Rodrigo Arias: Palabras acto 15 de setiembre

Nuestra aspiración colectiva debe ser que cualquier costarricense tenga la libertad para ser artífice de su propio destino. Eso implica que cada quien tenga acceso a una vivienda digna, a un servicio de salud cada vez mejor, que la cultura esté al alcance de sus manos, que tenga una educación de primer orden que le permita enfrentarse al mundo y, por supuesto, que cuente con un trabajo que le dignifique y le haga prosperar.

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Rodrigo Arias Sánchez, Presidente de la Asamblea Legislativa.

Señor Rodrigo Chaves Robles, Presidente de la República
Señora Patricia Solano Castro, Presidenta a.i. de la Corte Suprema de Justicia
Señora Eugenia Zamora Chavarría, Presidenta del Tribunal Supremo de Elecciones
Señora Anna Katharina Müller Castro, Ministra de Educación Pública
Señor Johnny Araya Monge, Alcalde de San José
Señorita Valentina Alarcón Salinas, estudiante de la Escuela República de Chile
Señoras y señores Embajadores de las Repúblicas de Centroamérica
Señoras y señores del Cuerpo Diplomático
Señoras y señores ministros de Estado
Señoras y señores diputados
Señoras y señores magistrados
Señoras y señores:

Conmemoramos 201 años de vida independiente. Se dice fácil, pero conviene recordar que, en ese período de tiempo, los costarricenses han forjado con paciencia y sabiduría una historia extraordinaria, ejemplo en el concierto de las naciones.

Como todo en la vida humana, ha sido una historia de luces y de sombras, y en esa combinación, a pesar de las adversidades y los defectos, han prevalecido las fortalezas y los méritos. No será distinto ahora, frente a las dificultades del presente. Costa Rica, sabrá vencer y continuar avanzando por la senda de la libertad, la justicia y la democracia.

Tenemos la satisfacción de haber repelido a invasores de otras tierras para defender nuestra libertad; de haber superado dictaduras y poco a poco consolidar nuestra democracia; de haber sobrevivido a graves crisis de salud pública y contar hoy con una expectativa de vida que es ejemplo en el mundo; de haber salido avante de crisis económicas y procurar un desarrollo social lo más amplio posible.

En esos 201 años de vida independiente le declaramos la paz al mundo, aboliendo el ejército y ayudando a silenciar las armas en la región centroamericana. Pasamos de tener una actividad económica basada en un solo cultivo, a tener una economía abierta al mundo, orientada a la alta tecnología, a los servicios y al turismo. Contamos con una seguridad social universal, que busca proteger a toda persona sin distingo de clases y que es ejemplo para muchos países desarrollados que aún no cuentan con un sistema similar.

Sin embargo, Costa Rica de nuevo atraviesa una situación muy difícil y compleja, creo que más difícil y mucho más compleja a la experimentada en los años ochenta del siglo pasado, que aún muchos recordamos.

Hoy no solo estamos en presencia de una crisis económica y social, sino también de una muy posible recesión económica mundial, de situaciones sanitarias que amenazan la sostenibilidad de los sistemas de salud, y de una guerra en Europa que perturba por completo las relaciones internacionales.

En este contexto es evidente que se deben tomar decisiones con sentido de urgencia y con un enfoque responsable y patriótico. Todos los actores políticos, económicos y sociales debemos actuar de forma coordinada para evitar una crisis de consecuencias sociales inimaginables.

Pero trabajar de forma conjunta no implica que debamos renunciar a la manifestación contundente y clara de nuestras diferencias. Lo que debe evitarse es caer en la trampa de quien solo se opone a algo por conveniencia política. Semejante enfoque se aleja de la democracia nacional, destruye los vínculos de la fraternidad, profundiza la crisis de la política y olvida que la mejor forma de hacer patria es aquella que construye a partir de las diferencias.

Nos corresponde en esta fecha tomar la decisión de romper las cadenas que todavía nos siguen aprisionando y que impiden que la libertad de todas y todos los habitantes de esta tierra sea verdaderamente plena.

Amigas y amigos: sobre este país se cierne la espada de Damocles de la crisis económica y social. La inflación golpea a las personas más pobres, las tasas de interés asfixian a una clase media altamente endeudada. Las fuentes de empleo no son tan amplias como quisiéramos y tenemos un crecimiento económico proyectado muy tímido que no permite dar el salto hacia la prosperidad.

Por ello, hay que independizarnos del desempleo, hay que independizarnos de la pobreza, hay que independizarnos de la inseguridad, hay que independizarnos del rezago en educación y hay que independizarnos de todo aquello que pone en peligro la vida del planeta.

Nuestra aspiración colectiva debe ser que cualquier costarricense tenga la libertad para ser artífice de su propio destino. Eso implica que cada quien tenga acceso a una vivienda digna, a un servicio de salud cada vez mejor, que la cultura esté al alcance de sus manos, que tenga una educación de primer orden que le permita enfrentarse al mundo y, por supuesto, que cuente con un trabajo que le dignifique y le haga prosperar.

Concluyo con un pensamiento del insigne educador Omar Dengo que dice:

“Hay que soñar el porvenir, desearlo, crearlo. Hay que sacarlo del alma de las actuales generaciones con todo el oro que allí acumuló el pasado, con toda la vehemente ansiedad de creación de las grandes obras…” Nuestro país aún no termina su travesía, los retos y desafíos del presente anuncian las glorias venideras. Tal como nos lo indica el Pacto de Concordia, Costa Rica desea “conservarse libre, unida, segura y tranquila por un pacto de unión y concordia”. Que sea ese el camino que labremos y transitemos en esta nueva centuria que hoy comienza. Que sea el espíritu de unión y concordia siempre nuestro norte y nuestro guía. Que aspiremos siempre a conquistar nuestro sueño eterno de libertad.

Muchas gracias.

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