Rodrigo Madrigal: Los abogados del diablo

Podremos continuar esta discusión sobre el sexo de los ángeles y los arcángeles; pero todo lo anterior confirma que, por más que se taladre y se desafíe a los hechos, estos siguen siendo tercos y testarudos.

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Rodrigo Madrigal Montealegre, Politólogo.

Años atrás publiqué este artículo, evaluando lo que estaba sucediendo en los ámbitos económicos y políticos. La dirección que se le estaba imprimiendo a la economía claramente apegada al modelo que se nos estaba imponiendo desde afuera, el día de hoy confirman que no estaba tan equivocado hacía donde iríamos a parar.
En el artículo hago referencia a instituciones que han cambiado su nombre o se han transformado, igualmente hago referencia a algunas cifras que en ese momento eran válidas.
Haciendo las aclaraciones del caso les invito a repasar las palabras que escribí en 1993.

 

En esos eternos debates entre los teóricos y los prácticos, entre los Panzas y los Quijotes, siempre hemos creído en aquella máxima que se le atribuye al filósofo Kant: “No hay nada más práctico que una buena teoría.” Decimos esto porque ahora aparecieron en escena dos economistas, uno de los cuales es, nada menos, que el sumo pontífice de nuestros liberales, lo que nos hizo exclamar: “¡Nos taladran, Sancho..!”. Sin embargo, en este Macondo que le hubiera servido de inspiración a García Márquez para escribir no cien, sino “Mil Años de Soledad”, de nada sirve que la realidad se imponga con terquedad y que los hechos sean testarudos.

a- En esta versión tropical de la ínsula de Barataria todo está permitido, como decía el personaje de Dostoievski, hasta que se pontifique paladinamente que aquí no había indios, sino vikingos, armenio y etruscos, o que Cartago no era una colonia fenicia en el norte de África, sino un enclave polinesio en los Países Bálticos. Esa imaginación fecunda –que envidiaría un Balzac- concede licencia para expresar alegremente tales desatinos como el de que Waterloo fue el sitio donde, conforme a su nombre, Napoleón libró una batalla naval, mientras que la de Salamina, por el contrario, fue un combate alrededor de unas minas de sal. Que las Guerras Médicas surgieron cuando unos pacientes griegos, impacientes con unas tarifas poco hipocráticas, apalearon a unos galenos de Asia Menor o que las catilinarias fueron unas filípicas que un tal Cicerón pronunció contra Catalina Arias, una antepasada del Dr. Oscar Arias, por proponer un plan de paz que no aprobaba el Pentágono de Roma. Tal vez tienen razón nuestros amigos, los thermocéfalos, cuando proponen cerrar algunas carreras, como la de historia y la economía.

b- Lo anterior parece confirmarse cuando constatamos que de nada vale la evidencia de que Pinochet –ídolo de los liberales- fue un dictador que desencadenó una sangrienta degollina, que sembró el terror y que a sus adversarios los exterminó o los torturó, sometiéndolos a horribles y humillantes vejaciones. De acuerdo con la versión de los Chicago Boys, jamás arruinó a miles de empresas, ni sumió en la miseria a la clase trabajadora mediante su política liberal, ni convertía en antorchas vivientes a los estudiantes que protestaban, sino que fue un paladín de la democracia, un hombre providencial, un Temistocles, un Pericles que reencarnó para defender la libertad de Chile con su benemérita espada… por lo que su modelo económico debe ser imitado y venerado.

c- Esas aseveraciones me recuerdan a un armenio que me aseguraba que, después del genocidio perpetrado por los turcos, sus compatriotas fueron muy felices. Los neostalinistas justificaban, igualmente, a su ídolo con el argumento de que, a pesar de los enormes sacrificios humanos, Stalin había industrializado a la URSS en una década, gracias a una estatización a ultranza. De igual modo los nazis veneraron a Hitler por rescatarlos de la crisis, gracias al intervencionismo estatal y les prometió convertirlos en amos del mundo. El común denominador con los pinochetistas es la tesis renacentista de que el fin justifica los medios.

d- Si interpretamos las implicaciones del surrealismo liberal de quienes inspiran la política económica del país, nuestra clase trabajadora equivale a una vasta legión de holgazanes, indolentes y perezosos, entregados al “dolce farniente”. Igualmente, los empresarios nacionales no han sido más que una gavilla de ineptos y ociosos sibaritas, que han estado dedicados a la “dolce vita” y a una disipada existencia de caviar, cortesanas y champán. Afortunadamente ahora son rescatados del letargo, de la modorra y del soporte en el que han estado sumidos, al descubrir los liberales la cuadratura del círculo en la desgravación arancelaria y al aplicar la piedra filosofal de un capitalismo salvaje en el que deben competir con las poderosas transnacionales, de acuerdo con la ley de la bestia.

e- De acuerdo con esa manera liberal de razonar de nuestros gobernantes, los cafetaleros – grandes, medianos y pequeños – deben ser igualmente unos agricultores ineptos, incapaces e ineficientes, porque no logran competir y colocar su producción en el mercado internacional, cuando siempre nos hemos vanagloriado de sus métodos avanzados y de su elevada tecnología. Además, ¿por qué los liberales no se rasgan las vestiduras ante los esfuerzos por reactivar el Convenio Internacional del Café, que atropella los postulados medulares de su doctrina y las sagradas leyes de la oferta y la demanda? ¿No es esto una evidente contradicción?

f- Nos aseguran, mediante una deducción dogmática y sin aportar prueba alguna, que el incremento de las exportaciones se debe exclusivamente a la moderada reducción arancelaria aplicada hasta ahora –despreciando el esfuerzo, el ingenio y la tenacidad de la clase empresarial, el efecto estimulante de los incentivos o la positiva labor realizada por CENPRO y CINDE–, por lo que una mayor desprotección es inevitablemente la panacea milagrosa. Es como si un médico le atribuyera todas las virtudes curativas a una pequeña aplicación de morfina, apartando las otras medicinas, y le recetara alegremente a su paciente una sobredosis de ese veneno. Desafortunadamente, si se parte de premisas falsas y de diagnósticos superficiales, las conclusiones no podrán ser más que falacias y quimeras de torre de marfil.

g- “Lo que la nueva estrategia busca –nos dicen- es obligar a todas las empresas  a competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo”. En primer lugar, el derecho que se arrogan de obligar es, obviamente prepotente y coactivo, lo que contradice su pseudoculto a la libertad. Además, lamentamos tener que admitir que no es muy convincente el sofisma de que –a pesar de las enormes desventajas y la pesada cruz de graves distorsiones que tienen que cargar en esa Calle de la Amargura– nuestras empresas podrán competir “en igualdad de condiciones” con poderosas transnacionales que poseen una refinada tecnología, enormes recursos financieros y acceso a vastos mercados que controlan.

h- ¿Es, además, una “igualdad de condiciones” que nosotros eliminemos la tapia que nos rodea, mientras los países poderosos levantan elevados muros medievales? ¿Todos esos descomunales prodigios, todos esos extraños sucesos se lograrán, de acuerdo con esa retórica alambicada, gracias a la venerada “mano invisible” de Adam Smith o a una varita mágica, que poseen estos teóricos iluminados, con lo que todo terminará en una novelita rosa o en un cuento cursi, como el de la Cenicienta?

i- ¿Si el modelo liberal apenas ha comenzado a aplicarse con rigor y nos aseguran que “Costa Rica se supera”, cómo explican que la ONU revela que el crecimiento anual del PIB se precipitó del 5.0 por ciento en la administración del Dr. Arias, a un 1.0 por ciento el año pasado, en el gobierno actual? ¿No es revelador que el prestigioso Instituto de Investigaciones de Ciencias Económicas informe que un 35 por ciento de las familias en el país no satisfacen sus necesidades básicas y que un 18.4 por ciento de nuevas familias habían pasado a engrosar ese vasto contingente de pobreza de 1990 a 1991? A su vez, un informe de MIDEPLAN confirma que “un tercio de los cantones del país viven en condiciones de alta pobreza”. ¿No confirma todo esto, que aquí hay mucho ruido y pocas nueces?

j- Pero según nos pontifica uno de estos liberales, a quien respeto y aprecio, esos indicadores de deterioro social sólo los esgrimen algunos que “no parecieran ser muy costarricenses”, lo que equivale a una sentencia de que, quien revela esas estadísticas se convierte en una especie de abogado del Diablo o de enemigo del pueblo y que, asumir una sana actitud crítica equivale a un acto antipatriótico y a proclamar que “el que no está conmigo, está contra el país”. Desafortunadamente, el movimiento se demuestra andando, y esos hechos tercos y testarudos no parecieran confirmar que “¡Costa Rica marcha hacia delante y por buen camino!”

k- Paradójicamente, esa agravación social la confirma, nada menos que el eminente economista, Dr. Helio Fallas, quien ocupó hasta hace pocos meses el cargo de ministro de Planificación – y “quien pareciera ser muy costarricense” –en el siguiente párrafo: “Aumento de la pobreza en el período 1990-1991: 21 por ciento en el total de pobres, 30 por ciento en pobreza extrema, 10 por ciento en pobreza relativa”. Igualmente alarmante es la denuncia del PANI de que se agrava la desintegración familiar y su revelación de que un promedio de 853 niños son abandonados cada mes por sus progenitores. Todo esto demuestra que anda bien encaminado nuestro buen amigo liberal, cuando reclama jubiloso, triunfalista y extasiado: “¡Costa Rica marcha hacia delante y por buen camino!”

l- Buscando apoyo a sus tesis citan parcialmente a don José María Figueres, pero artificiosamente omiten esta importante frase de su texto: “En el campo económico no se trata solamente de abrirse, sino de integrarse. Y la integración no es equivalente a la apertura unilateral. La integración demanda que los países con los cuales comerciamos abran las puertas de sus fronteras. Poco será lo que logremos si, mientras nosotros nos abrimos, se nos cierran los mercados de nuestros socios comerciales. Hemos visto con dolor como muchos de nuestros exportadores más exitosos precisamente cuando logran penetrar los mercados más difíciles, se encuentran con gobiernos que utilizan toda clase de artimañas para impedirles su crecimiento. Las exportaciones bananeras a Europa son solamente el más reciente de esos casos. Nuestras relaciones con los Estados Unidos están teñidas de muchos ejemplos más”.

m- ¡Lo que proclama don José María es precisamente la tesis que hemos venido sostenido y defendiendo, desde que citamos un artículo del Financial Times, denunciado la falta de equidad entre los países poderosos y las naciones débiles! ¿Es eso lo que denominan, con taladrante insistencia “competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo”? ¿Porqué un profesional de tanto prestigio cercena tan habilidosamente esa frase medular, tergiversando el pensamiento del señor Figueres? Todo está muy claro, pero si aún existe alguna duda, sería conveniente que el hijo del gran caudillo aclare, con su viril firmeza, de cual lado rema. Creemos que fueron sabias las palabras de Juan Pablo II, cuando proclamó en Brasil que “la caída del comunismo no significa que un capitalismo desenfrenado sea la respuesta para los males económicos del Tercer Mundo”.

Podremos continuar esta discusión sobre el sexo de los ángeles y los arcángeles; pero todo lo anterior confirma que, por más que se taladre y se desafíe a los hechos, estos siguen siendo tercos y testarudos. Por eso, seguimos creyendo que se comete un grave error en convertir a nuestra economía en el laboratorio de un modelo importado, peligroso y obsoleto. Después de todo, no hay nada más práctico que una buena teoría y quienes perseveran en el error hacen mal en actuar como aquel pensador que, enredado en sus contradicciones, un día exclamó: “¡Si la realidad no se ajusta a mi filosofía, peor para la realidad!”.

  • La Nación, 15 de agosto de 1992 – Opinión / 15A
  • Publicado en Reflexiones Políticas
    Editorial Juricentro 1993

 


Rodrigo Madrigal Montealegre.
El autor es académico, Politólogo, fundador de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR y Profesor Emérito de esa Escuela y Ex Viceministro de Cultura.

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