Rodrigo Arias: La abolición del ejército

Abracemos lo que implica ser costarricense, con las grandes glorias de nuestra historia. Defendamos nuestra idiosincrasia, nuestros valores y sigamos siendo para el mundo la promesa y la seguridad de que el milagro de vivir en paz es posible.

0

Rodrigo Arias Sánchez, Presidente de la Asamblea Legislativa.

Hay fechas del calendario que llenan de orgullo y gloria a nuestro país. El 1 de diciembre es una de esas fechas que tiene un enorme significado simbólico e histórico. Este es el día que refleja los valores más profundos del ser costarricense: la libertad, la democracia, el diálogo y la paz.

Hace 74 años, el ex – presidente José Figueres Ferrer, con un golpe de un mazo sobre las paredes del Cuartel Bellavista, dio por abolido el ejército como institución permanente. Esta decisión quedó plasmada en nuestra Constitución Política, y marca la historia nacional desde ese entonces.

Cuando don Pepe dio aquel mazazo inmortal, no solo eliminó la posibilidad de que Costa Rica contara con fuerzas armadas. Ese mismo día apostó porque los recursos que usualmente se utilizaban para financiar la institución castrense, pasaran a ser parte de la inversión social.

Como lo dijo el presidente Figueres Ferrer en su discurso, aquel 1 de diciembre de 1948: “El Ejército regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este Cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural.”

A raíz de esta decisión, surgió la interrogante de cómo resguardaríamos nuestra seguridad nacional y nuestro territorio.

La respuesta siempre fue obvia. Nuestro territorio, nuestra soberanía y nuestra seguridad nacional descansan en el Derecho Internacional, en el multilateralismo y en la inquebrantable vocación de paz. Por ello, muchos no dejan de vernos como si fuésemos un milagro en medio de la constante inestabilidad mundial.

Este “milagro”, como lo llaman algunos, pero que para los costarricenses es un hecho natural de nuestro estilo de vida y de desarrollo, constituye una de las columnas de la libertad y la democracia que hemos construido.

Es en este contexto que nuestra identidad como nación quedó marcada para siempre y que nos diferencia de la inmensa mayoría de las naciones del planeta.

Por ello conviene que recordemos esta fecha y que defendamos con toda nuestra fuerza el espíritu civilista que nos anima. Es nuestro deber y nuestra obligación impedir que el autoritarismo político y el militarismo nazcan y crezcan en nuestro territorio.

Es también nuestro deber recuperar los niveles de inversión social que nos enorgullecieron en el pasado y que hoy se imponen como un reto prioritario en nuestro accionar político.

Ante esos desafíos, evitemos la polarización y apostémosle al diálogo. Que, en medio de las diferencias, sea la palabra negociadora, y no el ataque hiriente, la que impere.

La búsqueda de consensos, llegar a puntos de encuentro, ceder y conceder al adversario cuando sea necesario, debe ser siempre nuestro norte.

Esa es la vía costarricense y el secreto de nuestro desarrollo.

Amigos y amigas,

Permítanme, además, compartir un dato adicional de nuestra historia que no puede pasar desapercibido. El 1 de diciembre no es solo significativo en la vida nacional por la abolición del ejército.

Mucho antes, un 1 de diciembre de 1821, hace 201 años, entró en vigor el Pacto Social Fundamental Interino, también llamado Pacto de Concordia. Esa fue nuestra primera Constitución Política, redactada, negociada y acordada por nuestros antepasados, en nuestro territorio.

Recién asumida la independencia de España, unas personas comprometidas con darle vida a nuestra incipiente nación, pusieron todo su empeño, buscaron acuerdos y nos legaron un instrumento jurídico a partir del cual fue posible crecer y desarrollarnos.

No olvidemos tampoco lo simbólico de esta segunda efeméride que celebramos hoy. Ambos hechos, nuestra primera Constitución Política completamente nacional y la abolición del ejército, son motivo de constante orgullo y merecen todo nuestro honor.

Señores y señoras: abracemos lo que implica ser costarricense, con las grandes glorias de nuestra historia. Defendamos nuestra idiosincrasia, nuestros valores y sigamos siendo para el mundo la promesa y la seguridad de que el milagro de vivir en paz es posible.

Muchas gracias.

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...