Rodrigo Arias Sánchez: Benemeritazgo Luis Alberto Monge Álvarez

Sin duda la Proclama de Neutralidad don Luis Alberto fue un paso definitivo en el desarrollo institucional de Costa Rica.

Rodrigo Arias Sánchez, Abogado, Ex Ministro de la Presidencia.

Benemeritazgo Luis Alberto Monge Alvarez

Sr.Miguel Angel Rodríguez, Expresidente de la República
Señores Expresidentes de la Asamblea Legislativa
Sr. Oscar Izquierdo, Jefe de Fracción del Partido Liberación Nacional
Sra. Dinorah Barquero, Diputada
Sr. Armando Vargas, Exministro
Sr. Guido Alberto Monge, Exdiputado e hijo de don Luis Alberto Monge
Señores Exministros y Exdiputados período 1982-1986
Señoras y señores, autoridades y dirigentes del Partido Liberación Nacional
Familiares de don Luis Alberto Monge
Diputados y Diputadas
Señoras y señores

Hemos sido convocados hoy, para cumplir el solemne mandato de la Asamblea Legislativa, de incorporar el nombre y la figura del expresidente don Luis Alberto Monge Álvarez al selecto elenco de quienes, con su vida y con los surcos que trazaron, merecieron la más honrosa distinción de un pueblo agradecido: el título de benemérito de la patria.

En el curso de los acontecimientos humanos, los instantes emblemáticos se resumen con una sola palabra, que por su fuerza expresa al mismo tiempo conceptos y emociones. Hoy estamos en uno de esos momentos y la palabra que mejor ilustra su significado es el profundo concepto del reconocimiento.

Es probable, como sucede con todas las grandes vidas que se desenvuelven en tiempos turbulentos, que el juicio justo de la historia tarde en llegar para quien se vio enfrentado a decisiones difíciles, polémicas y valientes.

Podemos afirmar sin temor a la equivocación, que don Luis Alberto fue un hombre excepcional, cuya huella indeleble queda como testimonio de sus luchas y logros en la Costa Rica de la segunda mitad del siglo pasado.

Sin pretender hacer un recuento de su biografía, me permito señalar que no es posible entender la vida de don Luis Alberto sin dejar patente que su paso por esta tierra estuvo dominado, casi por completo, por su acción política.

Una práctica política que giró en torno a dos grandes ejes: el primero de ellos tuvo que ver con su inquebrantable voluntad de consolidar nuestra convivencia social, procurando siempre el diálogo constructivo y fortaleciendo las relaciones de cooperación entre los diversos actores de nuestra sociedad.

Desde muy joven, con tan solo 19 años, lidera la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum. Es un sindicalista que abraza la doctrina social de la iglesia.

Su dedicación y esfuerzo le valieron el privilegio de ser el diputado más joven en la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, donde aprendió los conocimientos que destilaban los debates políticos de experimentados juristas y políticos. Acababa de cumplir veinticuatro años.

Luego, como diputado logra la aprobación y resello de la ley del aguinaldo y, posteriormente, la ley de la propina.

Estando de embajador en Israel se familiariza con la filosofía y práctica del cooperativismo, siendo uno de sus promotores más importantes en el país.

Ya como presidente de la República, y gracias a su relación de muchas décadas con don Alberto Martén, logra la aprobación de la ley de asociaciones solidaristas.

De esta forma, don Luis Alberto completa esa visión de una sociedad integrada, donde el desarrollo social está fundado en la cooperación de los distintos sectores sociales y productivos, con una profunda visión democrática.

El segundo gran eje de su accionar político fue el indeclinable compromiso con la búsqueda del progreso económico, la paz y el bienestar de su pueblo, en momentos en que la crisis económica y la guerra, amenazaban con ahogar en la miseria a Costa Rica.

Fue a don Luis Alberto a quien le correspondió rescatar a Costa Rica de los efectos perversos de una de las crisis económicas más profundas que ha enfrentado nuestra nación.

En lo interno, la situación económica era sumamente difícil. Había un alto endeudamiento, la devaluación de la moneda había sido vertiginosa, la inflación era muy elevada, la producción había decaído y se presentó una alta tasa de desempleo. No hubo sector de nuestra sociedad que pudiera evitar un ingente castigo.

Las decisiones que debió tomar el expresidente Monge no fueron fáciles. Privó en él un sentido de responsabilidad con la patria.

Para enfrentar la crisis, se hizo rodear de profesionales formados y experimentados que constituyeron un equipo excepcional.

Le dio al país muestras de seriedad y compromiso en el manejo económico, que permitieron retomar el rumbo y devolverle la tranquilidad a los hogares y a las empresas.

Me imagino los estremecimientos de aquella alma tan comprometida con el avance social de su pueblo, en el trance de tener que apretar la faja fiscal, para salvar la estabilidad macroeconómica del país.

En 1985, ante un grupo de académicos que se reunían en Costa Rica para debatir sobre las dificultades en Centroamérica, el entonces presidente Monge dijo:

“Hemos sufrido una crisis económica de terribles secuelas con espíritu de lucha, confianza firme en el sistema democrático, y lamentable cuota de sacrificio del pueblo, pero avanzamos hacia la estabilidad económica.

Los políticos tenemos la responsabilidad de tomar decisiones para corregir los rumbos, cuando hay pérdida de equilibrio en la convivencia social de la nación.”

Pero no debemos olvidar que, mientras el presidente Monge buscaba con valentía la forma de recuperar esa convivencia social en medio de la crisis económica, Centroamérica ardía.

Costa Rica, se encontraba en una posición muy vulnerable por su dependencia económica con los Estados Unidos.

La guerra que se libraba en Nicaragua nos estaba contagiando inevitablemente y se sentía cada vez más cerca.

El delicado balance entre la búsqueda de la paz y no ser presa de los intereses geopolíticos de las grandes potencias en la Guerra Fría, se constituyó en un verdadero nudo gordiano para el gobierno del presidente Monge.

Mientras el Grupo de Contadora intentaba lentamente abrirse campo por la vía diplomática para poner un alto al fuego en la región, don Luis Alberto realiza un gran  esfuerzo para preservar la paz de las y los costarricenses, tomando la decisión de proclamar la “Neutralidad perpetua, activa y no armada de Costa Rica”.

Sin embargo, el desafío bélico, por su naturaleza misma, fue difícil de controlar. Era un escenario donde participaban fuerzas extra regionales y globales que recurrían a todos los medios para proteger sus intereses.

Los actores involucrados en las guerras centroamericanas no cedieron en sus propósitos sino hasta 1987 cuando se aprobó el Plan de Paz.

Sin duda la Proclama de Neutralidad don Luis Alberto fue un paso definitivo en el desarrollo institucional de Costa Rica.

Esta forma parte de nuestro acervo jurídico y de nuestras normas de conducta internacional y ha sido reconocida por la Sala Constitucional como principio organizador de nuestro quehacer internacional.

Por ello, si hoy otorgamos a don Luis Alberto Monge la distinción de benemérito de la patria, es porque tenemos la madurez de comprender la angustia de sus decisiones, la del gobernante que asume la obligación de sacar a un país avante desde los abismos de una crisis fiscal, frente a las presiones externas que nos empujaban hacia la guerra.

Amigas y amigos:

Desde todas las posiciones que ocupó, don Luis Alberto manifestó un espíritu de servicio poco común y una voluntad de transitar por la vida comprendiendo las angustias cotidianas de su pueblo, sembrando la concordia y la cooperación como fundamentos del bienestar y el progreso en libertad.

En este acto quiero rendir ese reconocimiento a los avances y retiradas a las trincheras de don Luis Alberto.

A sus luces y sus sombras, a sus esfuerzos y sus tropiezos, a sus noches en vela y, al final del día, a la necesidad de que fuera él quien asumiera las responsabilidades y tomara las decisiones complejas, en momentos de incomprensión e incertidumbre.

En medio de las dificultades que hoy vivimos, es imprescindible que recordemos las palabras que dio en su última rendición de cuentas ante la Asamblea Legislativa cuando dijo:

“Busqué inspiración en las raíces de nuestra nacionalidad y tuve siempre presente, en todo momento, estrictamente, que solo ahí y nada más que ahí, en las raíces mismas de lo nuestro, en la esencia de lo auténticamente costarricense, estaba la salvación de nuestro país.”

Es mi voto porque, al recordar estas palabras y otorgar el título de benemérito de la patria, retomemos esa noble idea de Luis Alberto Monge y seamos conscientes de que solo juntos, en unidad, resguardaremos nuestra democracia y alcanzaremos el anhelo de paz social, progreso económico y prosperidad para todos.

Muchas Gracias

 

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