Rodrigo Madrigal: La lamparita del politólogo

La ciencia política tiene la virtud adicional de ser una ciencia de encrucijada, en la que convergen otras disciplinas, enriqueciéndola con sus valiosos aportes, al incursionar sistemáticamente en ellas.

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Rodrigo Madrigal Montealegre, Politólogo.

Un borrachito buscaba afanosamente sus llaves bajo la luz de un farol. Un vecino acudió a ayudarle y le preguntó adónde las había perdido y le señaló un sitio más alejado. El vecino preguntó por qué no las buscaba en el lugar donde las había perdido y el borrachito le contestó: «¡Porque ahí está oscuro y no llega la luz del farol!»

Al definir al politólogo, siempre hemos repetido jocosamente que es un especialista en generalidades. El ser un generalista lo coloca en desventaja en una sociedad que exige especialistas, a los ‘hombres tornillo’. Pero notamos que, a menudo, los profesionales en otras disciplinas se enclaustran en el campo restringido de su ciencia, luego en el de su especialidad y además se aferran al farol del dogma que los ilumina, por lo que su visión descontextualizada sólo abarca el árbol e ignora el bosque.

El politólogo tiene la ventaja de contemplar un horizonte mucho más amplio, ya que el ámbito de su disciplina es inconmesurablemente vasto. Lo que asimilamos en las universidades confiere apenas una base y un punto de partida, lo que nos obliga a dedicar el resto de la vida a ampliar y a profundizar conocimientos. Además, las súbitas transformaciones de la modernidad y la rápida aceleración de la historia nos obligan, como a Sísifo, a actualizar, a cuestionar y a someter a revisión todo ese bagaje intelectual que hemos asimilado.

La ciencia política tiene la virtud adicional de ser una ciencia de encrucijada, en la que convergen otras disciplinas, enriqueciéndola con sus valiosos aportes, al incursionar sistemáticamente en ellas. Esa amplia sinopsis nos confiere una importante contextualización en la toma de decisiones y nos obliga a cuestionar los dogmas que otros afirman – a menudo con simplismo – como verdades monolíticas, absolutas y universales, conviertiéndonos inexorablemente en esos iconoclastas que tanto necesita le mundo moderno. En lugar de limitarnos, como el borrachito, a la luz estrecha de un farol, incursionamos en la oscuridad, como Diógenes, con nuestra lamparita.

(Oct. l995)


Rodrigo Madrigal Montealegre.
El autor es académico, Politólogo, fundador de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR y Profesor Emérito de esa Escuela y Ex Viceministro de Cultura.

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