Roberto Dobles: La transición energética: un cambio necesario pero complejo, lento y con altos requerimientos de capital

La evidencia internacional muestra que en medio de un cambio fundamental enfocado en la ruta hacia las energías más limpias, el sistema energético mundial se volvió sorprendentemente más frágil, más vulnerable y más fácil de desequilibrar de lo que era antes, lo cual condujo a la crisis energética que actualmente se está viviendo en el mundo.

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Roberto Dobles, Ingeniero.

El término transición energética se refiere al proceso continuo de sustitución del abastecimiento y del consumo actual de combustibles fósiles por fuentes de energía bajas en emisiones de gases de efecto invernadero.

Dentro de este contexto de cambio, existe también una transición al interior del grupo de las energías renovables, donde aquellas de menor costo (particularmente la solar y la eólica) están aumentando más rápidamente su participación en la matriz energética mundial con respecto a todas las otras renovables.

Lo mismo está ocurriendo al interior del grupo de los combustibles fósiles, donde el gas natural está aumentando su participación dentro de la matriz energética mundial en detrimento del petróleo y del carbón.

Es un cambio radical que permitiría pasar del statu quo energético actual a un nuevo sistema energético radicalmente diferente al actual.

Se trata de un cambio estructural muy importante en los sistemas energéticos de los países, tanto a nivel de la oferta como de la demanda.

La transición energética y la ruta hacia una economía baja en emisiones de carbono serán también intensivas en metales y otros materiales de la minería.

Como bien lo señala un reciente artículo titulado “The raw-materials challenge: How the metals and mining sector will be at the core of enabling the energy transition”, publicado por McKinsey & Company, “a medida que aumenta el avance hacia tecnologías más limpias, el sector de los metales y la minería se pondrá a prueba: deberá proporcionar las inmensas cantidades de materias primas necesarias para la transición energética”.

A nivel de la oferta energética, hay que sustituir a nivel mundial un sistema de abastecimiento energético dominado por los combustibles fósiles en más del 80% a un sistema de abastecimiento energético dominado por las energías renovables y otras energías más limpias.

A nivel de la demanda, hay que sustituir un sistema de consumo energético dominado actualmente también en más del 80% por los combustibles fósiles.

Parte de los muchos requerimientos importantes para que este cambio radical ocurra son la competitividad económica de las nuevas fuentes de energía y de sus sistemas de distribución, la seguridad energética del abastecimiento, la flexibilidad de la escala de la red eléctrica, el almacenamiento de electricidad (particularmente en baterías) y las súper redes para que las tecnologías de energías variables e intermitentes y muy dependientes del clima (como la solar y la eólica) puedan suministrar competitivamente la energía eléctrica requerida.

Esto es particularmente importante para la energía solar y la eólica. Ambas están liderando por mucho la lenta transición energética que se está dando actualmente en el mundo por ser las dos que tienen actualmente el costo más bajo. Y se prevé que a futuro los costos bajarán aún más debido a los continuos adelantos tecnológicos que se están dando.

Hay que tener presente también que las grandes inversiones que hay que realizar en el desarrollo de las energías renovables y otras fuentes limpias o más limpias de energía son sólo una de las múltiples piezas del rompecabezas de la transición energética.

Entre las muchas otras piezas importantes del rompecabezas para tener éxito se encuentran la transformación de toda la infraestructura eléctrica para crear, entre otras cosas, redes eléctricas inteligentes y la electrificación de sectores económicos enteros que en este momento consumen combustibles fósiles, incluyendo el desarrollo de la movilidad eléctrica en todo el sector del transporte.

El desarrollo masivo de la infraestructura de transporte eléctrico y de almacenamiento de energía, asociado a un mayor uso de las nuevas tecnologías que están emergiendo para mejorar la eficiencia energética, son igualmente piezas claves del rompecabezas de la transición energética.

El Oxford Institute for Energy Studies de la Universidad de Oxford del Reino Unido, ha señalado que la transición energética implica, entre otros aspectos, cambios radicales en al menos tres dimensiones fundamentales que están fuertemente interrelacionadas:

  • Los elementos tangibles del sistema energético, los cuales incluyen la tecnología, la infraestructura, el mercado, los equipos de producción, los patrones de consumo y las cadenas de distribución.
  • Los actores del sistema energético y su conducta, lo cual incluye las nuevas estrategias y los patrones de inversión, así como el cambio de las coaliciones y las capacidades de los actores públicos y privados.
  • Los regímenes socio-técnicos que contienen las regulaciones, las políticas formales y las instituciones, así como la mentalidad y las creencias de la gente y las opiniones sobre la nueva normalidad y las prácticas sociales.

Un artículo escrito por el reconocido experto internacional Daniel Yergin, titulado “Why the Energy Transition Will Be So Complicated”, señala que la transición energética es mucho más compleja de lo que se cree y que a menudo no se comprende bien el grado en que el mundo depende de los combustibles fósiles y cómo manejar esta problemática. Este artículo muestra también las grandes dificultades de realizar una sustitución progresiva y ordenada de los combustibles fósiles de los cuales el mundo depende fuertemente.

Como consecuencia de todo lo anterior, muy a menudo se proponen “soluciones” simplistas, y muchas veces populistas, que no solamente no cumplen con sus objetivos, sino que más bien agravan la situación energética, tal como ha ocurrido en Costa Rica.

Es importante tener claro que una transición energética no se puede realizar introduciendo fuentes nacionales de energía caras y no rentables económicamente o creando desbalances o desajustes entre la oferta y la demanda energética o desabastecimientos de las energías no renovables ya que se crean serios problemas de altos costos de la energía e inseguridad energética que a su vez crean obstáculos a la transición energética y serias dificultades al sistema económico y social por las escaladas de precios que ocurren.

Lo anterior fue casualmente lo que ocurrió con la crisis energética de altos costos que vive el mundo, la cual se inició en el segundo semestre del año pasado a causa de una subinversión mundial de varios años en el desarrollo de los combustibles fósiles que redujo la disponibilidad mundial de estos combustibles.

Ante el surgimiento de un robusto crecimiento económico en el mundo, después de los efectos económicos dañinos de la pandemia, se dio un sólido crecimiento de la demanda de petróleo y de gas natural, lo cual creó un fuerte desbalance entre la oferta y demanda, que a su vez creó una fuerte alza en los precios de los combustibles fósiles, que provocó una gran disminución en el crecimiento económico mundial.

Este desbalance energético se magnificó con la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de este año, que redujo aún más la disponibilidad mundial de petróleo y de gas natural.

Esta problemática ha sido ampliamente documentada en muchos análisis, como los que se encuentran en los dos artículos siguientes:

i. Lessons for the energy transition from the 2021 energy crisis (World Economic Forum, October 2021)

ii. The first big energy shock of the green era. There are grave problems with the transition to clean energy (The Economist, October 2021)

La transición hacia fuentes de energía más limpias necesariamente debe estar diseñada también para hacer que los nuevos sistemas energéticos sean más competitivos y más resistentes a los impactos de eventos externos.

La evidencia internacional muestra que en medio de un cambio fundamental enfocado en la ruta hacia las energías más limpias, el sistema energético mundial se volvió sorprendentemente más frágil, más vulnerable y más fácil de desequilibrar de lo que era antes, lo cual condujo a la crisis energética que actualmente se está viviendo en el mundo.

Esta ha sido una lección basada en la cruda realidad que deberá ser corregida en el futuro, la cual demuestra claramente que la transición energética no podrá ser exitosa sin no se da una disponibilidad importante en la oferta de petróleo y de gas natural y una disponibilidad de fuentes sustitutas de bajo costo.

En cuanto a los principales combustibles fósiles y a la transición energética entre ellos, los expertos estiman que el gas natural desplazará primero al carbón del segundo lugar y luego al petróleo de su primer lugar hacia el 2040, el cual pasará al segundo lugar. Ambos recursos energéticos continuarán siendo dominantes por varias décadas más.

Dentro de este complejo contexto, hay que tener presente que el llevar a cabo una transición energética requiere de la disponibilidad de una enorme cantidad de recursos.

Un artículo titulado “The energy transition will be expensive”, publicado este mes por The Economist, relata la magnitud del esfuerzo que implica realizar la transición energética, donde todavía en algunos casos no existen o no son comerciales muchas tecnologías que serán necesarias:

  • Todavía se deben encontrar las tecnologías para fabricar cemento o volar aviones de manera limpia pero económica, o para capturar las emisiones de carbono de esas industrias.
  • La electricidad suministrada a la red debe ser limpia y las redes deben actualizarse para hacer frente a una mayor demanda cuando todo funcione con electricidad.
  • La transición energética es un proyecto vasto y costoso. Los defensores de la inversión verde a menudo han presentado esto como una ventaja: la gran inversión en infraestructura sería parte de un «nuevo acuerdo verde», financiado por préstamos gubernamentales baratos.
  • La inflación ahora ha dejado en claro que hay demasiado gasto en las economías del mundo. Los costos de los intereses de la deuda están aumentando a medida que los bancos centrales actúan para frenar la creciente inflación.
  • El atractivo de un estímulo fiscal verde se ha disipado. Lejos de agotarse, un mayor gasto público ahora desplazará la actividad del sector privado y aumentará aún más los precios. El modelo de gasto verde ya no es el nuevo trato verde.
  • La mala noticia es que el costo de la transición climática para los contribuyentes será mucho mayor que lo previsto.
  • Hay que tener claro que la alta inflación y las economías sobrecalentadas significan que ya no es un buen momento para aumentar los déficits.

Excepto por los países petroleros y gasíferos que generan una enorme cantidad de recursos fiscales y de divisas con sus exportaciones, el problema es que el financiamiento público tiene límites importantes en la gran mayoría de los países por los grandes y crecientes déficits fiscales que tienen actualmente.


Publicado originalmente en La República

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