiente:

  • Menor seguridad energética al aumentar continuamente la ya elevada dependencia energética nacional del volátil e incierto mercado petrolero internacional y al mantener una alta dependencia climática en el sistema nacional de generación eléctrica. La base de la generación mantiene una participación predominante de la generación hidroeléctrica, que es la fuente de energía más vulnerable e impactada por el cambio climático.
  • Costos altos y precios volátiles que afectan la equidad y la asequibilidad en precios.
  • Mayores emisiones al ambiente, incluyendo gases de efecto invernadero.

Por acción e inacción, se ha venido creando un desbalance en el desarrollo energético del país que ha terminado impactando negativamente los ejes de seguridad energética, de equidad y asequibilidad en precios y de sostenibilidad ambiental (mayores y crecientes emisiones al ambiente):

  • Por inacción, las ideologías y los dogmas han conducido, entre otras cosas, a una parálisis de aquellas propuestas que se dice que se van a implementar pero que terminan no llevándose a cabo debido a la falta de arraigo con la realidad, la falta de capacidad financiera, la falta de capacidad institucional y los altos costos de las propuestas.
  • Por acción, las ideologías y los dogmas han generado obstáculos y bloqueos a iniciativas energéticas claves que se están dando en otros países del mundo para impulsar la transición energética, lo cual ha deteriorado también la situación ambiental del sector energético nacional.

Lo paradójico es que, al actuar de esta manera, sin buscar un balance y un equilibrio entre los tres ejes del Trilema Energético, que es lo que hacen los países exitosos, la política energética nacional los ha perjudicado, incluyendo el eje ambiental.

La irreal e ineficaz política energética nacional de escritorio ha estado creando los siguientes resultados negativos:

  • La demanda de derivados importados de petróleo ha venido creciendo continua y sistemáticamente, los cuales han venido sustituyendo y desplazando las fuentes nacionales renovables de energía. Esto está aumentando permanentemente la dependencia energética del exterior y la dependencia del petróleo, la cual ya llega al 65% del abastecimiento energético nacional actualmente y sigue creciendo.
  • En todos los sectores de consumo de energía en el país, los derivados de petróleo importados están desplazando en su crecimiento a las fuentes nacionales renovables de energía (incluyendo en los sectores residencial, industrial, comercial y servicios).
  • De acuerdo con los planes de expansión de RECOPE y del ICE con un horizonte hacia el 2040, el consumo de derivados de petróleo importados crecería más rápido que el consumo de electricidad generada con fuentes renovables de energía. La participación de los derivados de petróleo importados en la matriz energética, en lugar de estar disminuyendo, más bien continuaría aumentando en el futuro en detrimento de las fuentes renovables nacionales de energía.

Para enfrentar la creciente demanda de derivados de petróleo importados, RECOPE ha venido aumentando sus capacidades e infraestructura de importación (con un nuevo puerto petrolero de mucho mayor capacidad de importación que el anterior) y más tanques de almacenamiento.

  • La alta y creciente petrolización importada de alto costo y la alta volatilidad energética ha provocado un importante retroceso en la transición energética y una elevada y creciente vulnerabilidad al exponerse cada vez más el país a los vaivenes del mercado petrolero internacional en cuanto a las alzas abruptas en precios y a la reducción de la seguridad de suministro.

La situación se deterioraría aún más con la tendencia actual de crecimiento continuo de la dependencia nacional de los recursos petroleros producidos en el exterior.

  • Como consecuencia del creciente consumo de derivados de petróleo importados, las emisiones al ambiente continúan creciendo aceleradamente (incluyendo los gases de efecto invernadero), por lo que el país continúa carbonizándose, en lugar de estar descarbonizándose.

Esta situación ha provocado que el país incumpla cada vez más los compromisos adquiridos internacionalmente. Sin contar con los estudios necesarios, los gobiernos de turno en el 2015 y en el 2020 establecieron compromisos internacionales de llevar a cabo una trayectoria de reducción de las emisiones nacionales.

Pero la realidad muestra que más bien el país se ha enrumbado en una trayectoria de emisiones crecientes, lo que ha provocado un incumplimiento total de los compromisos internacionales de reducción de emisiones adquiridos dentro del marco del Acuerdo de París del 2015.

Lo anterior fue analizado y demostrado, con datos oficiales, en varias columnas anteriores relacionadas con los significativos incumplimientos del país de los compromisos adquiridos internacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero dentro del marco del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

  • No se están reduciendo los costos nacionales de la energía a los niveles internacionales, lo cual crea serios problemas de competitividad que reducen la capacidad de crecimiento económico y de progreso social del país.
  • No se está dando tampoco la necesaria diversificación de las fuentes de energía, como está ocurriendo en el mundo, para ir adoptando las nuevas fuentes de energía de menor costo, mayor seguridad energética y menores emisiones al ambiente.
  • El abastecimiento energético nacional es muy vulnerable, ya que dos fuentes de energía tradicionales representan el 81% del abastecimiento energético nacional (65% de los derivados de petróleo importados más 16% de la hidroelectricidad). Esto genera una altísima dependencia externa y una elevadísima vulnerabilidad.

El suministro de derivados de petróleo tiene una elevada vulnerabilidad externa debido a que proviene del mercado petrolero internacional, el cual es sumamente volátil e incierto.

El suministro eléctrico tiene una elevada vulnerabilidad externa debido a que el sistema de generación tiene una altísima dependencia de la generación hidroeléctrica.

Esta fuente de energía es la más vulnerable al cambio climático, el cual crea, entre otras cosas, épocas secas más intensas y frecuentes que reducen significativamente la generación de electricidad en estas épocas.

La electricidad representa el 22% del abastecimiento energético nacional y, dentro de este suministro, la generación hidroeléctrica representó el 73% de la generación eléctrica en el 2022, que es equivalente al 16% del abastecimiento energético nacional.

Afortunadamente, el ICE tomó la decisión correcta este año de realizar una diversificación parcial de la composición de la matriz energética de la generación eléctrica nacional con el desarrollo de nuevas plantas de fuentes renovables de energía con una capacidad total de 412 MW, las cuales serían solares (270 MW), eólicas (122 MW) y de biomasa (20 MW).

Con respecto a las plantas de respaldo térmico del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), que proveen la confiabilidad y seguridad de suministro eléctrico, éstas siguen siendo totalmente dependientes del volátil petróleo importado en la forma de los caros búnker y diésel.

Estos dos combustibles casi no se usan en el mundo para generar electricidad debido a su alto costo y a las más elevadas emisiones al ambiente con respecto a otras opciones que se usan internacionalmente, como la biomasa y el gas natural.

Aunque el abastecimiento nacional de electricidad seguirá dependiendo fuertemente de la hidroelectricidad, la decisión de diversificar el sistema de generación con energía solar, eólica y biomasa tendrá un efecto muy positivo en reducir parcialmente la alta vulnerabilidad al cambio climático del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

3. Conclusiones

En Costa Rica, contrario a lo que ha venido ocurriendo en el mundo, la transición energética no solamente ha sido ineficaz, sino que más bien se ha venido dando un retroceso, donde los caros derivados de petróleo importados han venido desplazando a las fuentes nacionales renovables de energía.

Este retroceso en transición energética continuará en el futuro según los datos oficiales contenidos en los planes de expansión de RECOPE y del ICE hacia el 2040.

Es importante señalar que mientras en el mundo la energía producida localmente (renovable y no renovable) se está priorizando sobre las importaciones energéticas, incluyendo la energía firme que provee el necesario respaldo energético a los sistemas eléctricos.

Lo anterior porque se tiene claro que la energía (renovable y no renovable) de origen nacional tiene mucho más seguridad energética y tarifaria y un menor costo, ya que es más difícil que ésta sea alterada (en precios, en seguridad de suministro, etc.) por eventos externos previsibles y no previsibles, por lo que el abastecimiento local de energía está surgiendo como un objetivo nacional superior.

A diferencia de lo que está sucediendo en el mundo, la política energética nacional no ha tenido el abastecimiento local de energía como un objetivo primordial del país.

Mientras que la dependencia petrolera de Costa Rica es actualmente del 65% (y creciendo), en el mundo es del 30% (y decreciendo).

Al no ser la producción nacional de energía una prioridad, el país se ha convertido en un gran y creciente importador de energía.

En gobiernos pasados se afectó fuertemente la dimensión del Trilema Energético relacionado con la seguridad energética, incluyendo la del SEN (ante la insuficiencia de la generación de las plantas hidroeléctricas por razones climáticas).

La afectación en el SEN condujo también de manera simultánea a un fuerte impacto en las otras dos dimensiones del Trilema (la asequibilidad en precios y la sostenibilidad ambiental), ya que las tres dimensiones están interrelacionadas.

Se ha estado abriendo una brecha energética alarmante y una dependencia petrolera más amplia y creciente, la cual es además con petróleo importado en la forma de derivados.

Las emisiones al ambiente han venido creciendo aceleradamente y la seguridad y la competitividad energéticas se han vuelto más vulnerables.

Los altos costos de la energía tienen un impacto importante directo e indirecto sobre las finanzas de las empresas y de las personas, así como el desarrollo económico y social y el bienestar del país.

Los costos energéticos indirectos son aquellos que se dan a través de los mayores costos que se reflejan en los precios de los bienes y servicios que se producen en el país.

Esto ha venido ocurriendo con el conocimiento de todos, incluyendo los consumidores nacionales de energía (individuales y del sector empresarial), que son los principales afectados (en costos, etc.), sin que se hayan tomado acciones relevantes para incidir en la política pública energética desde la participación ciudadana.

La participación ciudadana es un proceso formal. Sobre este tema, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas) señala “la participación ciudadana en la gestión pública implica un proceso de construcción social de las políticas públicas”.

En La República

Por Roberto Dobles

Ha sido Ministro de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones y también Ministro de Ciencia y Tecnología. Ha ocupado la Presidencia Ejecutiva de RECOPE y del ICE, del Gobierno de Costa Rica. Presidente del Foro Global Ambiental a Nivel Ministerial de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Presidente del Consejo de Administración (“Governing Council”) del PNUMA. Vice Presidente de la Tercera Asamblea General del “Global Environment Facility” (GEF). Fundador de la Red de Carbono Neutral de la ONU (“Climate Neutral Nework”). roberto.dobles@gmail.com