Ronald Fernández Pinto, Profesor universitario – Catedrático UCR
César Zúñiga Ramírez, Profesor universitario – ICAP / UNED

Cuando se analizan los fenómenos internacionales se debe tener el cuidado de afinar el lente de observación. Los hechos que parecen evidentes: una invasión, una guerra, una reunión internacional o un colapso financiero regional, son solo las puntas de un iceberg que expresa un plexo de condicionamientos en su núcleo, en interacción e interdependencia profundas. Si la realidad de las sociedades particulares ya resulta demasiado compleja para su aprehensión, mediante el conocimiento y el método científicos, esto se potencia cuando de la realidad internacional se trata. Como contrapunto, tendemos a endilgarle una explicación parcial y fragmentaria a los hechos internacionales notorios, usualmente, al conectarlos a una sola, o unas pocas causas evidentes. La manera de reducir este sesgo “natural” del análisis, hasta donde se pueda, desde luego, consiste en utilizar el instrumento esencial de los científicos sociales: la teoría.

En esta perspectiva, las teorías políticas, económicas, sociológicas y antropológicas actuales parecen indicarnos algunas vías para abordar el fenómeno de interés de estas líneas y que cuajan en la idea del nuevo des-orden mundial (NDM). Hablamos de desorden, justamente, porque la teoría y sus referentes fácticos parece indicarnos que el sistema internacional funciona en una suerte de “desorden” ordenado, una especie de caos que se metaestabiliza internacionalmente, en función de diversas aristas. Acá trataremos de plantear algunas hipótesis al respecto.

La importancia de la teoría. En el campo de las Ciencias Sociales y, en particular, de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales, los problemas relacionados con la construcción de teorías, se expresa en su uso concreto para el desarrollo del conocimiento disciplinar correspondiente. La cuestión de la complejidad de la vida social e internacional nos lleva por la senda de la elaboración teórica múltiple y del pluralismo epistemológico y metodológico. Una teoría particular solo expresa un punto de vista específico de aquellos que lo proponen, por lo que en un relativismo “genético”, propio de las Ciencias Sociales, si con Luhmann avalamos la tesis de la autorreferencia de la mente -en tanto sistema psíquico-, debemos abrazar la perspectiva conceptual compilatoria.

En efecto, la visión caleidoscópica de la construcción conceptual en las Ciencias Sociales parece ser la apuesta más prometedora de sus disciplinas, luego de la debacle del funcionalismo estructuralista -clásico- predominante en los años setenta y ochenta del siglo pasado, en su afán por construir “una” ciencia; y los resultados poco halagüeños de su Mefistófeles epistemológico, los enfoques posmodernos de la teoría. Paradójicamente, la tesis del “todo vale” de Feyerabend -en lo que a la ciencia se refiere- parece imponerse en un mundo que, empíricamente, cada vez más supera lo que la ciencia tiene que decir sobre este desde su tecnolecto teórico, cuestión que, sin duda, nos recuerda el principio supremo de todas las disciplinas científicas, a saber, que la implacable realidad empírica es el toque de queda de toda reflexión conceptual.

Tendencias del NDM. Con estas ideas de fondo, conviene pasar revista por las tendencias empíricamente verificables que parecen definir el NDM contemporáneo. A partir de los aportes de Therborn, Beck y Schwab, entre otros autores, podemos identificar cinco tendencias generales que parecen orquestar la creciente complejidad que hoy se aprecia en el mundo, tal y como se aprecia en la figura 1. La primacía del capitalismo mundializado es un aspecto que se entroniza en el sistema internacional, con el derrumbe estrepitoso de su competencia ideológica y fáctica, el socialismo sovietista, pues la caída de la extinta Unión Soviética y el bloque oriental que comandaba y la versión de una suerte de “capitalismo dirigido” en China popular, puso al mundo por la senda de un sistema económico homogéneo, al mejor estilo de las profecías de Marx. Con estos desarrollos se pasó a la etapa de una especie de globalización autoasumida en el incesante proceso globalizante por el que ha caminado el mundo desde hace centurias, con el descubrimiento de América. Esta fase de la globalización se caracteriza por el reconocimiento general de la facticidad incontrastada de su realidad, tanto en lo económico, como en lo político y cultural: la humanidad ahora sí se siente que vive en una aldea global, en todo el sentido de la palabra.

Figura Nº1

Cinco tendencias generales del sistema internacional

Fuente: elaboración propia.

La Cuarta Revolución Industrial (4RI) es la manifestación más reciente de esta globalización autoasumida, un proceso disruptivo en lo tecnológico, económico, político y cultural que, desde el 2009, aproximadamente, ha reinventado la forma en que interactuamos entre nosotros y con el mundo que nos rodea: biotecnología, robótica, Internet de las cosas, nanotecnología, impresión en 3D y, desde luego, inteligencia artificial (IA) son las palabras claves de esta nueva revolución, que se impone sobre su homóloga, la tercera, relacionada con las tecnologías de información y las comunicaciones. Con la emergencia del teléfono inteligente, que nos reconstruye a los humanos en una suerte de “pre-cyborgs”, por nuestra relación con este y el mundo que nos rodea, representa su rasgo más notorio en el mundo de la vida cotidiana.

Los riegos amplificados generados por la modernización reflexiva, que implica la amplia domesticación del mundo natural en manos de la tecnología y la industrialización, ponen el equilibrio ecológico planetario de cabeza y, por vez primera, hace del ser humano un aprendiz de brujo que es capaz de echar por la borda a la misma civilización, si su hechizo tecnológico e industrial se sale de sus manos: el calentamiento global y el paso hacia los cada vez más comunes eventos naturales extremos nos avisan con horror que tal vez hemos traspasado el límite tolerable para la madre Tierra. Por último, la emergencia también global de los Derechos Humanos se entroniza en las agendas políticas de los países con temas realmente variados y altamente explosivos, que nos señala una ruta de discusiones valóricas “postmateriales” que ponen de cabeza los procesos políticos de los países, en diversos aspectos: religión, sexualidad, nacionalismo, etc.

Figura Nº2

El viejo orden mundial: bipolaridad y equilibrios

Fuente: elaboración propia.

Hacia el NDM. El análisis de la evolución del sistema internacional reciente, que nos lleva hasta el NDM, nos obliga ponderar de dónde viene y para dónde va aquel. Desde la Segunda Guerra Mundial, el viejo orden de la Guerra Fría (véase figura 2), creó un mundo bipolar comandado por las dos superpotencias del periodo, EEUU y la URRS, que mantenían un terrorífico equilibrio estratégico mundial, mientras se respetaban sus zonas de equilibrio intocables -las dos Europas- y se peleaba a sangre y fuego las zonas periféricas -con gobiernos supeditados e insurgentes domésticos- con la carne de cañón puesta por los países controlados, desde luego.

Como se observa en la figura núm. 3. la verticalidad geopolítica impuesta por el realismo bipolar nuclear de las superpotencias construyó un sistema internacional en el que la primacía de Estado sobre los otros actores internacionales fue notorio y evidente. La geoterritorialidad estratégica del realismo bipolar, que hablaba de un mundo “predigital”, puso de rodillas permanentemente a un normativismo político internacional encubado en unas Naciones Unidas que debían bailar entre los dos actores dominantes del planeta y su poderío militar. Como colofón, el viejo orden aplastaba las posibilidades de la periferia por caminar por sendas más autónomas, con todo y los No Alineados jugando su marginal ajedrez.

Figura Nº3

El viejo orden mundial: características generales

Fuente: elaboración propia.

Con el fin del imperio soviético, este mundo bipolar pasó por una etapa de transición extendida que mostró características transitivas, en efecto, pero claras, tal y como se aprecia en la figura núm. 4. El verticalismo se mantuvo mediante una geopolítica unipolar, en la que EEUU aparece como el ganador de la batalla fría, pero que ahora tiene que lidiar, cual perro guardián del mundo, con las calientes guerras regionales que eclosionan con el fin del bipolarismo. El perro guardián ladra por vez primera con todo su poder, cuando Irak decide invadir Kuwait, en los albores de la transición, lo que hace que los norteamericanos lideren la liberación “multinacional” del golfo. No obstante, el unipolarismo político sigue coexistiendo con el bipolarismo estratégico, pues mientras Rusia cruza por el descalabro socioeconómico de desmantelar la planificación central en beneficio del capitalismo liberal, sus arsenales nucleares se mantienen en el tablero, cuando menos como credenciales de que su poder no se había acabado.

Con ambos elementos geopolíticos, eso sí, aparece una multipolaridad económica y se gestan bloques económicos en un mundo que, ahora, le consiente a la periferia buscar sendas de crecimiento que la frialdad que las antiguas restricciones no permitía. Aparece China popular, poco a poco, como un gran dragón económico, mientras India y Brasil empiezan a despuntar en cuanto a su crecimiento económico, aunque no en su desarrollo, anclado aún a al “tercer mundo”. Por su lado, Europa sueña con la unión que nunca había logrado, EEUU busca consolidar la región norte de “su” continente y Rusia trata de sobrellevar el caos de la transición con sus lazos históricos en Europa oriental. El mundo aparecía “bloqueado” con bloques económicos regionales que buscan aprovechar el maremágnum del nuevo “des-orden”.

Figura Nº4

¿Hacia el nuevo des-orden mundial?: etapa de transición

Fuente: elaboración propia.

Cristalización del NDM. Hablar del nuevo des-orden mundial es hablar de hipótesis que solo las nuevas teorías y los datos pueden confirmar o rechazar. En esta perspectiva, tal y como se señala en la figura 5, es posible observar un sistema internacional que tiende a superar el verticalismo heredado de la Guerra Fría, por una circularidad dinámica -como Luhmann la vio en el sistema político hace rato- en el que se observan tres estados dominantes que marcan los contornos generales del sistema. EEUU que, como perro guardián, empieza a domesticarse en términos de las nuevas reglas del sistema y en medio de las profundas crisis socioeconómicas y culturales que vive; China que, como dragón económico, se ha entronizado como la nueva fábrica del mundo, al punto de pelear con su PIB al otrora incontrastado homónimo norteamericano y; Rusia que, luego de sus accidentada transición hacia el capitalismo, ha retomado con nuevos bríos su ancestral tendencia hacia el imperialismo, al punto de llevar una invasión a Ucrania, como su carta de presentación y puño sobre la mesa, para que el mundo sepa que esto no se trata de un nuevo bipolarismo chino-norteamericano.

Muy de cerca, pero sin lograr las promesas que el fin de la Guerra Fría parecía depararle, la Unión Europea pulula alrededor de estos tres, al aprovechar la enorme gravedad que su peso económico combinado logra cuajar, pero con un perfil político más acostumbrado de lo que creíamos al viejo orden; ello sin contar con sus muchos problemas internos, sobre todo, la cuestión de los inmigrantes de sus antiguas periferias asiáticas y africanas. Junto a estos actores clave, aparecen una pléyade de jugadores que ahora tienen un margen de maniobra mayor, al calor de la nueva circularidad dinámica del sistema, como los organismos intergubernamentales, comandados por unas Naciones Unidas que hace los DDHH sus bandera principal; las otras regiones del mundo, con sus estados predominantes que tratan de hacerse oír, como el Brasil de Suramérica, la India de Asia o las Coreas y el Japón del lejano oriente; los organismos de una suerte de sociedad civil internacional, en temas de los más diversos, desde los ambientalistas y feministas, hasta los neonazis o los grupos conspiranoicos y, por supuesto, las grandes corporaciones que, al calor de la 4RI extienden sus colores desde las petroleras clásicas, hasta Tesla, Amazon y Google, pasando por los negocios ilegales de la economía criminal.

Figura Nº5

El nuevo des-orden mundial: etapa de transición

Fuente: elaboración propia.

En este ajedrez internacional múltiple, parecen ser los flujos que menciona Castells, en un mundo líquido como denuncia Bauman, los que ponen a funcionar la circularidad dinámica del interior del sistema. En medio de todos los pernos y piñones que lo dinamizan, los flujos de poder, personas, tecnologías, información, imágenes y comunicaciones nos presentan un nuevo mundo verdaderamente complejo y caótico, solo metaestabilizado por la misma circularidad que enmarca su liquidez.

AI. Pero empezamos a presenciar un cambio que rompe los moldes cuando del sistema internacional se trata: la aparición de la inteligencia artificial (IA). En un estudio reciente, elaborado por Ramge y Mayer-Schönberger, estos investigadores hablan de una reinvención de la economía en la que el dinero empieza a perder importancia como mecanismo de coordinación económica, frente a los datos y la información, lo que hace transitar al mundo de un capitalismo financiero -dominante en durante los dos últimos siglos- hacia un capitalismo de datos. Lo que hace posible esto, no son necesariamente los datos o la Internet que los pone a fluir, sino la aparición de una IA que la 4RI permite. Mientras los bancos centrales dirigidos por humanos tratan de controlar los caóticos vaivenes de la moneda clásica, la inteligencia artificial detrás del blockchain “des-controla” el flujo de los bitcoins, que empiezan a competir con los bancos centrales.

Figura Nº6

El nuevo des-orden mundial: tendencias generales

Fuente: elaboración propia.

Si con Jaguaribe aceptamos la tesis del principio de congruencia, que establece que un cambio fundamental en unas de las estructuras sociales genera automáticamente transformaciones en todas las demás -el cambio estructural-, entonces la emergencia del capitalismo de datos tenderá a transformar radicalmente los contornos y dinámicas del sistema internacional, y descubrirlos y elucidarlos es la cuestión que politólogos, ecónomos, geógrafos e internacionalistas por igual deben enfrentar. Por ahora, con base en la figura 6, avancemos la tesis de que la vieja geoterritorialidad internacional ahora comparte telón con una nueva territorialidad digital, un mundo “paralelo” pero esencial, que juega un papel de primer orden a la par del mundo físico y cuyas conexiones ya empiezan a configurarse hacia una nueva generación de “realidad aumentada” que, con la próxima generación de computadoras cuánticas y los dispositivos incorporados al cuerpo humano para lidiar con aquella, harán de este mundo virtual algo más “real” de lo que ya es hoy. Por ahora, los piratas cibernéticos ya atacan hasta a los estados del sistema internacional, como le pasó a Costa Rica durante el año anterior.

Puntos de llegada para el NDM. Con semejantes cambios, el desorden mundial aparece en todo su esplendor, y aunque apenas empezamos a ver los primeros esbozos de inteligencia para entenderlo, es esencial tratar de establecer sus tendencias generales para empezar a teorizar y comprobar o refutar con datos las hipótesis planteadas. El NDM parece caracterizarse por una circularidad dinámica geopolítica en la que se observa una red de actores múltiples que juegan un ajedrez internacional al calor de las señales de poder que emiten los tres estados dominantes del sistema. Este nuevo realismo tripolar parece jugar un clásico partido idealista con un nuevo normativismo cultural articulado alrededor de la defensa de una visión más posmoderna de los DDHH, desde las Naciones Unidas, que ahora transitan hacia nueva generación de cuestiones que apuntan en diversas direcciones. Todo este maremágnum de flujos de poder, dinero, mercancías, información, personas, imágenes y datos, evidentemente, se asienta en un multiporalismo de bloques o regiones que a su vez se empiezan a enmarcar una nueva dinámica compleja entre la geoterritorialidad histórica de las relaciones internacionales, y la nueva digiterritorialidad en la que la IA empieza a jugar un papel importante. Como telón de fondo, algunos cuestionan las tendencias cada vez más autoritarias de los actores del sistema internacional, quizá como reacción a un mundo crecientemente descentrado: empiezan a pulular los populismos autoritarios en los sistemas políticos, las luchas culturales por imponer una visión de mundo incontrastada se vuelven la tónica y la misma tecnología apalancada por la IA parece promover la concentración de poder, información y dinero en el nuevo tablero digital del capitalismo de datos. Cómo se reflejará el crisol de todos estos componentes en el mundo que veremos en los próximos años, nos presenta escenarios que nos generan interés y ansiedad de cara a los análisis que estaremos obligados a realizar.