Rodrigo Arias Sánchez, Abogado, Ex Ministro de la Presidencia.

Palabras con motivo del benemeritazgo a Pedro Pérez Zeledón

Señor Carlos Felipe García, Diputado
Señoras y señores diputados
Señores miembros de la familia de Pedro Pérez Zeledón
Distinguidos invitados

Señoras y señores:

Hoy nos reunimos en un acto de reconocimiento y gratitud hacia un ilustre costarricense cuyas contribuciones a nuestro país trascienden el tiempo y el espacio.

Es un honor para mí, como Presidente de esta Asamblea Legislativa, dirigirme a todos ustedes en la solemne ocasión de declarar a don Pedro Pérez Zeledón como Benemérito de la patria.
Don Pedro fue un hombre multifacético que vivió a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en un período crucial en la historia de nuestra amada Costa Rica. Abogado, educador, agricultor, diplomático, político y jurista. A lo largo de su vida, desempeñó una serie de funciones y realizó actividades que marcaron profundamente el rumbo de nuestro país y su relación con el mundo.

Pedro Pérez Zeledón
Pedro Pérez Zeledón (1854-1930)

Uno de esas funciones claves fue el servicio que brindó a Costa Rica como diplomático. Ocupó la jefatura en la legación de Costa Rica en Estados Unidos, donde desempeñó un papel fundamental en la defensa de los intereses de nuestro país en un delicado conflicto fronterizo con Nicaragua. Redactó muchos de los argumentos que se presentaron al presidente Cleveland, lo que finalmente condujo a una resolución favorable para Costa Rica, el conocido Laudo Cleveland.

Su habilidad como diplomático y su incansable dedicación a los asuntos de Estado dejaron una huella indeleble en la historia nacional.

Valga recordar que en los sucesivos diferendos limítrofes que hemos debido enfrentar ante los tribunales internacionales, ese laudo ha sido pieza esencial en la defensa de los intereses nacionales y, por tanto, los argumentos que esgrimió don Pedro Pérez Zeledón siguen siendo hoy tan válidos y necesarios, como lo fueron en el pasado.

En tres ocasiones, Don Pedro ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, lo que habla muy bien de su destacado compromiso con la diplomacia, sus conocimientos sobre la situación internacional y sobre nuestra política exterior y la defensa de los intereses de Costa Rica.

Su labor incansable como abogado del país en la legación de Washington D.C., donde defendió la posición costarricense en el conflicto de límites con Panamá, culminó en el histórico Laudo White a favor de nuestra nación.

Él fue un ejemplo de perseverancia y determinación en la protección de nuestros derechos territoriales.
A pesar de sus numerosos logros, don Pedro rechazó el honor de ocupar el cargo de presidente de la Corte Suprema de Justicia, lo hizo para mantener su posición como abogado en la defensa de los conflictos limítrofes de Costa Rica, y esa decisión es un testimonio de su dedicación y servicio desinteresado al país.

Pero no podemos limitar la narrativa de Pedro Pérez Zeledón a sus actividades como jurista y diplomático. También asumió varias secretarías y subsecretarías de Estado (lo que hoy serían ministerios y viceministerios), y fue mano derecha en la cartera de Educación de Don Mauro Fernández durante la reforma educativa de finales del siglo XIX. Su compromiso con la educación y su visión de un futuro mejor para Costa Rica se reflejaron en su trabajo incansable por mejorar la calidad y la cobertura del sistema educativo nacional.

Habiendo conocido las experiencias de modernización económica y social en Europa y Estados Unidos, fue también un apasionado defensor del desarrollo y la tecnificación agrícola en la Zona de los Santos. Su visión y esfuerzos contribuyeron en gran medida a mejorar la vida en esa región y a fortalecer el sector agrícola de Costa Rica. Justo por eso, un año después de su fallecimiento, el Congreso decide nombrar el décimo noveno cantón de San José en su honor.

Es imperativo destacar la deuda histórica que tenemos con Don Pedro Pérez Zeledón. Sus contribuciones como intelectual, diplomático, educador, agricultor y jurista fueron fundamentales para el crecimiento y desarrollo de Costa Rica en muchos ámbitos, pero especialmente en la defensa e integridad de nuestro territorio. Su legado nos recuerda que siempre existen personas excepcionales individuos excepcionales que trabajan sin descanso para el bienestar de todos.

Hoy, al declarar a Pérez Zeledón como “Benemérito de la Patria”, estamos rindiendo un merecido homenaje a un hombre cuyos logros y habilidades trascienden las barreras del tiempo.

En medio de las angustias y zozobras que hoy experimentamos en el país y en el mundo, podemos recurrir al ejemplo y al legado de próceres como don Pedro, para recordar que no existe reto que no podamos superar si nos lo proponemos con inteligencia y dedicación.

En nombre de la Asamblea Legislativa quiero expresar nuestro más sincero agradecimiento a Don Pedro Pérez Zeledón. En su dedicación, en su amor por la patria, en su incansable servicio a Costa Rica, nutrimos la voluntad de trabajar, un día sí, y otro también, en favor del bien común y de los intereses superiores del país.

Que su vida y su obra continúen guiándonos en la construcción de un sociedad más democrática, más justa y más libre, donde el bienestar de cada persona sea la raíz irrenunciable del bienestar colectivo.

Muchas gracias.

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Por Rodolfo Arias Arias

Novelista y cuentista, que también se ganó la vida como profesor de computación en la UCR y consultor en informática. Sus obras más conocidas son “El emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios”, una novela corta con la que debutó hacia 1991, y “Te llevaré en mis ojos” y “Guirnaldas (bajo tierra)”, novelas publicadas en 2007 y 2013, que recibieron el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría. También ha publicado cuentos, escrito artículos, jugado ajedrez y trotado por la playa.