Ronald Obaldía González, Politólogo.

Deja de llorar, Argentina nuestra.

Nos hemos inspirado en el escritor Jorge Luis Borges, con tal de favorecer un experimento nuestro. Nos atrevemos a irrespetar las cronologías, intentando fusionar regresiones y progresiones. Las juntamos con el escepticismo del presente, por cuanto Javier Milei, el Presidente electo de Argentina nos da qué pensar: esa reiterada ruta “del cambio” escogida por los argentinos el pasado 19 de noviembre: la defensa a ultranza de la libertad individual como base del progreso económico (Friedrich Hayek).

La victoria de él ha puesto a revolotear nuestra limitada inteligencia. Lo cual nos impide comprender ese maravilloso e inextricable país sudamericano, todavía apegado al peronismo del pretérito. La corriente peregrina, de la cual han hecho toda clase de festividades la legión de trinqueteros y politicastros desde distintas posiciones ideológicas. Los que le dieron origen allá durante la década de 1940; quizás con logros tangibles.

Ellos han hecho de las suyas, maquinando los arrebatos emocionales, a veces racionales. Aun cuando, tergiversados, malversados, han sobrevivido, pero en la ocasión de los comicios presidenciales de días atrás, llegaron a ser objeto de un descalabro inimaginable.

La gente supone que “la política tradicional es la culpable de todos los males”, de ello el peronismo es el máximo responsable en estos ininterrumpidos cuarenta años de democracia liberal. Ahora el pueblo argentino lo ha expulsado claramente, a causa del desastroso balance económico” de sus varios gobiernos (Andrea Ariet): una tasa de inflación anual del 143 por ciento, una tasa de pobreza de más del 40 por ciento, la ausencia de reservas monetarias, entre otras disfuncionalidades económicas y sociales.

En la mezcolanza de nuestro alucinante ensayo, nos asalta a la memoria aquel concepto “del diversionismo ideológico”, que parafraseamos, atribuido a Carlos Marx. El cual básicamente hacía referencia a los países socialistas, vulnerables a las actividades o expresiones que se consideraban contrarias a los intereses de la revolución o del partido comunista.

Según dicha concepción, el diversionismo ideológico era una forma de sabotaje o subversión que buscaba debilitar o desviar la conciencia de clase de los trabajadores y el pueblo…” Al usarlo, Marx lo consideró como “una forma de falsa conciencia, que oculta o distorsiona la realidad social…”

Las decisiones históricas del genial pueblo argentino me impulsan a creer que las raíces del concepto del “diversionismo” de Marx, excluimos el sesgo del comunismo, calzan relativamente con sus realidades particulares. La política de esa nación ha sido impredecible, las extrañezas son su principal distintivo.
Desde sus comportamientos expansionistas tras la independencia; su florecimiento nacional a principios del siglo XlX; los sobresaltos durante todo el siglo XX, nos hacen suponer que ese diversionismo (casi perdurable) se ha superpuesto a la auto gobernabilidad racional, ordenada. Dicho esto, ha sido un fenómeno político que se ha materializado en sobre- acumulación de déficit. En palabras simples: “En Argentina, todo puede pasar” (Susanne Käss, de la KAS).

Bosquejo histórico.

Argentina pudo ser “un autor de poder” en la comunidad latinoamericana. Ha habido antecedentes históricos que la predispusieron en tal dirección.

Buenos Aires, la ciudad portuaria, siendo la llave de ingreso a los ríos Uruguay y Paraná, en 1776 se había convertido en la influyente capital del nuevo Virreinato español del Río de la Plata – abundante en oro, entre otros minerales – , el cual abarcó a Bolivia, Paraguay, Uruguay. Al tiempo que en los siglos XVll y XVlll la Universidad de Córdoba sería el centro intelectual y del conocimiento.

Todavía ella misma (Argentina) continúa siéndolo, en cuenta a nivel global. Las fortalezas suyas se han puesto en evidencia en la producción de tratados jurídicos, políticos, económicos; significativos los aportes suyos a las ciencias sociales y las naturales. Su riqueza es ilimitada en la literatura, la teología, las artes plásticas, el teatro, la música, al igual que en los deportes (tres veces campeona mundial de fútbol).

Indígenas, gauchos, mestizos, europeos, impulsaron la economía local, basada en la copiosa cantidad del ganado vacuno, cuyas carnes y cueros fueron los principales productos generadores de múltiples beneficios, extraídos inmediatamente después por la poderosa burguesía porteña, favorable al libre comercio.

Guiada por el general José de San Martín y su ejército de gauchos e indígenas derrotaron al régimen realista español, hasta llegar a contribuir con la independencia de Chile y Perú (ITeM, Guía del Mundo, Perspectiva y Proyección. 2007).

En la vía de la centralización del poder, Argentina se había impuesto al interior del conjunto de tales Provincias federales, ocasionando el rechazo de ellas, quienes exigieron acuerdos equitativos. Reclamos que potencias extranjeras, entre ellas Inglaterra y Francia, respaldaron en aras del libre comercio por toda la región, por lo que en la Guerra Grande fue derrocado Juan Manuel de Rosas, gestor del centralismo dentro de la Confederación, quien a la vez se había abocado a restringir el comercio de las provincias con las potencias europeas.

Le había resultado inaceptable a Buenos Aires perder su hegemonía dentro de la Confederación de la Plata, fuera el cambio de la capital a Paraná – Brasil, su constante rival – . Así, entonces, estalló una larga guerra de diez años. Finalmente, Buenos Aires, el motor político y económico de Argentina, proclamó su autonomía; el Estado decidió correr de manera independiente (ITeM, idem). Lo que tampoco le impidió ser partícipe en los conflictos militares de la región.

Un pasado de encarnizamientos.

Fuera la coalición entre el presidente Bartolomé Mitre, el emperador de Brasil, Pedro ll, el presidente del Uruguay, la que libró contra el Paraguay la Guerra de la Triple Alianza (1865 – 1870), causando la muerte de la mayor parte de la población de la nación guaraní. Esa guerra de exterminio de una parte de la población paraguaya, en las últimas décadas del siglo XlX movió a los gobiernos argentinos de Domingo Faustino Sarmiento y Julio Roca a ejecutar políticas de eliminación de los aborígenes y sus comunidades (los etnocidios), tanto en la Patagonia y el Chaco, así también en las regiones Andinas.

Serían el denominador común en Argentina los fraudes electorales, seguidos de varias sangrientas revoluciones, productos de los mismos hechos. Al igual que los golpes de Estado, registrados desde el último cuarto del siglo XlX hasta 1983.

Dichas prácticas migraron a 1976 a la altura de genocidios, específicamente durante “la guerra sucia”, auspiciada por la Junta Militar, presidida por el general Jorge Videla. La ocasión en que los militares desataron una ola de secuestros, asesinatos, desapariciones de líderes políticos, activistas sociales, promotores de derechos humanos y gente de la guerrilla de los montoneros.

Entre las víctimas de las violaciones a los derechos humanos estuvieron la pareja – luego gobernante – de Néstor y Cristina Kirchner, líderes del peronismo, cuyos polémicos mandatos gubernamentales estuvieron signados de múltiples acusaciones, relacionadas con casos de corrupción, aparte de los desaciertos en la política económica aplicada, sustentada en el despilfarro y el populismo.

En 1994 hubo un ataque terrorista en Buenos Aires contra el centro judío AMIA, el cual dejó un saldo de 85 muertos, al cabo que sigue impune. Hay serios indicios que el crimen lo hubiera patrocinado el gobierno de Irán, acérrimo enemigo de Israel. De los hechos graves se centraron en el encubrimiento de los sospechosos, cuya responsabilidad todavía recayó en la entonces Presidenta Cristina Kirchner al firmar en el 2013 un opaco acuerdo bilateral con altos representantes de los ayatolas, presuntamente para esclarecer el atentado, “pero que nunca entró en vigor” (Juan Ignacio Roncoroni/EFE).

El fiscal Alberto Nisman, cuatro días después de haber denunciado el proceder de la Presidenta Kirchner y a otros miembros de su gobierno a causa del encubrimiento mediante el tal acuerdo, fue encontrado con un disparo en la cabeza en el baño de su vivienda. El caso del asesinato de Nisman forma parte de las conmociones de la política de esa nación.

La fase del progreso.

La inauguración de la construcción del ferrocarril (1857), emblema de la modernización capitalista, afirmó el control del gobierno de Buenos Aires sobre el territorio argentino. La inmigración masiva de mano de obra europea, sobre todo española e italiana “modificó la fisonomía del país”, la que experimentó un crecimiento industrial, agrícola y comercial, sin precedentes, con alcances globales.

Bajo un expansivo esquema agroexportador, aunque luego golpeado, a causa de la depresión mundial de 1929, la producción de alimentos y materias primas entraron a los mercados europeos. La población creció, de menos de dos millones de habitantes en 1869 a casi ocho millones en 1914 (ITeM, idem).

“La nación del tango” llegó a catalogarse entre las naciones prósperas, una posición que según el Presidente electo Javier Milei habrá de recobrar, en la oportunidad de sus próximas políticas económicas libertarias, sustentadas en el estímulo total a la empresa privada; el libre comercio con la desregulación del mercado; la disminución del aparato del Estado, la privatización de las empresas públicas. En esa visión libertaria incorpora la supresión de los impuestos y el gasto fiscal responsable, la instauración del dólar como única moneda, en pos de la dolarización económica (Emilia Rojas Sasse).

El peronismo, sello durable (segunda parte).

Las movilizaciones y la agitación populares, menos aún, han quedado rezagadas en la política nacional. Habida cuenta que, en 1946 Juan Domingo Perón, bajo una estructura partidaria policlasista, de distintas posturas ideológicas, ascendió a la Presidencia, respaldado por los frentes sindicales y otras organizaciones laborales (“los descamisados”), además del empresariado nacional o los patrones. Vínculos que estuvieron antecedidos cuando Perón se había desempeñado en el cargo de Ministro de Trabajo.

Al lado de su carismática esposa Evita, se iba negociando la política económica social. Con estos expedientes, el peronismo cobró sentido y energía en la política nacional. Derrotarlo tampoco le ha sido fácil a las denominaciones opositoras a él. Actuando desde la oposición resulta espinoso controlarlo, en vista de las matráfulas de su dirigencia y el poder de conjura.

Es de suponer que el Presidente entrante, al prescindir de la mayoría en el Congreso, se verá comprometido a transar con los demás partidos políticos, el peronismo por supuesto, con los beligerantes gremios y otras formaciones sociales, quienes poseen enorme disciplina, fuerza y estructura para la movilización.

El arribo de Perón al poder llegó a marcar una etapa sustancialmente diferente: la visión nacionalista suya, la favorecedora del capitalismo nacional, independiente, hizo que desde el apogeo de su movimiento se le tildara de ser aliado del régimen nazi fascista de Alemania. Encerrado en su dogmatismo y ausencia de correcta lectura, el propio Partido Comunista argentino se había sumado a los ataques frente a Perón, que lo hicieron pasar por aliado de Adolfo Hitler.

El Presidente nacionalista, el primer populista de la región, nacionalizó el comercio exterior, la banca, los ferrocarriles, el gas y los teléfonos. Incrementó la flota marítima. Elevó a 50% la participación de los trabajadores en el ingreso nacional; dictó avanzada legislación nacional.

En la etapa de la Guerra Fría mantuvo la tesis “de la tercera vía”, no sin antes provocar fisuras con el gobierno de los Estados Unidos de América. Enseguida fue víctima de un golpe de Estado en 1951; debió partir al exilio (ITeM, idem). La violencia política llegó a escalar, luego la guerrilla izquierdista hizo su aparición.

“La Operación Masacre”, obra de las fuerzas armadas institucionalizaron décadas de autoritarismo, represión y censura. Comenzaron a revertirse las políticas nacionalistas del peronismo, abriéndose las fronteras otra vez a las compañías transnacionales y los capitales extranjeros.

El movimiento peronista fue proscrito por las siguientes dictaduras militares, supeditadas a Washington, quien implantó la Doctrina de Seguridad Nacional; mientras que los sindicatos entraron en choque, a través de la organización de huelgas y la ocupación de las empresas. Precisamente, Milei llevó a una candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel, la que reivindica y justifica el accionar de los militares durante las distintas dictaduras (Cristina Papaleo; Pola Oloixarac. En: DW).

En otro segundo escrito ofreceremos especificidades de la orientación ultraderechista del Presidente electo Javier Milei, quien a decir verdad, Villarruel ya como Vicepresidenta, nos genera las sospechas de un devenir de exacerbamiento, degradante. Impermisible a los activistas de los derechos humanos, las organizaciones internacionales, los demás colectivos del “Nunca más”.

Todos ellos dispuestos a exigir la verdad alrededor de las décadas de terrorismo de Estado, una verdad que de paso intenta evitar la impunidad, esto mismo la forma en la cual los tiranos, los autócratas y sus cómplices ejercieron el poder o lo conservan, o en lo cual se escudan con tal de evadir las funestas consecuencias de sus actos. Por eso, uno no puede evitar cuestionarse que abonará el líder libertario a la cohesión y la reconciliación de la sociedad argentina.

En cambio, el peronismo de primera generación hizo lo posible en alcanzar la unidad política, reducir la inestabilidad social, mediante el particularismo nacionalista, pero blando.

Ha habido políticas parcialmente antiperonistas.

El carácter pluri-ideológico, heterogéneo del peronismo, fue puesto de relieve con el ascenso a la Presidencia del derechista Carlos Menen. Por cierto acusado y encarcelado por tráfico ilícito de armas, quien puso en práctica las políticas ortodoxas del ajuste estructural. Si bien con ellas se lograron la reactivación productiva, la estabilización macroeconómica, también se profundizó la desigualdad distributiva en las distintas regiones.

Tras la conclusión del segundo mandato de Menem se le hereda una recesión al Presidente Fernando de la Rúa, quien debió enfrentarla en medio de la política económica insostenible, en simultaneidad con la voluminosa deuda externa ante los organismos internacionales. Para entonces en el 2001 alcanzaría los $140.000 millones (el 54% de su PIB). Al cabo que se perdieron $19.000 millones en inversiones.

La fuerte fuga de los depósitos llegó a ser el resultado inmediato, por lo que de la Rúa estableció una serie de restricciones a las cuentas, una medida draconiana conocida como “el corralito”, las que durarían tres meses, pero se prolongaron. Las huelgas, los desórdenes y la agitación social tampoco se hicieron esperar, todo lo cual originó la renuncia del Presidente (ITeM, idem). Expresiones de una dinámica sociedad civil, la cual tendrá arduo trabajo al ceñirse en un pulso frente a las políticas económicas y sociales de la administración entrante, si es que se llegan a ejecutar.

Un gigante diezmado (tercera parte).

Argentina tiene demasiado que ofrecer a los mercados globales, pero aún no ha sabido trabajarlos en beneficio de toda la población. “Hay un potencial desaprovechado”. Entre otros recursos, “dispone de grandes yacimientos de litio, clave para la transición” hacia la movilidad social.

Asimismo, posee yacimientos de petróleo frente a la costa, que se están liberando para su extracción, “a pesar de las protestas de ecologistas”. Cuenta con ricos yacimientos de gas, potencial para la producción de hidrógeno verde, un sector agrícola que funciona, además de una población joven y en gran medida bien formada” (Tobías Käufer).

Las secuelas de los desaciertos internos de política peronista – populista, las medidas comerciales proteccionistas, le restaron prestigio a la nación, como líder regional, cuya economía es de prever que se contraiga hasta un 3 por ciento este año: “El Banco Central se ha quedado sin reservas”, “de hecho son negativas” (Luis García Casas).

La discapacitan la extravagante deuda externa, “el default”, los desajustes macroeconómicos, el empobrecimiento de la población (más de un 40%), conexo a la inseguridad pública. Vistas el alejamiento de la inversión nacional y extranjera que las interrogantes geopolíticas además las frenan. Cualquier diplomacia de poder le ha sido estéril, o pasa inadvertida al resto de las naciones del subcontinente americano.

Naciones como Brasil y México, tampoco sin éxito, le lesionaron los talones; la superaron especialmente en el periodo de la consolidación de “la guerra sucia”, inmersa durante el predominio de las dictaduras militares latinoamericanas en las décadas de 1970 y 1980.

En Buenos Aires la política doméstica cobró prioridad, se apartó de la política latinoamericana, habida cuenta que las sensibilidades macroeconómicas obligaron a sus gobiernos dictatoriales a otorgarles superior atención, si mal con resultados fallidos.

La desmoralizante derrota en lo concerniente a la guerra contra la Gran Bretaña por la cuestión de los reclamos acerca de la posesión de las islas de las Malvinas (1983) agravaron su fragilidad. Washington le retiró el apoyo antes del inicio de las hostilidades. El descalabro fue fácil de pronosticar.

El factor disruptivo en el país sudamericano reside en el régimen democrático. Él ha estado lejos de otorgar más seguridad, ni logró combatir la corrupción, ni logró reducir significativamente la desigualdad social, ya insoportable. En palabras de la escritora Pola Oloixarac “el problema del peronismo -por más que su mitología sea muy simpática”, y lo es para ella- es que ha devenido en una cleptocracia.

Un ministro de Economía “fracasado”. Arrastró a la nación con una inflación de más del 143%, llevaba todas las de perder. Fueron contraproducentes las estrategias comunicativas “centradas en infundir un sentimiento de incertidumbre y temor” contra el candidato Javier Milei, al presentarlo como una amenaza para la estabilidad democrática y los derechos sociales (Daniel Zovatto).

En los respectivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003 – 2015) y el Presidente Alberto Fernández (2019 – 2023) – “de la casta mafiosa” peronista (de acuerdo con la propaganda de Milei), estatizadora, aumentó la inseguridad, debido a la expansión del narcotráfico y la delincuencia común.

Ellos subsidian “corporaciones de sus partidarios, que se benefician con los negocios del Estado”. Cambiaron aspectos de la participación del país en el escenario internacional, al abogar por el multilateralismo en las relaciones internacionales, robusteciendo los intercambios económicos y financieros con China, hoy su poderoso otorgador potencial de créditos (Alexander Görlach), bajo los recelos estadounidenses. Sobrecogidos, puesto que el gobierno de Buenos Aires dispone de recursos naturales claves como el litio, también reservas de hidrocarburos no convencionales (Luis García Casas. En: DW).

Esta vez, Cristina Kirchner y sus partidarios apostaron por llevar a la Presidencia a Sergio Massa, de Unión por la Patria, la coalición peronista-kirchnerista gobernante, un partido tradicional de izquierda.

Massa tiene 51 años, es el ministro de Economía (fracasado). Resultó incapaz de poner en marcha el plan de estabilización, con tal de controlar la hiperinflación (143% anual). El ingreso per cápita nacional es hoy menos de la mitad que el de la Unión Europea (Luis Mesalles), lo que implica empobrecimiento. Falló en resolver las presiones cambiarias. Hay una devaluación (oficial) de más del 50%. La producción caerá más del 10% en este año (Mesalles, idem).

Él difícilmente pudo guardar distancia de las prácticas populistas, relacionadas con el endeudamiento: de las principales fragilidades nacionales desde el 2001, así como de los desentendimientos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con quien hay urgencia de reestructurar los $44.000 millones de obligaciones (Mesalles, idem).

A lo antes dicho, se suman los subsidios a granel, los cuales llegan a incrementar desmedidamente el gasto público; aunados al congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, los causantes del déficit fiscal. Del clientelismo a través de los subsidios sociales, sean “las pensiones y las ayudas sociales, vive casi la mitad de la población” (Rojas Sasse, idem).

Súmese los privilegios a los allegados al peronismo tradicional; el despilfarro asociado a la corrupción, del estancamiento socioeconómico; el ahuyentamiento de la inversión, entorpecida por los gobiernos de Cristina Kirchner – condenada por corrupción – y el Presidente Alberto Fernández – puesto a dedo por Cristina -.

Advenedizos, con agallas, y probablemente disruptivos (cuarta parte).

La crisis económica le dio impulso a la candidatura de un antisistema (Emilia Rojas Sasse), carente de una base de apoyo organizada. El haber consiste en “solo una base de gente enojada, frustrada”, que optaron por una reedición del ‘que se vayan todos'”.

Todo lo comentado en los párrafos anteriores, habla por sí mismo acerca del convincente e inapelable triunfo de Javier Milei, al acumular el 55% de los votos, superando a su rival el peronista Massa, quien alcanzó el 44%.

Estamos haciendo mención a la victoria de “un rara avis”, un novato de la política, el ultraderechista antisistema, libertario, relativamente iliberal, de personalidad recia, explosiva, arrogante, “cuya experiencia política se reduce a dos años en el Congreso”; “un outsider”, quiero decir. No esconde su cercanía nada menos que con los ultraderechistas – populistas Donald Trump y Jair Bolsonaro. Arremetió contra el Papa Francisco, también argentino, y dijo que “predica el comunismo”.

El Presidente electo ha hecho énfasis en el acercamiento y el fomento de alianzas, o alineamientos a favor del mundo democrático liberal. Ha sido categórico en cuanto a la identificación de sus socios cercanos, a saber: los Estados Unidos de América, Israel y las naciones del mundo libre, quienes habrán de ser conscientes de una Argentina, dependiente de sus exportaciones agropecuarias, carente de dólares y de divisas en general (Cristina Papaleo).

Ponderado esto, según él, le podría valer para recobrar influencia en la región. Seguro el líder libertario percibe que nuestro continente cuenta con la ventaja de mantenerse relativamente aislado de las hostilidades y trastornos que ocurren en otros confines (Andrés Velasco). La transferencia de las inversiones y la producción de las empresas estadounidenses y europeas a los países latinoamericanos, aliados geopolíticos, que desistieron de producir en China, favorece nuestros sistemas económicos (Velasco,idem).

Entonces es de prever el ingreso del gobierno de Milei a la Alianza de las Américas para la Prosperidad Económica (APEP), impulsada por el Presidente estadounidense Joe Biden, “la que busca estrechar lazos comerciales entre países del continente”, como vía para contrarrestar la ofensiva de China en América (Infobae).

Ya el próximo Presidente ha fabricado incertidumbre al volcarse a enfrentar al presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva, a quien le ha expresado antipatía. Tanto es así que Argentina será invitada a formar parte de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a partir del 1 de enero de 2024. “Él dijo que su país no tiene que participar de ese bloque, que allí hay comunistas y que eso no va a ocurrir con su gobierno”. En el fondo, hace referencia a China, de la cual el gobierno de Alberto Fernández depende en gran medida del financiamiento y las inversiones (Papaleo,idem).

El Presidente Lula da Silva, al ser objetivo de tales rechazos anticomunistas, se pondría en entredicho, no solo la interdependencia entre los dos gigantes sudamericanos, sino que las negociaciones entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur del tratado comercial podrían verse lesionadas. Es de suponer que el mismo MERCOSUR estará fuera de la agenda regional del futuro presidente libertario. Las organizaciones multilaterales le resultan poco simpáticas, siendo proclive a la configuración global unipolar, lo cual postulará Donald Trump de retornar a la Casa Blanca.

Lo expresamos a la mitad de este escrito acerca de la severa reforma económica, “radical, sin gradualismos” que intentará concretar: llevar el gasto público a cero, privatizará prácticamente todo, reducirá el tamaño del Estado” (Philip Kitzberger, Federico Merke. En: DW). En efecto, ha subrayado (Milei) que el Estado es improductivo, copado por vividores. Optará por la desregulación del mercado; que sea la empresa privada la que posea plena libertad para producir, comerciar e invertir, liberada de las ataduras del Estado. Razón por la cual reducirá y eliminará impuestos.

En cuanto a los atropellos a los derechos humanos en tiempos de “la Guerra Sucia”, es posible que el nuevo mandatario tienda a ignorarlos, toda vez que niega que hubo 30.000 desaparecidos. Quizás previniendo así cualesquier alzamientos militares, los cuales debió enfrentar el Presidente Raúl Alfonsín entre 1987 y 1989, decidido en esa época a juzgar los jefes militares, actores de “la guerra sucia”.

La negación por parte del líder ultraderechista de las consecuencias del cambio climático (Papaleo, idem), es un síntoma de intentar contradecir las posturas europeas y de las mismas organizaciones internacionales, entre ellas la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La dolarización de la economía a la par del cierre del Banco Central.

Ambos objetivos de política económica, planteado por el candidato triunfador contrarían al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a otros observadores, puesto que la dolarización es una medida que se la considera escasamente efectiva. No es segura en lo tocante a la estabilización de los precios. La política monetaria tenderá a depender de los ciclos económicos volátiles de los Estados Unidos de América. Porque el Banco Central perderá su capacidad potencial de prestamista.

Con todo, los mercados aplaudieron la elección de Javier Milei. Las acciones y bonos argentinos subieron en las bolsas estadounidenses. “Incluso sin tener claro lo que puede lograr, los mercados parecen considerarlo una mejor apuesta económica que sus predecesores”, en su mayoría de izquierda (Jack Nicas, Natalie Alcoba y Lucía Cholakian Herrera. En: INFOBAE), pero corroída en corrupción.

Los índices de la bolsa de Buenos Aires han registrado un avance de más del 22%. Se trata de la subida diaria más alta en tres décadas. Entonces la pérdida del peso argentino dista de ser dramática como se esperaba (Tobías Käufer. Yanina Welp. En surssimfo.ch).

Una opinión final.

A estas alturas es bastante prematuro dar a conocer el rumbo real del próximo gobierno. Se espera moderación, pragmatismo y capacidad de negociación por parte del futuro gobernante (Daniel Zovatto; Nicolás Liendo).

Hay señales que lo presuponen, en vista de la alianza sellada con la candidata opositora del Partido Unión Cívica Radical (UCR) en los comicios pasados, Patricia Bullrich, ciertamente con un pasado de “montonera tirabombas”. Alianza reforzada con el expresidente Mauricio Macri (2015 – 2019), recordado por fracasar en contener la devaluación, la inflación, y por su plan de choque contra los sectores vulnerables, los más afectados por las turbulencias.

Ambos políticos liberales, “también miembros de la casta corrupta” (¡OH ARGENTINA!), podrían tal vez originar un equilibrio a favor del nuevo mandatario, el cual inicia a principios de diciembre del año en curso, a sabiendas que el peronismo, una fracción opositora de sumo cuidado, se mantiene en el Congreso como la primera minoría. Algún comentarista subrayaba que es diferente razonar como candidato que como Presidente de la República.

La movilización y la presión de la sociedad civil forma parte del escenario político, sería una falta de olfato arrinconarla. Alfonsín, de la Rúa, Macri, entre otros, lo comprobaron. En vista de la efectividad de tales organizaciones de base, los intentos del retorno al autoritarismo y la represión, no más, habrán de ser allí una fantasía para cualquier histriónico o fanático del poder.

 

Ronald Obaldía González

Por Ronald Obaldía González

Politólogo, escritor, realizó estudios en Washington, Corea del Sur y Taiwán. Colaborador de La Revista de la cátedra de historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).