Ronald Bonilla: He atrapado esta imagen

De mi libro Cabos sueltos

Ronald Bonilla Carvajal.

He atrapado esta imagen

He atrapado esta imagen
para calentar tus sienes en las madrugadas
en que el frio
no nos deja más que soledad
compartiendo la misma lejanía.

Pero aunque el sol venga de abajo
y la luna se torne un desafio,
un desafuero de aureolas
que alaguna tu última mirada,
yo seguiré siendo el irresoluto
que un día llegó a entibiar tus manos,
y puso en tu camino
viejos maderos que sirvieron
para encender la chimenea,
y también para cerrar los boquetes
de una pasada rencilla
que nos atrapó a los dos
en mitad de la desidia.

Es tarde, amor, y ya nos deja el azul,
como antes nos dejó la primavera,
como ahora el pedregón de la noche
se encima sobre nuestras miserias;
pero hay un calor que no quiere vencerse
en mi pecho cuando regresas.

Es una llama adherida
que nace del humus del abismo,
es una tierna fogata
para que de nuevo pongas
tus manos en mis besos,
y es el horizonte que invita a caminar,
certeros hacia la consumación.

Mis viajes

Sí. ¡Cómo no ser ese pirata!
Que este paraguas viejo se convierta
en popa y proa.
¡Cómo no lanzar mi carta de SOS en la botella
y atisbar las tormentas que ya vienen
empujando el mástil de mis viejas lecturas
de Salgari y Verne!
Cómo no ir al centro del mundo
donde boquetes de luz abren otro cielo,
cómo no domeñar los increíbles tigres de Malasia,
cómo no liberar a las doncellas secuestradas,
yo soy ese quijote,
ese pañuelo anudado en mi frente,
esa banderola rasgada por el viento
con esas flechas cruzando mi cabeza,
ese marino Simbad de mil batallas,
Nemo en el submundo pensando en tus ausencias,
el capitán del ansia, el piloto del abismo,
el tarzán brincando de bejuco en bejuco,
el fantasma desarmando a los infames,
el viejo pescador de la osamenta
de un pez enorme como esta cicatriz.
Yo soy el niño del Misisipi, el ladronzuelo
de Twain en el mercado,
cómo no ser, en todo caso,
el Ivanhoe sereno ante la muerte,
cómo no viajar a la luna en ese bólido de fuego,
cómo no ser Marcos Ramírez
partiendo para los bananales,
cómo no ser un halcón negro
que rinde al cielo sus últimas batallas,
un muchacho con capa y antifaz
en la ciudad más gótica
donde los poetas brindan con su sangre el
homenaje al cementerio que seduce.

Divertimento en jirafa mayor y en clave de relamido

Que no le estiren tanto el cuello al cisne,
poetas vanguardiolos y malditijos,
soldados de contestaria saliva,
pues la jirafa podría resentirse.
Es tan altiva,
tan buena madre,
intrépida buscadora de cogollos
en altura, que los pequeños
dioses de un rebaño de trampas antiestéticas
podrían de pronto reventar esas orillas
por donde pasa el Diablo haciendo malabares
y Dios escondido en su ínfima tragedia.

No estirés tanto el culto a lo prosaico,
ni caigás, cagadito, al denuedo, a la diatriba,
que también en la selva y la llanura
hay postulados de sed a la belleza,
aunque Darío, decadentista ahora
según algunos intonsos,
se nutra de símbolos atávicos.
Huidobro invente las poleas y las hélices
para ahuyentar las bestias del Parnaso
y Mallarmé se quede sin puntuales
puntos que puntúen
el eco disfrazado de una cierva
que corre parejas con el viento,
como corriese otrora el hipógrifo ventoso.
Abrazos, Namasté, ya me despido.

1 de setiembre 2014

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