Gabriel Vargas A.: Atando los Cabos sueltos

Notas sobre un libro de Ronald Bonilla (Costa Rica: Poiesis Editores, 2020)

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Gabriel Vargas A.

…por eso cada paso debe apuntar al horizonte, a los sueños…” Cabos sueltos. P. 15

Desde su primer libro de poesía, en 1971, Ronald Bonilla ha venido titulando sus diversas producciones con imágenes llamativas que generan interés e invitan a la lectura. Cabos sueltos (Poiesis, 2020) es uno más de esos aciertos, que nos sugiere asuntos pendientes en un quehacer o en una vida.

Por otra parte, hojeando este presunto inventario, vemos que se trata del primer libro que el autor ilustra con una serie de láminas —de pequeño formato aunque a full color—, las cuales por diversas razones se sabe que no son añadidura del editor sino parte integral del texto.

Además, al hojear el índice, se nota una minuciosa subdivisión del contenido y algunas especificaciones como para orientar al lector, detallismo que se complementa con un apéndice.

Finalmente, aunque algún otro de sus libros también la tiene, el autor escribe su propia presentación con algunas informaciones especialmente orientadoras para su comprensión y valoración.

De manera que este libro de Ronald aparece en escena con algunos rasgos sugestivos que se suman al especial interés que siempre nos despierta su obra.

El título

Un libro que se llame Cabos sueltos nos sugiere asuntos diversos que han quedado pendientes en un quehacer o en una vida. La expresión comporta un sentido de carencia, de insuficiencia. Tener “cabos sueltos” significa tener asuntos pendientes.  Por su parte, la atención debida a los “cabos sueltos” sería “atar cabos”; es decir, responder a las carencias dispersas integrándolas en alguna estructura.  “Atar cabos” implica resolver, dar coherencia, obtener conclusiones. Este último libro del autor parece, entonces, que, además de admitir cabos sueltos en su quehacer poético, se propone atar cabos.

El índice

El índice del libro muestra un corpus cuidadosamente segmentado, lo cual evidencia el propósito de un ejercicio sistemático sobre poesía.

  1. Fabulaciones (poemas improvisados a partir de una imagen).
  2.  Cláusula otoñal (poemas hechos a partir de y con intertextos).
  3. Improvisación virtual.
  4. Rescate (cuasicadáver exquisito a partir de títulos de poemarios propios y ajenos o del mundo).

Diálogos con imágenes gráficas, diálogos con otros textos, improvisaciones con algo de monólogo interior, popurríes con versos de diversos autores, etc., son muestras del virtuosismo del autor. Él ha dicho: “En fin, pongo en sus manos un texto que lleva ocho años de gestarse, lentamente” (p.14).

Sección Primera: diálogo poema-cuadro

La primera sección del libro, denominada Fabulaciones, consume tal vez un 80% del texto total. Contados a la ligera, los textos que constituyen esta sección son unos 37 poemas y unos 20 cuadros. Por ello resulta evidente que no hay interés de “ilustrar” los poemas ni de “dedicarles poemas a los cuadros”.

La gráfica, siempre figurativa, está formada de paisajes inverosímiles que nos remiten al mundo de los sueños.  Aunque a veces hay correspondencia entre alguna figura y un texto, en general lo que se busca mediante esta es crear una atmósfera de singularidad y misterio, la cual debe entenderse es la que envuelve el mundo de la poesía. Dice el poeta: “…cada paso debe apuntar al horizonte, a los sueños…” (p.15).

Los textos, por su parte, están definidos previamente como metapoesía: “… algunos poemas de metalenguaje que poseen la conceptualización de querer hacer arte poética y sobre todo plantear semillas de mi propia estética…” (p.13).   No obstante, no se trata de “algunos poemas” sino de la clara mayoría de los de la sección primera, los cuales comportan predicados sobre el quehacer poético presentándolo como una función extraordinaria: utopía (p.19), Arcadia (21), acto divino (25), revelación (31), unión con el cosmos (42), magia (46), milagro (71), etc.

En síntesis, los materiales gráficos y textuales de esta primera sección se combinan para presentar una visión idealizada de la poesía, una especie de revelación en un contexto misterioso. Textualmente se dice: “Digo que el hombre/puede soñar la infinitud/aun en las estrías de la sequedad. / Aun en medio del desierto, /servirá la curva del horizonte/para sospechar su arribo desde el cielo finito” (p.46).

Foto: Ronald Bonilla

Sección segunda: diálogo de textos

La segunda sección, denominada Cláusula otoñal, es comparativamente breve, unos 12 poemas. Casi la totalidad de los títulos aluden al otoño y a la estacionalidad del año. Como se sabe, en la tradición poética el otoño es un motivo frecuentemente asociado con melancolía e inminencia del fin. Textualmente se nos dice: “… historias tristes, pero con poesía…” (p.85).

Un segundo rasgo de esta sección es la manifiesta e implícita intertextualidad o intersección con la letra de otros poemas. Se trata de textos de autores  y compañeros de generación de Bonilla, aunque también de la  vanguardia de la poesía española e hispanoamericana. En textos anteriores de Bonilla, así como de otros miembros de su generación, el epígrafe o texto puesto al margen es un recurso frecuente; no obstante, en este libro casi no hay de esta clase de referencias sino incorporaciones directas a la sintaxis de la estrofa. Véase un ejemplo: “En el alto otoño del mar, déjame./Siempre seré el sediento de tus besos…” (en cursiva el segmento intertextual)

Todos los poemas de la sección presentan el recurso de la intertextualidad, intersección que abarca fragmentos donde indefectiblemente se subraya el motivo del otoño. Véanse ejemplos: “De saudades sin nombre/ va impregnando el otoño…”; “Pero el otoño vendrá con caracolas, sonoras, sí, como inventando mares lejanísimos…”.

Considerando que esta segunda sección se llama Cláusula otoñal y que el poeta nos ha dicho que “son poemas para el otoño y para la primavera (…) una evocación de lo que no he vivido” (p.14), resulta evidente que hay una motivación nostálgica —fundada en la imagen del otoño o su antónimo la primavera— de representar simbólicamente la madurez y lo que esta tiene de declive.

Improvisación virtual. Creación y vida

El autor dedica una sección a este poema solitario, lo cual dificulta su interpretación. Tal vez representa al poeta inmerso en los modos contemporáneos de creación y de comunicación de la obra. La ausencia de puntuación, apenas quebrada por un signo de dos puntos, divide el texto en dos: el mundo irreal del estudio del poeta versus el mundo real del encuentro con la amada.

“… mientras la montaña afuera también desaparece/ y solo deja un murmullo virtual/ de azahares/ que a veces me golpea la puerta/ pero no:/ es tu voz que me llama/a compartir la alcoba principal…” (p. 105)

Vista en esos términos, esta sección se concede a una reflexión sobre labor literaria y vida concreta.

Cuasicadáver exquisito para rescatar imágenes

La costumbre entre poetas de construir textos en forma azarosa, denominada “cadáver exquisito”, es aprovechada por el autor para construir un poema sui géneris a partir de los títulos de 30 o más libros muy conocidos en el medio costarricense. Se trata principalmente de obras de nacionales, pero hay importantes excepciones como Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, César Vallejo, Pablo Neruda, Charles Baudelaire.

El poema, bien articulado con base en el recurso de la enumeración caótica, constituye un discurso de reconocimiento a los compañeros de generación y a los principales autores que se han disfrutado, y de los cuales se ha aprendido técnica poética.

Además de que constituye un homenaje a buena parte de los autores con los cuales ha coexistido, el poema le permite al hablante incorporar varios conceptos sobre la labor poética: es un propósito personal, con sus riesgos, que resulta imprescindible para cada autor, es un tránsito que implica sacrificio y compromiso, un acto de comunicación con otros autores, pero una acción solitaria, sin guías, que se realiza con los propios recursos, un paso hacia un abrazo total con los otros…

En otras palabras, el poema Rescate, además de homenajear a los autores de culto del autor (su propio canon) y mostrar la capacidad de hacer poesía con imágenes dispersas de diferente origen, se constituye en una búsqueda exhaustiva de los medios para caracterizar el proceso de creación poética.

Atando cabos

Ronald Bonilla puso un nombre muy descriptivo a este libro. Lo calificó como “cabos sueltos”, es decir, asuntos pendientes. Pero es evidente que, en lugar de enumerar carencias o cabos sueltos, está señalando aportes, o sea “atando cabos”. En la Presentación nos dejó dicho: “Pongo en sus manos un libro que lleva ocho años de gestarse, lentamente”.

Como sabemos Bonilla ha tenido una prolongada presencia en la poesía costarricense, como autor y como maestro de poesía y, en 1977, aparece como firmante de uno de los pocos manifiestos literarios de nuestro país, el Manifiesto trascendentalista (Editorial Costa Rica).  Por supuesto que los principios que en aquel documento se planteaban han evolucionado o difuminado en alguna medida.

En la misma Presentación nos dice el autor:

Alguien dijo: la poesía trascendentalista deja muchos cabos sueltos.   —Al menos eso deja—pensé. Otros hacen cabos sueltos insustanciales. Yo he recorrido varios caminos y mi poesía se ha teñido con muchas lecturas, inclusive he utilizado la parodia y la ironía; pero en este poemario hay más de mis búsquedas de una belleza que no demerite ante el arte actual, que salga del barro y se hunda en las estrellas. Nunca haré realismo sucio, prefiero bañarme en las aguas cristalinas del río, mientras estas queden y sueñen con nosotros un mundo mejor. (p.13)

Esta intención de “atar los cabos” o dar cuenta de asuntos que han quedado pendientes en su trayectoria genera dos rasgos predominantes de este libro: la metapoesía, o definición del género que ha cultivado (“mis búsquedas de una belleza”), y la intertextualidad, o declaración de las relaciones de su obra con otros autores de su medio (“mi poesía se ha teñido con muchas lecturas”).

En cuanto a ese propósito de dilucidar el concepto de poesía, puede verse que en la sección denominada Fabulaciones predominan los textos que, no obstante tratar diversos motivos, desembocan de una manera u otra en el concepto de poesía, entendida esta como una función extraordinaria que puede crear utopías, convocar los dioses, crear a dios, unirnos con el cosmos, revelarnos la infinitud, etc. En otras palabras, el autor reafirma el enfoque “trascendentalista” de una poesía que trata lo contingente y cotidiano del hombre de una forma elevada (MT. 23).

Por otra parte, para explorar las relaciones de su obra con algunas de su medio, el autor realiza interesantes juegos de intertextualidad, como son los incluidos en las secciones Cláusula otoñal y Rescate. Si bien demuestra su virtuosismo al generar intersecciones coherentes sintácticamente entre su texto y diversos fragmentos de otros autores, lo más importante que da a conocer son sus vinculaciones en cuanto a temática y estilo con ciertos compañeros de generación. En la Presentación nos ha señalado que en obras anteriores ha realizado parodia (uso burlesco) pero en estas secciones ha realizado intertextualidad (uso provechoso). Ni la parodia ni la intertextualidad como recurso literario son propios del trascendentalismo, lo cual implica que en este libro el autor amplía su enfoque de lo que debe ser la poesía.

Cabos sueltos debe considerarse un libro de madurez, por cuanto en él se puede apreciar el virtuosismo de la expresión y la manifiesta conciencia que tiene el autor de su aporte y de sus respectivos límites. Se puede leer como una recapitulación de una obra poética que, no obstante, está en pleno apogeo.

Foto: Gabriel Vargas autor de este articulo

Publicado originalmente en Ikaro

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