Rodrigo Soto: ¿Quién gobierna los gobiernos?

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Rodrigo Soto.

El capitalismo no es bueno ni malo. Con Walt Withman, el gran poeta norteamericano del siglo XIX, creo que el capitalismo libera energías y fuerzas prodigiosas de la creatividad humana. Pero el capitalismo es voraz y es ciego (y que me disculpen mis amigos no videntes, hablo en sentido figurado) y solo obedece una ley: el máximo beneficio al menor costo.

Esa ley es implacable: si los trabajadores y trabajadoras no se hubiesen plantado obligando a los gobiernos a fijar leyes, es decir, a imponer límites y reglas, aquí seguiríamos trabajando 16 horas al día, 7 días a la semana, niños, niñas, adultos y viejos.

Aunque el capitalismo nació en Europa, su propia dinámica lo hace expandirse como un huracán. Y en efecto ha sido un huracán que lo transforma todo.

El capitalismo globalizó el mundo y hoy no tiene domicilio fijo ni pertenece a un país -todos los países “le pertenecen”-, pero es un fenómeno de la sociedad humana, no un fenómeno natural ni una ley divina, y somos nosotros, los seres humanos, los llamados a “dirigirlo”, es decir, a imponerle reglas siguiendo una ética (el “capitalismo con rostro humano” del que hablan algunos.)

Hoy eso parece difícil. En los países donde los gobiernos son débiles y los controles inexistentes, el capitalismo impone su ley del máximo beneficio al menor costo y asistimos al regreso de condiciones de trabajo muy similares a las de la esclavitud. (Para verlo no necesitamos ir muy lejos.)

Imponerle reglas a este capitalismo de la globalización ha sido imposible hasta ahora, porque cuando alguien pretende hacerlo, el capital se traslada a otros lugares donde no le imponen reglas.

Ni siquiera los países de Europa han logrado cobrarle impuestos a las gigantescas corporaciones de las tecnologías digitales como Google, Amazon y Facebook, por mencionar algunas. A un fenómeno global, solo una instancia global, es decir, mundial, podría fijarle o imponerle reglas y límites que traduzcan nuestros valores, las cosas en las que supuestamente creemos (el bienestar, la familia, la salud, la educación, etc.)

Cada vez que cobra fuerza la idea de fijarle reglas globales al capitalismo global, surgen gobiernos poderosos que se oponen. ¿Y por qué lo hacen? Porque el capital gobierna a los gobiernos aquí y en casi todo el mundo.

Pero no hay mal que dure cien años ni planeta que lo resista, y parece que de ahí está emergiendo la conciencia de la necesidad de imponerle límites, reglas y «valores» al capitalismo global. Greta Thunberg es solo el símbolo de eso. Como decía Martí, se ha de tener fe en lo mejor del ser humano y desconfiar de lo peor de él.

 


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