Ronald Obaldía González, Politólogo.

Un gigante diezmado.

Argentina tiene demasiado que ofrecer a los mercados globales, pero aún no ha sabido trabajarlos en beneficio de toda la población. “Hay un potencial desaprovechado”. Entre otros recursos, “dispone de grandes yacimientos de litio, clave para la transición” hacia la movilidad social.

Asimismo, posee yacimientos de petróleo frente a la costa, que se están liberando para su extracción, “a pesar de las protestas de ecologistas”. Cuenta con ricos yacimientos de gas, potencial para la producción de hidrógeno verde, un sector agrícola que funciona, además de una población joven y en gran medida bien formada” (Tobías Käufer).

Las secuelas de los desaciertos internos de política peronista – populista, las medidas comerciales proteccionistas, le restaron prestigio a la nación, como líder regional, cuya economía es de prever que se contraiga hasta un 3 por ciento este año: “El Banco Central se ha quedado sin reservas”, “de hecho son negativas” (Luis García Casas).

La discapacitan la extravagante deuda externa, “el default”, los desajustes macroeconómicos, el empobrecimiento de la población (más de un 40%), conexo a la inseguridad pública. Vistas el alejamiento de la inversión nacional y extranjera que las interrogantes geopolíticas además las frenan. Cualquier diplomacia de poder le ha sido estéril, o pasa inadvertida al resto de las naciones del subcontinente americano.

Naciones como Brasil y México, tampoco sin éxito, le lesionaron los talones; la superaron especialmente en el periodo de la consolidación de “la guerra sucia”, inmersa durante el predominio de las dictaduras militares latinoamericanas en las décadas de 1970 y 1980.

En Buenos Aires la política doméstica cobró prioridad, se apartó de la política latinoamericana, habida cuenta que las sensibilidades macroeconómicas obligaron a sus gobiernos dictatoriales a otorgarles superior atención, si mal con resultados fallidos.

La desmoralizante derrota en lo concerniente a la guerra contra la Gran Bretaña por la cuestión de los reclamos acerca de la posesión de las islas de las Malvinas (1983) agravaron su fragilidad. Washington le retiró el apoyo antes del inicio de las hostilidades. El descalabro fue fácil de pronosticar.

El factor disruptivo en el país sudamericano reside en el régimen democrático. Él ha estado lejos de otorgar más seguridad, ni logró combatir la corrupción, ni logró reducir significativamente la desigualdad social, ya insoportable. En palabras de la escritora Pola Oloixarac “el problema del peronismo -por más que su mitología sea muy simpática”, y lo es para ella- es que ha devenido en una cleptocracia.

Un ministro de Economía “fracasado”. Arrastró a la nación con una inflación de más del 143%, llevaba todas las de perder. Fueron contraproducentes las estrategias comunicativas “centradas en infundir un sentimiento de incertidumbre y temor” contra el candidato Javier Milei, al presentarlo como una amenaza para la estabilidad democrática y los derechos sociales (Daniel Zovatto).

En los respectivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003 – 2015) y el Presidente Alberto Fernández (2019 – 2023) – “de la casta mafiosa” peronista (de acuerdo con la propaganda de Milei), estatizadora, aumentó la inseguridad, debido a la expansión del narcotráfico y la delincuencia común.

Ellos subsidian “corporaciones de sus partidarios, que se benefician con los negocios del Estado”. Cambiaron aspectos de la participación del país en el escenario internacional, al abogar por el multilateralismo en las relaciones internacionales, robusteciendo los intercambios económicos y financieros con China, hoy su poderoso otorgador potencial de créditos (Alexander Görlach), bajo los recelos estadounidenses. Sobrecogidos, puesto que el gobierno de Buenos Aires dispone de recursos naturales claves como el litio, también reservas de hidrocarburos no convencionales (Luis García Casas. En: DW).

Esta vez, Cristina Kirchner y sus partidarios apostaron por llevar a la Presidencia a Sergio Massa, de Unión por la Patria, la coalición peronista-kirchnerista gobernante, un partido tradicional de izquierda.

Massa tiene 51 años, es el ministro de Economía (fracasado). Resultó incapaz de poner en marcha el plan de estabilización, con tal de controlar la hiperinflación (143% anual). El ingreso per cápita nacional es hoy menos de la mitad que el de la Unión Europea (Luis Mesalles), lo que implica empobrecimiento. Falló en resolver las presiones cambiarias. Hay una devaluación (oficial) de más del 50%. La producción caerá más del 10% en este año (Mesalles, idem).

Él difícilmente pudo guardar distancia de las prácticas populistas, relacionadas con el endeudamiento: de las principales fragilidades nacionales desde el 2001, así como de los desentendimientos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con quien hay urgencia de reestructurar los $44.000 millones de obligaciones (Mesalles, idem).

A lo antes dicho, se suman los subsidios a granel, los cuales llegan a incrementar desmedidamente el gasto público; aunados al congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, los causantes del déficit fiscal. Del clientelismo a través de los subsidios sociales, sean “las pensiones y las ayudas sociales, vive casi la mitad de la población” (Rojas Sasse, idem).

Súmese los privilegios a los allegados al peronismo tradicional; el despilfarro asociado a la corrupción, del estancamiento socioeconómico; el ahuyentamiento de la inversión, entorpecida por los gobiernos de Cristina Kirchner – condenada por corrupción – y el Presidente Alberto Fernández – puesto a dedo por Cristina -.

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Por Ronald Obaldía González

Politólogo, escritor, realizó estudios en Washington, Corea del Sur y Taiwán. Colaborador de La Revista de la cátedra de historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).