Roberto Dobles: El fracaso de la política energética nacional

Se debe buscar la transformación del sector energía para convertirlo en un fuerte cimiento de la economía nacional que impulse de manera determinante el desarrollo del país.

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Roberto Dobles, Ingeniero.

Uno de los pensadores y psiquiatras más destacados de la historia, Carl Jung, tenía la siguiente frase: “Tú eres aquello que haces, no lo que dices que harás”. Dentro de este contexto, lo importante es lo que se cumple y se logra, no lo que se promete.

Inicio la columna con esta frase de Carl Jung porque también aplica a todo, incluyendo la política energética y los planes nacionales de energía del país.

Como lo he señalado en otras columnas anteriores, en los últimos gobiernos esta política y estos planes han sido de escritorio, y fueron elaborados sin realizar todos los estudios necesarios (técnicos, económicos, financieros, sociales y políticos) y sin ningún arraigo con la realidad.

Al ser de escritorio, no tuvieron tampoco las capacidades necesarias para poder ser ejecutados, por lo que no solamente no han obtenido ningún efecto relevante sino que más bien han deteriorado aún más la grave situación energética nacional y han causado un retroceso.

El fracaso que ha tenido la política energética nacional por muchos años es muy grave porque la energía es un componente fundamental para el desarrollo económico y social y para toda la sociedad en general.

1. La energía: un factor fundamental que impacta fuertemente el desarrollo de un país

La energía está íntimamente relacionada con la economía y la actividad de todas las personas e impacta fuertemente a toda la sociedad, ya sea positiva o negativamente, según los logros o los fracasos de esta política.

La energía es cada vez más una piedra angular de la economía de los países y de la economía moderna, ya que incide de manera clave en la fortaleza o en la debilidad de la capacidad nacional de realizar un trabajo, así como el costo de esta capacidad con respecto a otros países.

En el mundo se tiene claro que la energía es un elemento clave de la economía moderna y que se ha convertido en un factor estratégico en la competencia global y que es uno de los factores estratégicos que están conduciendo las decisiones de las empresas.

Todo lo que hacemos en la vida cotidiana requiere de energía, ya que ésta es uno de los insumos más importantes para el desarrollo económico y social de un país, así como para la calidad de vida y el desarrollo humano.

La energía proporciona un componente fundamental para prácticamente todas las actividades humanas, tales como la producción, transporte, distribución, almacenamiento y cocción de alimentos, refrigeración y calefacción, iluminación, operación de los hospitales y clínicas de salud, educación, producción de todos los bienes y servicios, transporte de personas y de carga, esparcimiento y extracción de minerales fundamentales para el desarrollo, entre muchas otras cosas.

El acceso a energía abundante, diversificada, asequible, competitiva, segura y más limpia es cada vez más importante para el desarrollo de cualquier país.

Desde la perspectiva social, la energía se encuentra en todo nuestro alrededor. Es el elemento vital para hacer que todo suceda, desde el uso de electrodomésticos, esparcimiento, ir en vehículo o en autobús al trabajo, hasta hacer cosas que impliquen movimiento o actividad.

Desde un punto de vista físico, el uso de la energía impulsa la productividad y el crecimiento económico y es un componente crítico para el funcionamiento y desempeño de cualquier economía moderna.

El principio de que el crecimiento económico y social y la demanda de energía están totalmente vinculados siempre ha sido de conocimiento público. A medida que la economía de un país crece, aumenta la demanda de energía, por lo que si la energía de un país no es competitiva internacionalmente o está restringida, el crecimiento del PIB se ve afectado.

El acceso a fuentes de energía nacionales competitivas internacionalmente es un elemento vital para potenciar el desarrollo económico y social.

El abastecimiento energético moderno es así un poderoso motor del desarrollo económico y social que es cada vez más importante.

La evidencia muestra que ningún país ha logrado desarrollarse sin tener garantizado un suministro energético competitivo, abundante, sostenible y diversificado y que los servicios energéticos estén disponibles para toda la población.

Muchos factores influyen en el suministro de energía, entre los que destacan su disponibilidad, el precio y la accesibilidad. La dotación de un país de fuentes de energía y el ritmo en que estas fuentes se desarrollan y distribuyen es clave para lograr aumentar la riqueza energética nacional que crea un gran impulso económico y social.

2. Política energética nacional de escritorio desconectada de la realidad

A pesar de que el abastecimiento energético es fundamental para el desarrollo económico y social, la calidad de vida y el desarrollo humano, sorprende que en Costa Rica este abastecimiento se maneje de una manera tan nefasta con políticas y planes energéticos de escritorio totalmente desarraigados de la realidad.

Esta situación de desarraigo de la realidad ha venido conduciendo a un continuo retroceso energético. En otras palabras, a un continuo retroceso de la capacidad nacional para realizar trabajo (para producir bienes y servicios, transportar carga y personas, etc.) y para el esparcimiento, entre muchas otras cosas.

La política y los planes energéticos de escritorio de los últimos gobiernos han estado muy desconectados de la realidad, e inclusive de sus instituciones estatales y de los otros actores del sector energético nacional.

El rotundo fracaso de la política energética y de los planes energéticos nacionales de escritorio, desarraigados de la realidad nacional e internacional y sin capacidad de ejecutoria, han provocado un retroceso sostenido de muchos de los factores del sector energético nacional, como los siguientes:

  • Aumento acelerado de la dependencia nacional de los caros y volátiles derivados de petróleo importados, la cual representa actualmente el 64,3% del consumo energético nacional.
  • Aumento de la sustitución y del desplazamiento de las fuentes renovables nacionales por los derivados de petróleo importados.

Sólo en el período 2015-2019, el abastecimiento nacional con fuentes renovables nacionales bajó un 4% y el abastecimiento con derivados de petróleo importados aumentó un 3%.

Y lo peor es que, de acuerdo con las proyecciones de RECOPE, la demanda nacional de derivados de petróleo importados va a aumentar 37,5% al 2039. Y de acuerdo con la proyecciones del ICE, la demanda nacional de electricidad, con fuentes renovables nacionales, va a aumentar un 31,1%.

De esta manera, la ya altísima dependencia de los derivados de petróleo importados continuaría aumentando fuertemente en detrimento de las fuentes renovables nacionales.

  • Empobrecimiento energético permanente del país, a pesar de que la naturaleza lo dotó de un importante y diversificado potencial energético.
  • Nula diversificación energética, ya que el abastecimiento energético se concentra en un 80% en únicamente dos fuentes de energía, las cuales son también las más vulnerables a eventos externos fuera de nuestro control: los derivados de petróleo importados con un 64,3% y la hidroelectricidad nacional con un 15,4%.

Los derivados de petróleo importados son altamente vulnerables (en costos, abastecimiento, etc.) a los vaivenes y crisis impredecibles del mercado petrolero internacional.

La hidroelectricidad es la fuente de energía renovable más vulnerable (en costos, abastecimiento, etc.) a la evolución del cambio climático (estaciones secas más intensas, sequías más fuertes, etc.) que está creando estragos en todo el mundo.

Al estar en los trópicos, Costa Rica se encuentra en una de las regiones del planeta más impactadas y más vulnerables al cambio climático.

  • Disminución de la seguridad energética al aumentar continuamente la enorme concentración del abastecimiento energético nacional en solamente esas dos fuentes que son las más vulnerables.
  • Pérdida de competitividad energética que provoca serias dificultades al desarrollo económico y social del país.
  • Concentración del desarrollo energético nacional en las energías tradicionales, debido a la falta de competencia entre las diferentes fuentes de energía. Esta falta de competencia limita también la transición energética.

Mientras tanto, en el mundo se está dando una creciente competencia entre las diferentes fuentes de energía que está impulsando la transición energética y que induce abundantes y diversificados suministros de energía.

De acuerdo con los estudios internacionales, la matriz energética mundial prevista para el 2040 será la más diversificada jamás vista en la historia de la humanidad.

Costa Rica no estará en esa situación, ya que los datos muestran que, si no hay un cambio radical en la política energética, la situación energética nacional continuará deteriorándose, sin transición energética (y más bien en retroceso) y con una alta concentración en las energías tradicionales más vulnerables a eventos externos fuera de nuestro control.

  • Bloqueo directo e indirecto de las tres fuentes de energía que están liderando actualmente la transición energética en el mundo: la energía solar, la energía eólica y el gas natural.
  • Contrario a lo que ocurre internacionalmente, la producción de fuentes nacionales de energía no es vista como un sector productivo importante que pone a la disposición la gran y muy variada riqueza energética nacional para generar crecimiento económico y bienestar social.
  • Aumento continuo de las emisiones al ambiente del sector energético (incluyendo gases de efecto invernadero que inciden en el cambio climático). Entre otras cosas, este aumento está provocando un gran retroceso nacional y el incumplimiento de los compromisos internacionales de reducir las emisiones de gases, incluyendo el Acuerdo de París.

3. Conclusiones

El fracaso de la política energética nacional es muy grave porque incide muy negativamente y de manera muy fuerte en el desarrollo económico, el bienestar social, la calidad de vida, el desarrollo humano y en general en todo el quehacer humano.

Se debe buscar la transformación del sector energía para convertirlo en un fuerte cimiento de la economía nacional que impulse de manera determinante el desarrollo del país.


Publicado originalmente en La República

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