Ronald Obaldía González, Politólogo.

Teniendo como prioridad en el ámbito de las hostilidades, el intercambio entre los presos palestinos y los 130 rehenes israelíes, el alto al fuego o, en su defecto, la tregua de seis semanas, en la ronda de negociaciones, llevadas a cabo en Doha (Catar) y el Cairo, que impulsan los Estados Unidos de América, Francia, Catar, Egipto y representantes de la agrupación palestina, islamita, Hamás, el jefe del Mossad israelí; al respecto, cabe presumir que, por más llamados de la Unión Europea (UE) y de Washington al Gobierno de Israel, en cuanto a abstenerse de materializar el ataque terrestre dentro de la zona de Rafah, ubicada en el extremo sur del enclave de Gaza, los impulsos del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, junto con su coalición, podrían imponerse.

La guerra la desencadenó el brutal ataque terrorista de Hamas en el sur de Israel del 7 de octubre del 2023, denominado así el “11 – S de Israel” (Charles A. Kupchan, 2023), dejando “unos 1160 muertos en su mayoría civiles (AFP. DW, 2024), además de los 130 secuestrados en Gaza, de quienes se exige la liberación. En lo tocante a los rehenes, Tel Aviv reclama la lista de las 30 personas “que habrían muerto en cautiverio”.

Cuestiones improbables de satisfacer los pedidos de la organización islamista Hamás, a saber, la tregua o el fin inmediato de la guerra, además del retorno de los desplazados a sus comunidades de origen.

En Rafah sobreviven, hacinados y en condición de refugiados, 1,4 millones de palestinos, acosados por la guerra. Por ahora bombardeada (AFP. Costa Rica: periódico La Nación,28/02/2024), lo cual ha desembocado en la destrucción de la estructura de los túneles subterráneos: el puntal de los recursos militares de los islamistas.

Hamás fue fundada en 1987, su carta programática descansa en el fundamentalismo islámico y en el nacionalismo extremadamente anti sionista; cuenta con su propia estructura militar (los milicianos). Antagoniza a la secular Organización para la Liberación de Palestina (OLP) – su sucesora la Autoridad Nacional Palestina (AP) en Cisjordania -, otrora creada por Yasser Arafat.

Tal cual la asfixiada organización fundamentalista exige con vehemencia la retirada del ejército israelí de la devastada e inhabitable Gaza: un enclave que arrastra un desastre humanitario, principalmente las hambrunas. Ahí viven 2,4 millones de palestinos dentro de una superficie de 41 kilómetros de largo y 10 kilómetros de ancho; la orilla el mar Mediterráneo y se ven “cercadas” sus fronteras continentales por Egipto e Israel (BBC News).

Con tal de debilitar y dividir el movimiento palestino, Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea sostiene que es un hecho cierto, una realidad incuestionable que, en su ocasión, Israel sirvió de facilitador del desarrollo de Hamás. Esa denominación estuvo menos aferrada al ideal del Estado palestino.

Las discordias entre sus enemigos le fueron útiles – pero al final se convirtieron en contra fácticas, porque los fundamentalistas le vinieron a sacar las uñas -. Pese a que se logró aumentar la oposición frente a su acérrimo enemigo la OLP, promotor del Estado palestino y de las violentas “intifadas”.

Valga enfatizar que, desde los enfrentamientos de junio de 2007 entre palestinos, los liderazgos de ellos están divididos entre la Autoridad Palestina de Mahmud Abás, con un poder restringido en Cisjordania, territorio ocupado y gradualmente colonizado, también en Jerusalén este, por ciudadanos de Israel desde 1967. Por su parte, Hamás gobierna la Franja de Gaza.

En el 2007 el Fatah, el brazo militar de la Autoridad Nacional Palestina (AP) y Hamás protagonizaron entre sí una escalada de violencia, cuyo objetivo fueron las disputas de poder. Lo que significa que ni entre ellos se han entendido. Veinte años después, en junio de 2007, los islamistas tomaron el control de la Franja de Gaza después de una guerra civil contra el Fatah de Mahmud Abás, sucesor de Yasser Arafat y presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Un movimiento principalmente laico, el que administra parcialmente Cisjordania ocupada.

Mahmoud Abbas gobierna la Autoridad Palestina desde el 2005 al cabo que se ha aferrado al poder y disuelto cualesquier signos o reacciones opositoras en contra suya, que de hecho existe de manera decidida y activa.

 

DIGRESIÓN HISTÓRICA: VIRULENCIA ENTRE ÁRABES

La guerra de Gaza, provocada por las atrocidades del terrorismo, contra los activistas civiles de un festival cultural, el cual se celebraba el 7 de octubre pasado en el sector sur del territorio de Israel, limítrofe con esa ahora zona de combate, dista de registrar “el único episodio apocalíptico” del Cercano Oriente. Los árabes lo habían practicado con anterioridad, con la misma violencia y “rabia”.

Casos específicos dentro del mundo árabe musulmán forman parte del libro oscuro de un caos “societal”. No se pueden rasgar entonces las vestiduras. Las víctimas de hoy son las de aquellos sangrientos acontecimientos.

Al igual que los judíos, los palestinos acumulan un pasado de confrontaciones sangrientas. En nuestro escrito anterior citamos el genocidio del “Setiembre Negro” en 1970, fuere ello la guerra del ejército de Jordania del rey Hussein y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dirigida por Yasser Arafat, sinónimo de un derramamiento de sangre contra miles de palestinos, quienes luego se vieron obligados a refugiarse en el Líbano, debido a que el rey Hachemita había sospechado de acciones conspirativas en su contra para derrocarlo.

En su nuevo destino volvieron a ser objeto de otro genocidio, causado nuevamente por sus propios vecinos también árabes. El sonado llegó a ser la venganza de los falangistas libaneses (de origen cristiano – maronita), junto con efectivos del ejército quienes en 1982 ingresaron a masacrarlos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en el Líbano, con la supuesta complicidad de Ariel Sharon, Ministro israelí de Defensa. Pues se les había acusado de haber planeado el asesinato del Presidente electo del Líbano Bashir Gemayel, de origen maronita. Y porque años atrás los palestinos en la revuelta de Damour habían asesinado a decenas de maronitas y profanado el cementerio cristiano (Fuente: Wikipedia La enciclopedia libre).

Desde 1975 hasta 1990, diversos grupos aliados con países vecinos lucharon unos contra otros en la guerra civil libanesa. Las luchas internas y las masacres entre estos grupos se llevaron miles de vidas (Wikipedia, ídem). Tanto los maronitas cristianos, los palestinos, los sirios, chiitas, los sunitas, los drusos, entre otros, fueron copartícipes.

Hasta el mismo ejército hebreo intervino en las reyertas militares, enfrentando la guerrilla chiita del movimiento Hezbolá, financiada por “el Irán teocrático”. A partir de 1982 ocupó el sur del Líbano; en el 2000 se retiró de allí.

La misión consistió en expulsar de ese país vecino la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), porque le significó una amenaza real y constante, al tiempo que tanto los libaneses como los hebreos recrudecieron los antagonismos, motivado por la determinación libanesa de adueñarse con parte del caudal del agua de uno de los afluentes del río Jordán (Wikipedia, ídem), acciones rechazadas por Israel.

 

EL IMPERIO DE LA RIGIDEZ

Habida comprobación del constante y desmedido nivel de rudeza (inimaginable) de la represalia israelí en medio de la guerra con dimensiones geopolíticas, la ofensiva y la presión militar suyas registran más de 30.000 muertos en la parte enemiga, entre ellos más de 10.000 milicianos (Michal Gur – Aryeh, Embajadora de Israel en Costa Rica): la cuarta parte de sus miembros.

Por su parte las fuerzas armadas judías contabilizan la pérdida de casi 250 soldados (AFP). Washington exhorta al gobierno judío que evite ejecutar un operativo Rafah, en lo cual equivale a traspasar “la línea roja”, aun así, los señalamientos le han sido Indiferentes: el fuego prolongado se mantendrá de modo desafiante.

El Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, evitando “una tragedia anticipada”, pidió al ejército un “plan combinado” en función de las operaciones terrestres, para la “evacuación” de las personas civiles de Rafah, adjunto a la “destrucción” del movimiento islamista Hamás en esa ciudad del sur de la Franja de Gaza (AFP): una misión irrenunciable, para frustración de la comunidad internacional.

Lo antes dicho se enlaza con la postura recalcitrante del Gobierno de Netanyahu y su coalición, quienes rechazan de plano la fórmula internacional de la constitución del Estado palestino, lo que comportaría Jerusalén como capital.

Ni siquiera aceptan que ello prevendría sucesivos actos terroristas: la fuente de las continuas y principales amenazas a la estabilidad y seguridad nacionales contra el territorio judío. Porque siempre Israel ha librado una cadena de combates frente a sus permanentes enemigos, ellos desprovistos de la visión y las fortalezas y competencias en el haber de la sociedad israelita, a favor de la prosperidad, el bienestar humano y la existencia democrática, de lo cual carecen casi la mayoría de sus convecinos.

En la inalterable lógica de guerra del anti-palestino Netanyahu, dada a conocer en “su plan de postguerra -, en su ocasión rechazado por Washington y sus enemigos -, prevalece el propósito de ejercer otra vez el control militar sobre el territorio de Gaza, igualmente en la ocupada Cisjordania.

Sobresalen condiciones a favor de la postura como tal, mientras los antagonismos entre la OLP y Hamás recrudezcan “será imposible el establecimiento de un gobierno palestino” en Gaza y Cisjordania, después del conflicto (Shlomo Ben Ami, 2024).

Parte de la radicalización y los odios “rabiosos y letales” entre judíos y árabes obedece a la expansión de asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada, hasta en este tiempo de guerra, lo cual es “inconsistente con la ley internacional”. Los desaprueba el Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken (los asentamientos o las colonias), lo que comporta un giro de la política de Washington hacia este foco de tensión en los territorios palestinos (Cisjordania y Jerusalén Este).

En cambio, el punto de vista de la administración de Donald Trump (2017 – 2021) consistía en permitirlas a contrapelo de alcanzar la paz duradera. La inexistencia de sanciones legales empodera a Netanyahu y a quienes se involucran en dichos actos violentos y arbitrarios, que corren parejo con los desplazamientos de las comunidades palestinas (La Vanguardia Internacional, 2024).

Menos aún se ofrece diversidad de opciones frente a las tensiones y los odios recíprocos, provocados por la ocupación permanente de los territorios palestinos, así como frente a la negativa de la creación de un Estado soberano para ellos. Lo cual hubo de llegar a ser parte de las bases de la agenda del otrora y “moribundo” proceso de paz en Oriente Próximo (Mark Leonard, 2023), frustrante, y sin un mínimo de resultados desde el inicio.

Ni los lanzamientos de misiles contra el territorio judío, ni las colonizaciones judías en Cisjordania lograron apaciguarse. Añádase a la vez la incompetencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de reactivarlo.

IRÁN PRECAVIDO.

“Es poco probable que Irán no supiera nada de los ataques del pasado 7 de octubre”, destaca, por su parte, el experto en Irán Ali Fatholla-Nejad, ya que la situación en Cercano Oriente es altamente peligrosa para la república islámica, subraya el fundador del Centro Berlinés para Oriente Medio y el Orden Global (CMEG, por sus siglas en inglés).

Según Fatholla-Nejad, se ha tenido mucho cuidado de no entrar en conflicto directo con Estados Unidos de América o Israel, aunque para ello emplea el eje de la resistencia, el cual ha golpeado bases militares estadounidenses en Irak y Siria.

Irán suministra armas a Hezbolá en el Líbano, a los hutíes en Yemen, es decir, directamente en el Mediterráneo y el mar Rojo, respectivamente (DW, 2024); eso le significa un alto costo, insoportable a su debilitado y bloqueado sistema económico. Con todo, es una forma de presión con tal de disuadir a Washington de exigir a Israel el cese de la guerra en Gaza (Kersten Knipp, 2024).

Los recientes ataques de represalias estadounidenses contra posiciones militares iraníes en Siria e Irak “convencieron a los Ayatolas” de las consecuencias impredecibles que les acarrearía una embestida superior (Michael Ignatieff, 2024), en cuenta a sus proxis.

Una guerra pondría en peligro la seguridad del régimen de Teherán (DW). “La gente que está en el poder en Teherán es muy consciente de esto”, subrayó Fatholla-Nejad. Es un régimen teocrático que además de arrastrar una enorme impopularidad, es visto a nivel global como “un Estado paria”, altamente opresivo, en especial por su enfrentamiento con los derechos humanos de las mujeres. El que apuesta por un programa nuclear propio, rechazado, sancionado, por la Organización de las Naciones Unidas y las potencias de Occidente.

Tampoco se quedan los Ayatolas con los brazos cruzados. Patrocinan acciones contra civilizatorias, a través del “eje de la resistencia”, ya que ordenan a los militantes chiitas hutíes, aliados de Hamás, a disparar con misiles contra las embarcaciones comerciales que cruzan el mar Rojo, “es de paso obligatorio hacia el canal de Suez: ruta clave entre Asia y Europa”.

El encarecimiento de las tarifas de los fletes, la escasez de los contenedores, las demoras en las entregas de los productos han sido los efectos inmediatos de carácter global, por cuanto ha habido necesidad de utilizar rutas comerciales alternativas.

El transporte marítimo, cuyos impactos se interconectan con los precios del petróleo y sus derivados, se ha visto lesionado si se suma la disminución en el tránsito por el canal de Panamá debido a la escasez de agua por el fenómeno climático de El Niño (Gustavo Ortega, 16/l/2024).

Ni en este entonces la relativa exacerbación de las tensiones entre el gobierno judío y el Hezbolá del Líbano, las conexas refriegas en Yemen, Siria e Irak, donde organizaciones “del eje de la resistencia” pro – iraníes originan represalias en apoyo a Hamas, neutralizan los implacables propósitos del gobierno de Tel Aviv de desaparecer los terroristas de Gaza. Es vital para la sobrevivencia del Estado judío, de acuerdo con la posición del gobierno y las fuerzas armadas.

Por su lado la organización fundamentalista acumula popularidad, la cual descansa en el planteamiento de destruir el Estado de Israel, los judíos del planeta y al resto de los infieles (Carta Fundacional del 18 de agosto de 1988): los judíos son ocupantes sionistas, según ellos. “Israel no busca, a diferencia de Hamás e Irán, que actúan en un segundo plano y lo propagan abiertamente, la aniquilación física de su oponente en el conflicto”. A nuestra opinión, la compasión con la población palestina es legítima y relevante, pero sin usar terminología antisemita (Elke Gryglewski).

En el orden de las intransigencias, y al comprobar sus fracasos en Gaza y al sur del Líbano con los lanzamientos de misiles de Hezbolá, Irán acelera los proyectos nucleares a contrapelo de las prohibiciones impuestas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y las potencias occidentales, quienes la continúan sancionando y aislando.

De pronto, el gobierno de Tel Aviv podría abrir un nuevo frente de ataque. Años atrás fue persuadido por la Casa Blanca de retroceder en sus planes de destruir los laboratorios iraníes, básicos en la fabricación de la bomba atómica. He aquí un presupuesto complicado a tomar en cuenta.

Se había presumido que Irán directamente ingresaría al campo de batalla en Gaza, que de concretarse impactaría los precios de los hidrocarburos a nivel global. “Las escenas desgarradoras” en contra de su aliado Hamás la han hecho retroceder. Previniendo destrucción en su propio territorio, los Ayatolas recurrieron al “eje de la resistencia”, “los proxis” suyos.

Asimismo, ellos han sido incapaces de reducir los efectos del recrudecimiento de la violencia de sus oponentes. Las advertencias del Ministro hebreo de Defensa fueron contundentes, de operar en cualquier terreno enemigo, tuvieron eco en la dirigencia de Hezbolá, aliado de Hamás, quien a la vez ha experimentado los impactos de los ataques aéreos del ejército israelí, varios de los altos dirigentes y milicianos de la organización islámica chiita han perdido la vida.

 

PELIGROSO DESENLACE

Todo hace presagiar la victoria de la nación judía, cuyo inobjetable respaldo del Gobierno de los Estados Unidos de América podría acarrear el rebrote del terrorismo internacional. La amenaza inminente impone a Occidente a reactivar el conjunto de alertas y alarmas. Porque el espíritu de grandeza y de reconciliación distan de ser digeridos en la postguerra, por igual a los vencedores y los vencidos.

Posiblemente, el Primer Ministro Netanyahu tampoco las tenga todas consigo, las reformas arbitrarias e impopulares al Poder Judicial, su comportamiento antidemocrático, lo colocaron en mal predicado. Pero de repente la astucia suya, las estratagemas que lo caracterizan para alcanzar y retener el mando, contribuirían a dar un vuelco a su favor.

Señales categóricas de lo antes dicho residen en el Parlamento, quien decidió vetar la propuesta de la instauración del Estado palestino. Las comunicaciones y las coordinaciones entre el alto mando militar y el gobernante han cobrado mayor vigor, con tal de desmantelar el ala militar contrincante y liberar los rehenes.

Tesitura que fue diferente al inicio de la guerra, por cuanto la credibilidad del Jefe de Gobierno estuvo en su más bajo nivel, a raíz de las protestas sociales, de su empecinamiento en concretar las dudosas reformas judiciales y en lo tocante a contrarrestar las acusaciones de corrupción en su contra.

Las sospechas desprendidas de un Rafah, localizada en Gaza junto a la frontera cerrada con Egipto, objeto de la posible y arrolladora operación militar – “habría un baño de sangre” -, se sustentan en las pretensiones de los anti-palestinos de desplazar de sus tierras a los civiles por la fuerza (AFP; Mahmud Abas, presidente de la Autoridad Palestina); también patrimonio de los hebreos. La coalición que sostiene a Netanyahu, su capital político, se encamina por esta torpe vía, colocando en desgracia las gentes civiles del enclave

La ventaja de contar con el rechazo del Gobierno de Joe Biden en torno a los desplazamientos a la fuerza, “en algo” hace prever la continuidad de los arreglos que den forma al Estado palestino, una tesis que habrá de poseer escaso asidero, debido al post-trauma de las atrocidades, cometidas por los milicianos islamistas el pasado 7 de octubre, quienes todavía cuentan con cuatro batallones situados en Rafah, con reducidas capacidades de ofrecer resistencia.

A la contraparte enemiga, “esto le viene de perlas”, a los extremistas, quienes respaldan a Netanyahu, resistentes a cualesquiera negociaciones, favorecedoras del Estado palestino, al cabo de su satisfacción ante éxitos intensos, alcanzados en la guerra librada. La desbandada de milicianos islamistas, ya casi derrotados, plantea el riesgo de unirse a pandillas criminales y terroristas o agrupaciones salafistas, yihadistas, fundamentalistas incluso más radicales.

Su objetivo se centrará en crear caos a Israel (Shlomo Ben Ami). Fenómeno similar a lo acaecido en Irak con el derrocamiento de Saddam Hussein. La radicalización de sus seguidores desembocó en mayor desestabilización e inseguridad. Aprovecharon “el vacío político”, lo que dio paso a la formación de Al Qaeda y el Estado islámico (EI), quienes operaron en los Estados Unidos de América y Europa, aliados de la nación hebrea.

A través del excesivo uso de “la fuerza bruta”, el entorpecimiento de la asistencia y la ayuda humanitarias “como arma de guerra”, así los resultados o los objetivos políticos pueden ser inciertos (Charles A. Kupchan, 2023). Lo captó el gobierno estadounidense en sus experiencias anteriores. Las fallidas experiencias de Irak, Afganistán y Libia enseñaron “que la superioridad de la fuerza militar” acarrea disfunción social, política e intensa polarización, radicalismo violento (Kupchan, idem).

Estados Unidos de América se ha prestado a vetar cualquier resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que exija el alto el fuego. Sin embargo, el Presidente Joe Biden cambia de posición al expresar reservas frente a los intentos de Netanyahu de eliminar los cuatro batallones de Hamás en Rafah, en vista de los riesgos que afrontaría la población civil, bajo el agravante de que se incurra en el genocidio.

De todos modos, la presencia militar de Washington en la explosiva región ha contribuido a prevenir una “escalada generalizada del conflicto”. En el mismo orden, Irán y sus proxies continúan siendo disuadidos.

A REPENSAR EN EL DESTINO DE LA FRANJA DE GAZA

Basado en el derecho internacional humanitario, habrá que imponer al gobierno hebreo su responsabilidad en el planeamiento mediante los recursos diplomáticos, políticos, económicos “de cómo será la gobernanza” en el enclave que ha devastado, tras la posible eliminación de la organización fundamentalista, la que lo controlaba autoritariamente.

El académico de la Universidad de Georgetown, Charles A. Kupchan, lleva la mira en que será preferible que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Estados Unidos de América, la Unión Europea, Egipto y Catar pongan en marcha una coalición encargada allí de la reconstrucción y la gobernanza. Al mismo tiempo, dentro del esquema de trabajo de la coalición se planearía, de manera cooperativa y asociativa el destino de la nación Palestina, en aras de la seguridad, la estabilidad y la paz duradera.

Por más acuerdos de Abraham, ni los israelíes, ni los propios árabes difícilmente contarán con seguridad y garantía de estabilidad hasta que de ellas carezcan los palestinos, y viceversa (Charles A. Kupchan).

Mediante dicho plan se está formulando la reforma y la revitalización de algunas entidades palestinas, sin hacerse mención directamente de la Autoridad Nacional Palestina (AP). Esta, por cierto, bastante desacreditada por inoperante y corrupta. Habría prioridad en el desarme y la desmilitarización de Gaza (y Cisjordania), regida por movimientos fundamentalistas radicales, quienes supuestamente encontraron respaldo en algunos funcionarios de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) – casi desmantelada a pedido de Israel – en la comisión del sangriento ataque del 7 de octubre del 2023.

Un Netanyahu “cesarizante”, iliberal, autoritario, apoyado por el Parlamento, indispuesto en aceptar condiciones del enemigo, más empeñado en “liquidarlo”, continúa empañando – sin graves consecuencias – la posición de Israel en el ámbito de la comunidad internacional, lo que alimenta “la expansión del antisemitismo”, por cuanto se le considera desproporcionado y excesivo el nivel suyo de respuesta militar: el caos humanitario en Gaza lo pone al descubierto.

Sin embargo, al inicio de las hostilidades se reconoció “el derecho indisputable a defenderse” (Mark Leonard, 2023), de manera equilibrada. El imperativo de defenderse, a través de un ejército sofisticado y eficaz, frente a sus enemigos árabes ha sido la esencia histórica del Estado hebreo desde su nacimiento en 1948.

La intransigencia y la soberbia gobernante judío, que las refuerzan la coalición doméstica compuesta por ultranacionalistas, ultraderechistas, ultraortodoxos religiosos, tampoco han hecho profunda mella en la posición diplomática suya de renunciar al cese del fuego.

Ni la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ante las demandas de Sudáfrica, llegó a adoptar algún llamamiento, menos aún una resolución condenatoria, en este sentido. Tales sean los ribetes antisemitas que intentó invocar sin éxito el Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuando comparó la actual guerra librada con el Holocausto, declaraciones de él que fueron vistas de pasada en el sur global.

Mientras los terroristas islamistas demandan tregua, las fuerzas militares israelíes exigen la liberación de los rehenes. Quienes sufren son las gentes, víctimas del desastre, la hambruna y la pesadilla humanitaria, porque la asistencia humanitaria se ve obstaculizada por el avance de las hostilidades entre ambos bandos. El cese de las hostilidades lo rechaza el gobierno judío, secundado por el Parlamento, ni siquiera lo condiciona a la entrega de los rehenes. Nadie cede.

En el peor, que desafortunadamente es lo probable, continúa la despreocupación por la gobernabilidad del enclave destruido durante la postguerra, los protagonistas de la guerra lo han omitido.

 

LA URGENCIA DE LA CRISIS HUMANITARIA

Los funcionarios estadounidenses han afirmado durante meses que la única razón por la que el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha modificado de postura respecto del conflicto en Gaza es por los esfuerzos persuasivos de la administración Biden (Natasha Bertrand, Jennifer Hansler, Alex Marquardt. En CNN).

La insistencia y las presiones de la Casa Blanca sobre la intransigente coalición del Primer Ministro deben ir encaminadas a hacer expedita y eficaz la asistencia humanitaria a las gentes civiles, a fin de “aliviar la desesperada situación humanitaria que enfrentan los palestinos en Gaza, provocada por la negativa de Israel a abrir cruces terrestres adicionales o enviar más ayuda por tierra al enclave”, mientras continúa luchando contra Hamas.

Las tragedias humanitarias empeoran. Las acciones corruptas de determinados sectores políticos, militares y empresariales de Egipto las aceleran, dado que están haciendo negocios ilegales con la asistencia humanitaria.

Hay un informe que afirma los comportamientos de las autoridades egipcias, destinados a aplicar altas tarifas, destinadas a impedir la inmigración de habitantes de Gaza a Egipto y frustrar «planes destinados a eliminar la causa palestina». «El régimen egipcio se llena los bolsillos con el dinero de los sufridos habitantes de Gaza que buscan escapar del infierno» (Diario libanés pro-Hezbollah Al-Akhbar).

De qué nos extrañamos, sí las naciones árabes vienen marginando la causa palestina desde tiempo atrás, en esas sociedades llegan a ser hasta un estorbo, se igualan a habitantes de segunda categoría.

SIEMPRE EL CAMINO EMPEDRADO.

“Las exigencias del Presidente Joe Biden en aras de la constitución de un Estado Palestino con una AP “revitalizada”, retomando el control de Gaza en estos momentos, para peores fueron prácticamente rechazadas por el Parlamento israelí donde 99 Diputados de todos los partidos, sobre los 120 existentes, votaron en contra.

Tan replicadas por el Parlamento como por el Primer Ministro puesto que aducen que ello equivaldría a recompensar “el terrorismo sin precedentes” del movimiento de resistencia Hamás.

Hacen énfasis en que significaría recompensar al terrorismo con un reconocimiento unilateral en respuesta a la masacre del 7 de octubre. Netanyahu advierte que del mismo modo no aceptarán “soluciones impuestas”, de ninguna potencia e instancia internacional (AFP).

La Autoridad Palestina, a largo plazo, podría liderar tanto Cisjordania como la Franja de Gaza, teniendo presente el consenso inter palestino. Obviamente, a juicio de Israel en el consenso como tal, será totalmente inaceptable la integración de Hamás y sus milicianos, inviable desde todo punto de vista, cuya dirigencia roba a su pueblo al destinar sus recursos al terrorismo y la construcción de túneles subterráneos, en detrimento del bienestar de la gente.

En tanto que guardan dinero para ellos (Porisrael.org.).

Varios observadores israelíes y de Occidente subrayan que todavía a Occidente le falta comprender que Medio Oriente es un mundo opuesto al de la racionalidad occidental. Que el Estado de Israel está luchando no solo por su supervivencia existencial, sino también por la democracia liberal de Occidente.

Pareciera que el mandatario Joe Biden, dista de captar “la imposibilidad de transformar una Autoridad Nacional Palestina corrupta, ineficiente, dictatorial y minoritaria en una proactiva, tecnocrática, de un día para el otro”.

Tampoco comprende cómo debe ser la reconstrucción de Gaza donde casi el 80 % de la gente apoyaba a Hamas antes de la guerra. El que los judíos salgan gananciosos de las operaciones militares, ello está lejos de borrar la psicología social anti-sionista, ampliamente programada y arraigada en el pueblo gazatí. Será un espejismo que en la postguerra la reconciliación y la cooperación imperen en el pequeño territorio inhabilitado.

Mientras que el interés del ególatra gobernante judío subyace en la inminente “victoria final”, la embestida terrestre a Rafah acabaría de confirmarla. Todo indica que la organización sunita cuenta con fuerzas ampliamente reducidas; la infraestructura de los túneles, sus fortalezas en los combates, han quedado inhabilitadas. Lo cual dará lugar a la eliminación del ya decadente movimiento terrorista Hamás en términos de la guerra – saldrá derrotado – y en la liberación de los rehenes en manos de su enemigo.

El gobernante ultraderechista (Netanyahu) ha restado fuerza al Acuerdo de Abraham, relacionado con la recomposición de las relaciones con las naciones árabes sunitas, quienes solo en retórica prestan atención a Gaza. De haberse avanzado en el objetivo de la normalización como tal, las complicaciones en Cisjordania y Gaza hubieran pasado a un rango secundario (Leonard, ídem).

En cambio, en adelante podrá tropezar (el Acuerdo) ante la ira de las poblaciones musulmanas debido a la cuestión del aniquilado enclave, principalmente en Arabia Saudita, cuya monarquía viene dando tímidos pasos en pos de su modernización y el acercamiento con el Estado hebreo.

Aún, cuando le resulta insignificante la apuesta de una presunta defensa de Hamás, – gobierna Gaza desde el 2007 – de quien guarda distancia debido a su pertenencia “al eje de la resistencia”, fraguado por el Irán, chiita, su rival geopolítico en el Medio Oriente; a pesar de los esfuerzos de China de lograr entendimientos entre ambas potencias musulmanas de la convulsionada región, con tal de derrocar la hegemonía estadounidense allí y en el sur global (Michael Ignatieff, 2024).

HACER USO DEL DISCERNIMIENTO.

Otra inminente ronda de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) le augura complicaciones a Israel, la cual debió reconocer que el 7 de octubre del 2023 la organización terrorista cometió atrocidades contra la nación hebrea y sus ciudadanos; razón por la cual ella tiene “el derecho inherente e inalienable de defenderse”. A la vez la Corte ordenó la liberación inmediata de los rehenes, aún retenidos en Gaza, en donde los terroristas utilizan a la población civil como escudo humano.

El desastre humanitario le cobrará un precio alto, impera la opinión de un Hamás casi aniquilado, pidiendo tregua, se hiper – victimiza, por lo que deja ver que es innecesario mayor derramamiento de sangre. Sus redes de apoyo resultaron ineficaces.

El propio Irán da la impresión de optar por su programa atómico, asegurarse su autodefensa, en lugar de invertir en el eje de la resistencia destinado a golpear a Israel. Se percibe fracasado, el orden Occidental lo ha aplacado. En el caso del Líbano hay un fuerte control defensivo por parte de las fuerzas hebreas. Los misiles de Hezbolá (pro – iraní) son controlables. La organización terrorista se sabe advertida de abstenerse de cruzar la línea roja. Ha obedecido.

Casi nadie está persuadido del cercano fin de la contienda militar en Gaza, lo que nos hace suponer “que falta más sangre”. La tragedia se prolongará. El riesgo de los indicios de genocidio crece constantemente; Israel está en la obligación de acatar los señalamientos de la Corte Internacional de Justica de La Haya acerca de lo cual la había prevenido. Los Estados hacen esfuerzos en salvaguardar la correcta reputación.

Lo pone en evidencia Josep Borrell, el rector de la diplomacia de la Unión Europea (UE): “La respuesta militar israelí en Gaza creo que es desproporcionada. Se está causando un excesivo número de víctimas civiles”.

La nación hebrea se ha visto obligada a evitar la erosión de su reputación internacional, hasta ahora su talón de Aquiles, que mal saben aprovechar los enemigos antisemitas y sus compañeros de viaje.

Los recursos diplomáticos a su disposición, combinados con la fuerza equilibrada en el tramo final de la campaña militar impedirán que el eje de la resistencia y la contracivilización sean alejados de la definición del futuro de la sociedad palestina.

EPÍLOGO.

Tampoco perdamos la esperanza. La solución de dos Estados como la única posible al conflicto entre israelíes y palestinos fue defendida ampliamente por los países del G20 reunidos el mes pasado, una cita en la que la guerra en Gaza ocupó un lugar central.

Asimismo, el diario estadounidense The Washington Post, aseguró que Estados Unidos de América y varios países árabes trabajaban en un plan global de paz con un calendario para la fundación de un Estado palestino, una vez que concluya la actual guerra entre Israel y Hamás en Gaza (AFP).

A su cuenta, la larga campaña militar contra una organización terrorista, oscurantista, en casi nada le favorecerá a nuestros hermanos mayores en la Fe. Ellos poseen entereza espiritual y “ethos” que los conduzca a librarse del revanchismo del “ojo por ojo”. En su trayectoria religiosa, civilizatoria universal, de forma permanente ha habido lugar a favor de los gestos y procederes de grandeza.

Es probable que la mejor solución sea la de tres Estados y no dos, con Gaza autónoma, reconstruida, sin los milicianos musulmanes, separada de la AP de Cisjordania, “como sucedió en otro lugar del mundo, cuando Pakistán y Bangladesh se divorciaron en 1971 a pesar de ser ambas musulmanas, pero con profundas diferencias y confrontaciones”. Un novedoso y exitoso ejemplo, esta vez en Europa, fue el de Checoeslovaquia conformando dos países diferentes, Eslovaquia y la República Checa” (Víctor Zajdenberg Fuente: Visavis.com).

En línea con lo antes dicho, la reanudación de los postulados de los Acuerdos de Abraham, los que tienden a normalizar las relaciones entre judíos y las naciones árabes, constituye una vía altamente constructiva. Líneas arriba expusimos que la alianza de Hamás con Irán les representa a ambas Partes una real amenaza: se ha pretendido empoderar y elevar la influencia de los persas en la región.

Entre las antípodas de la fallida Primavera Árabe (los ayatolas una de ellas), aunque nos sean insoportables, preferimos los pasos calculados y hasta opacos, del Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, conocido como MBS, tal vez menos anacronismo y estancamiento social, cultural nos ofrezca. Pues el tiempo le puede jugar a él una “buena pasada”; la Primavera Árabe ronda por el subconsciente de los colectivos nacionales del Medio Oriente, podría volver por sus fueros y con mayor vitalidad.