Ronald Obaldía González, Politólogo.

Advenedizos, con agallas, y probablemente disruptivos.

La crisis económica le dio impulso a la candidatura de un antisistema (Emilia Rojas Sasse), carente de una base de apoyo organizada. El haber consiste en “solo una base de gente enojada, frustrada”, que optaron por una reedición del ‘que se vayan todos'”.

Todo lo comentado en los párrafos anteriores, habla por sí mismo acerca del convincente e inapelable triunfo de Javier Milei, al acumular el 55% de los votos, superando a su rival el peronista Massa, quien alcanzó el 44%.

Estamos haciendo mención a la victoria de “un rara avis”, un novato de la política, el ultraderechista antisistema, libertario, relativamente iliberal, de personalidad recia, explosiva, arrogante, “cuya experiencia política se reduce a dos años en el Congreso”; “un outsider”, quiero decir. No esconde su cercanía nada menos que con los ultraderechistas – populistas Donald Trump y Jair Bolsonaro. Arremetió contra el Papa Francisco, también argentino, y dijo que “predica el comunismo”.

El Presidente electo ha hecho énfasis en el acercamiento y el fomento de alianzas, o alineamientos a favor del mundo democrático liberal. Ha sido categórico en cuanto a la identificación de sus socios cercanos, a saber: los Estados Unidos de América, Israel y las naciones del mundo libre, quienes habrán de ser conscientes de una Argentina, dependiente de sus exportaciones agropecuarias, carente de dólares y de divisas en general (Cristina Papaleo).

Ponderado esto, según él, le podría valer para recobrar influencia en la región. Seguro el líder libertario percibe que nuestro continente cuenta con la ventaja de mantenerse relativamente aislado de las hostilidades y trastornos que ocurren en otros confines (Andrés Velasco). La transferencia de las inversiones y la producción de las empresas estadounidenses y europeas a los países latinoamericanos, aliados geopolíticos, que desistieron de producir en China, favorece nuestros sistemas económicos (Velasco,idem).

Entonces es de prever el ingreso del gobierno de Milei a la Alianza de las Américas para la Prosperidad Económica (APEP), impulsada por el Presidente estadounidense Joe Biden, “la que busca estrechar lazos comerciales entre países del continente”, como vía para contrarrestar la ofensiva de China en América (Infobae).

Ya el próximo Presidente ha fabricado incertidumbre al volcarse a enfrentar al presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva, a quien le ha expresado antipatía. Tanto es así que Argentina será invitada a formar parte de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a partir del 1 de enero de 2024. “Él dijo que su país no tiene que participar de ese bloque, que allí hay comunistas y que eso no va a ocurrir con su gobierno”. En el fondo, hace referencia a China, de la cual el gobierno de Alberto Fernández depende en gran medida del financiamiento y las inversiones (Papaleo,idem).

El Presidente Lula da Silva, al ser objetivo de tales rechazos anticomunistas, se pondría en entredicho, no solo la interdependencia entre los dos gigantes sudamericanos, sino que las negociaciones entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur del tratado comercial podrían verse lesionadas. Es de suponer que el mismo MERCOSUR estará fuera de la agenda regional del futuro presidente libertario. Las organizaciones multilaterales le resultan poco simpáticas, siendo proclive a la configuración global unipolar, lo cual postulará Donald Trump de retornar a la Casa Blanca.

Lo expresamos a la mitad de este escrito acerca de la severa reforma económica, “radical, sin gradualismos” que intentará concretar: llevar el gasto público a cero, privatizará prácticamente todo, reducirá el tamaño del Estado” (Philip Kitzberger, Federico Merke. En: DW). En efecto, ha subrayado (Milei) que el Estado es improductivo, copado por vividores. Optará por la desregulación del mercado; que sea la empresa privada la que posea plena libertad para producir, comerciar e invertir, liberada de las ataduras del Estado. Razón por la cual reducirá y eliminará impuestos.

En cuanto a los atropellos a los derechos humanos en tiempos de “la Guerra Sucia”, es posible que el nuevo mandatario tienda a ignorarlos, toda vez que niega que hubo 30.000 desaparecidos. Quizás previniendo así cualesquier alzamientos militares, los cuales debió enfrentar el Presidente Raúl Alfonsín entre 1987 y 1989, decidido en esa época a juzgar los jefes militares, actores de “la guerra sucia”.

La negación por parte del líder ultraderechista de las consecuencias del cambio climático (Papaleo, idem), es un síntoma de intentar contradecir las posturas europeas y de las mismas organizaciones internacionales, entre ellas la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La dolarización de la economía a la par del cierre del Banco Central.

Ambos objetivos de política económica, planteado por el candidato triunfador contrarían al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a otros observadores, puesto que la dolarización es una medida que se la considera escasamente efectiva. No es segura en lo tocante a la estabilización de los precios. La política monetaria tenderá a depender de los ciclos económicos volátiles de los Estados Unidos de América. Porque el Banco Central perderá su capacidad potencial de prestamista.

Con todo, los mercados aplaudieron la elección de Javier Milei. Las acciones y bonos argentinos subieron en las bolsas estadounidenses. “Incluso sin tener claro lo que puede lograr, los mercados parecen considerarlo una mejor apuesta económica que sus predecesores”, en su mayoría de izquierda (Jack Nicas, Natalie Alcoba y Lucía Cholakian Herrera. En: INFOBAE), pero corroída en corrupción.

Los índices de la bolsa de Buenos Aires han registrado un avance de más del 22%. Se trata de la subida diaria más alta en tres décadas. Entonces la pérdida del peso argentino dista de ser dramática como se esperaba (Tobías Käufer. Yanina Welp. En surssimfo.ch).

Una opinión final.

A estas alturas es bastante prematuro dar a conocer el rumbo real del próximo gobierno. Se espera moderación, pragmatismo y capacidad de negociación por parte del futuro gobernante (Daniel Zovatto; Nicolás Liendo).

Hay señales que lo presuponen, en vista de la alianza sellada con la candidata opositora del Partido Unión Cívica Radical (UCR) en los comicios pasados, Patricia Bullrich, ciertamente con un pasado de “montonera tirabombas”. Alianza reforzada con el expresidente Mauricio Macri (2015 – 2019), recordado por fracasar en contener la devaluación, la inflación, y por su plan de choque contra los sectores vulnerables, los más afectados por las turbulencias.

Ambos políticos liberales, “también miembros de la casta corrupta” (¡OH ARGENTINA!), podrían tal vez originar un equilibrio a favor del nuevo mandatario, el cual inicia a principios de diciembre del año en curso, a sabiendas que el peronismo, una fracción opositora de sumo cuidado, se mantiene en el Congreso como la primera minoría. Algún comentarista subrayaba que es diferente razonar como candidato que como Presidente de la República.

La movilización y la presión de la sociedad civil forma parte del escenario político, sería una falta de olfato arrinconarla. Alfonsín, de la Rúa, Macri, entre otros, lo comprobaron. En vista de la efectividad de tales organizaciones de base, los intentos del retorno al autoritarismo y la represión, no más, habrán de ser allí una fantasía para cualquier histriónico o fanático del poder.

 

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Por Ronald Obaldía González

Politólogo, escritor, realizó estudios en Washington, Corea del Sur y Taiwán. Colaborador de La Revista de la cátedra de historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).