Mundicia: Una bitácora del día a día, mes a mes, año a año, con textos incómodos o inconexos, de esos que no encuentran cabida en otro sitio, hasta que la muerte u otro bicho o alimaña se aparezca o nos separe

Rodrigo Soto
No recuerdo ahora dónde leí que los seres humanos estamos hechos para soportar cierto grado de incertidumbre, pero no demasiada, y cierto grado de certidumbres, pero tampoco en grado absoluto. Cualquiera de los extremos nos precipita en la ansiedad, la enfermedad y, eventualmente, hasta en la muerte. Puede haber sido Sábato, o tal vez Kundera, quien lo escribió.  En cualquier caso, a estas alturas de mi vida, tengo certeza absoluta de que los seres humanos, casi sin excepciones, somos capaces de las mayores crueldades, de las más infames canalladas; basta que las circunstancias nos coloquen en la situación apropiada para que nuestra locura sádica y destructiva se desate. La historia abunda en ejemplos. La antigua y la de hoy. Certeza absoluta es también que los mismos hombres y mujeres capaces de las mayores crueldades y horrores, pueden obrar otras veces inspirados por el amor, el altruismo y la generosidad. Nadie, o casi nadie, es siempre y en todas las circunstancias una sola cosa.
 
La incertidumbre, entonces, surge de que ignoramos si este hombre concreto o esta mujer concreta que está frente a nosotros en este momento, actuará movido por un impulso o por el otro. Se supone que la ley y la civilización brindan algunas garantías de que lo peor no ocurrirá en cualquier momento, pero como es evidente, las fronteras son frágiles y rápidamente los santos pueden convertirse en bestias y las bestias en santos… Más aun ‒y sobre todo‒ cuando están convencidos de que actúan en defensa de una “causa justa”.

Rodrigo Soto

Por Rodrigo Soto

Escritor y productor audiovisual. Estudió Filosofía en la Universidad de Costa Rica. Ganador del Premio Nacional de Cuento "Aquileo J. Echeverría" en dos oportunidades.