Ronald Obaldía González, Politólogo.

El abortado ataque israelí frente a Irán

Desde el triunfo de la revolución de 1979, la fundamentalista República Islámica (chiita) iraní, guiada por el antioccidental Ayatola Ruhollah Jomeiní, financiando organizaciones extremistas y terroristas, comenzó a abogar por la “aniquilación” del Estado Israel en favor de la construcción del Estado palestino.

Reclamando a Israel su alianza total con el pro-occidental y represivo régimen monárquico del Shah Mohammad Reza Pahleví, quien sí reconoció al Estado hebreo en 1950, los líderes de la revolución iraní, los Ayatolas, intensificaron su odio y enemistad frente a tales vínculos, para ellos “controversiales”.  Tal que se rompieron los lazos políticos y los diplomáticos con la nación judía. La hostilidad y el odio de los dirigentes de Teherán hacia Israel, todavía distan de contar con el pleno apoyo de su propia sociedad nacional, porque hasta el despótico sistema religioso islámico es objetivo de la fuerte resistencia popular.

A partir de entonces los Ayatolas, por intermedio de su brazo militar e ideológico los Guardianes de la Revolución, revestido de nacionalismo y populismo, contribuyeron a financiar la Yihad Islámica, Hezbolá, Hamás, las organizaciones radicales y terroristas en Irak y Yemen, con tal de enfrentar las fuerzas armadas hebreas en el terreno militar y atentar contra sus intereses en el extranjero.

Sobre este particular, recuérdese que, con el aval de Teherán, se llevaron a cabo atentados terroristas en la Embajada de Israel en Argentina y, allí mismo, contra la Asociación Mundial Israelita – Argentina (AMIA) durante la década de 1990.

Cuando en 1982 Israel invade el Líbano, en medio de la guerra civil interna de su vecino, lo hizo precisamente con la mira puesta de contener los ataques de los palestinos, agresiones que en adelante repetirán las milicias pro – iraníes, que en la actualidad conforman “el eje de la resistencia”.

Un giro sin precedentes

Contraproducente a los intereses de Irán: el irresponsable “Estado terrorista” sin barreras, de la violencia y el terror, intenta convertirse en un subimperio. Al lado de su asociación con China y Rusia, torpedean el orden liberal global, encabezado por Occidente. Continúa empecinado en modelar al resto de sus vecinos de acuerdo con su visión religiosa fundamentalista, cuya campaña propagandística deberá redoblar máximos esfuerzos, a efecto de negar las sospechas de haber tenido un involucramiento en las agresiones terroristas de Hamás del 7 de octubre del 2023, causa de la actual guerra en la Franja de Gaza.

No obstante, fue la primera vez que la República Islámica se decidió a ejecutar un ataque directo desde su suelo contra el “régimen sionista”; el cual es un término que Irán utiliza para referirse a Israel (Rob Picheta). Lanzó drones y misiles contra objetivos israelíes, a fin de vengar el ataque aéreo del 1 de abril del 2024 contra el edificio del consulado iraní en la capital Siria de Damasco, que mató a varios comandantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, incluidos dos generales de alto rango. Un edificio, el cual servía a Hezbolá y militares iraníes a la planificación de operativos terroristas.

Irán había afirmado que el “imperativo” de tomar represalias por el ataque al complejo de su embajada pudo haberse evitado si el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hubiera condenado el ataque; así también que se hubiera llevado ante la justicia internacional a los perpetradores.

El Consejo se negó a aceptar las demandas iraníes. En su lugar, algunos miembros de él señalaron al régimen de los Ayatolas de ser un operador de la desestabilización en los distintos escenarios de violencia. En el 2019 el mismo reino de Arabia Saudita hubo de experimentar un bombardeo contra sus instalaciones petrolíferas, cuya autoría estuvo a cargo de Irán y de su proxy los hutíes (España. En: El País Internacional, 2016).

Estados Unidos de América forjó la alianza que apoyó a Israel, bloqueó el ataque iraní y salió de su aislamiento en Medio Oriente, en el cual Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Jordania colaboraron. El derribo del 99% de los cientos de los drones y misiles, expulsados por el régimen persa fue posible gracias a la cooperación militar y de inteligencia de los países árabes con Jerusalén (Infobae, 15/04/2024).

Irán ha utilizado proyectiles de ese tipo en el pasado y ha exportado grandes cantidades de estos a Rusia, quien los ha usado en Ucrania (Infobae, 22 de abril 2024); “el uso de drones por parte suya representa una amenaza mayor a la estabilidad regional”.

Si hubiera atacado con mayor insistencia o dureza, según la versión de los Ayatolas, podría haber obligado a Estados Unidos de América a intervenir en el conflicto, lo que en cualquier contexto les traería consecuencias impredecibles (DW). Por eso, han mantenido cautela en cuanto a involucrarse a profundidad en la contienda de Gaza, en una nueva agresión contra la nación hebrea, porque reconocieron que son incapaces de una escalada militar prolongada.

La nación persa está lejos de quedar ilesa. Debido a los hechos brutales del 14 de abril, serán inminentes nuevas sanciones por parte de la Unión Europea, los Estados Unidos de América, las del G.7, frente a sus programas de drones y misiles. Habrá restricciones a las exportaciones hacia esa nación de componentes usados en varios tipos de armamentos (AFP).

Con los castigos, el financiamiento a la denominación palestina de Hamás, los hutíes, Hezbolá y las milicias iraquíes, los socios o proxies “del eje de la resistencia” anti sionista, se topará con serios tropiezos. Los aliados árabes de Occidente tienen en mente el interés del des escalamiento de las hostilidades. Interés compatible con los moderados intentos de modernización social y económica, la innovación científica y tecnológica, además en geopolítica (seguridad y estabilidad regional), prevalecientes en la contemporánea agenda de varios Estados árabes (incluida la influyente Arabia Saudita), en la cual el acercamiento con el vertiginoso desarrollo de los hebreos resulta la mejor vía.

El éxito hebreo y de sus aliados en repeler el ataque iraní fue la culminación del impulso de Washington en forjar vínculos militares más estrechos entre Jerusalén y sus antiguos adversarios árabes, en un esfuerzo por contrarrestar la creciente amenaza común del militarizado régimen teocrático chiita: la pesadilla de los propios árabes, obligados a optar por la carrera armamentista (Infobae). En la cual el sofisticado rearme judío cumpliría un relativo rol cooperativo.

Es la apuesta por la poderosa capacidad ofensiva – defensiva de la fuerza aérea judía, temida por los militares iraníes, quien posee la capacidad de destrucción “significativa”. Hasta ahora los dos archienemigos (judíos y Ayatolas) apenas habían apelado a la convencional “guerra en la sombra”, o años de conflicto clandestino, usando tecnologías modernas, esto para maltratarse mutuamente (DW, 19/04/2024).

La destrucción material de Gaza – queda en ruinas -, el desplome de las milicias terroristas de Hamás, un “proxy”, irremediablemente lo acuñó y disuadió a Teherán; se iría a exponer “al copy – paste”, advertido por las autoridades militares hebreas.

Ellas aliadas a Occidente, quien le refuerza y le perfecciona el sistema de escudo antimisiles: lo prioritario. El cual continuará desconcertando a los Ayatolas, siendo ello “prueba de éxito” el pasado 14 de abril. Al mismo tiempo, el Ejército de Israel ha llevado a cabo nuevos y certeros bombardeos contra objetivos de las fuerzas especiales del partido-milicia chií Hezbolá en el sur de Líbano (Raúl Izquierdo).

Curándose en salud, el ministro iraní de Exteriores, Hosein Amir Abdolahian, afirmó que Irán no tiene intención de “continuar con las operaciones defensivas”, en referencia al reciente ataque contra Israel, pero subrayó que no dudará en “proteger sus intereses” si es necesario. El calificativo de “tigre de papel”, en adelante machacará en el supuesto poderío militar de la nación islámica, regida por los tiranos Ayatolas.

El Primer Ministro Netanyahu acumuló réditos políticos a su favor ante la eficaz gestión de las fuerzas de defensa sobre los peligros arrastrados por la agresión directa iraní, seguida del inesperado fracaso de los Ayatolas, mediante el lanzamiento de los drones y misiles, en la ocasión que lograron ser interceptados en un 99%.

A interferir en la tirantés

El país agredido, el Estado hebreo, estaba en su derecho a desquitarse. La arremetida bastante limitada del 19 de abril anterior llegó a ser el producto de las presiones de los aliados occidentales, dirigidas a obstruir una conflagración a gran escala. Lo hicieron contenerse. Un ataque desproporcionado podía haberse salido de control.

El presidente estadounidense Joe Biden señaló al Primer Ministro Benjamín Netanyahu que se conformara “con el éxito que supuso la intercepción del 99% de los proyectiles” persas, porque la respuesta militar que había prometido podría incendiar aún más la región” (España. El País Internacional, 14/0472024).

Israel, al contrarrestar de manera contundentes los bombardeos persas, demostró mayor capacidad militar que todos en el Medio Oriente (Catherina Nicholls; Tamar Michaelis de CNN, abril 2024.  Embajadora de Israel en Costa Rica, Michal Gur-Aryehmás).

Son suficientes las convulsiones, las letales y las catastróficas condiciones humanitarias, existentes en el terreno de la contienda militar en el enclave de la Franja de Gaza (AFP; BBC, NEWS), las cuales tienden a prolongarse un tiempo más, sea que las fuerzas judías están decididas a invadir ahí la ciudad de Rafah, reducto de los pocos batallones que a Hamás le sobreviven. Una dolorosa matanza se originaría, a menos que sea protegida debidamente la población palestina no miliciana.

Igualmente, la invasión a Rafah ha sido factor de fricciones, Washington hace énfasis en la responsabilidad de las fuerzas armadas hebreas de prevenir la muerte de la gente inocente. Previamente le había notificado al gobierno de Tel Aviv su renuencia a respaldarlo en la venganza frente Irán, considerablemente mitigada al fin.

Atrapada por el anti sionismo

La invasión a Rafah, por sí misma, comportaría pérdidas adicionales y mayúsculas en lo que atañe a comunicación, propaganda y prestigio: el talón de Aquiles de Israel en el lapso de la confrontación. A tal punto que, en la estadounidense Universidad de Columbia, entre otras, se ha desatado una ola de agitaciones pro-palestinas con la vista puesta en el antisemitismo.

Tras esto el Gobierno de Benjamín Netanyahu se empeña en seguir construyendo asentamientos en Cisjordania, “a pesar del coro de condenas internacionales” (Lara Bullens).  La ocupación de los territorios palestinos desde la guerra árabe-israelí de 1967, incluido Jerusalén Este, son ilegales de acuerdo con el derecho internacional.  La agravación corre su curso, debido a la violencia extrema, adoptada por los palestinos, en función de contener las nuevas colonias judías.

La administración del Presidente Joe Biden, aliada incondicional de la nación israelí, es objeto de críticas por parte del público. El 55% de los estadounidenses reprueban “las acciones belicosas” del Gobierno de Netanyahu, en conjunto con sus aliados:  la extrema derecha y los ultraortodoxos judíos. Ni las resoluciones de la Corte Internacional de Justicia de La Haya los inmuta.  La desaprobación doméstica como tal, habría de acarrear dificultades a Biden en su carrera por la reelección presidencial.

La difusión mediática anti sionista (o antisemita) maliciosamente oculta que el 7 de octubre del 2023 hubo una incursión de milicianos islamistas – terroristas, agrupados en la organización palestina Hamás, que aboga por la destrucción total de los judíos, que mataron a 1.160 personas, en su mayoría civiles y secuestraron a unas 250 en el sur de Israel.  Una atrocidad omitida, tendenciosamente, por la última resolución del Consejo de Seguridad de la (inoperante) Organización de las Naciones Unidas, equivalente a la variable causante y determinante, fuera la que diera lugar al desencadenamiento de las hostilidades en el enclave palestino.

Diplomacia parcialmente disuasoria

Esta vez funcionaron los mecanismos políticos y diplomáticos, los cuales evitaron caldear todavía más el Oriente Próximo, aunque se demostró que los drones hebreos pueden alcanzar el interior del suelo iraní. Allí hubo tres explosiones en la ciudad de Isfahán, “la que alberga varios objetivos militares y parte de las instalaciones nucleares”.  Lo cual hizo que el propio Netanyahu lograra mitigar su impopularidad, o desactivar las movilizaciones internas en su contra. Tan críticas. Pues los pedidos que presionan por la renuncia suya han venido siendo el punto clave.

En la ocasión de los pasos hacia atrás, dados por el gobierno de Benjamín Netanyahu, hubo de evitarse mayor derramamiento de sangre en el Medio Oriente. Eso le valió, recientemente, el nuevo paquete de ayuda financiera ($13.000 millones) por parte de los Estados Unidos de América.

Con dicho plan de ayuda general por $95000 millones, abarcador a Ucrania y Taiwán, la única superpotencia, junto con Gran Bretaña, la Unión Europea, particularmente Francia, Alemania, mecenas de la civilización judeo-greco-romana, demuestran su postura en contra del aislacionismo conservador, de la cual son partidarios los seguidores de Donald Trump.

Desde un inicio las represalias de las fuerzas de defensa judías se encaminaron a provocar daño a las instalaciones del programa nuclear de Irán. Lo del 19 de abril del 2024, coincidía con el legítimo derecho de defensa que le asiste, frente a los más de 300 dones y misiles (interceptados), los cuales fueron lanzados por el ejército de Teherán contra el territorio judío, en venganza por la previa agresión que destruyó su consulado en Damasco, Siria.

En efecto, los antimisiles han sido fundamentales para proteger la nación judía de las abundantes amenazas, tales como cohetes y misiles de corto alcance, lanzados por sus enemigos.  El poder de ellos lo han palpado sus antagonistas.

El proxy de Irán, la organización fundamentalista de Hamás, ya casi derrotada en la contienda, busca en estos días una desesperada salida “pseudo conciliatoria”:  el cruel acto terrorista que ejecutó el 7 de octubre acarreó su propia sepultura. Ni los cientos de kilómetros de túneles debajo de la población civil, usada como escudos humanos en el enclave, han evitado la destrucción de la infraestructura militar (Dennis Ross, abril 2024).

De inmediato, la agresión, sin precedentes, de la República Islámica acumula efectos contraproducentes, han venido a desacreditarla o descalificarla en el seno de las relaciones internacionales; a diferencia de la represalia muy limitada del ejército hebreo del 19 abril, acoplada a las advertencias de Washington, en cuanto a retroceder en dicho objetivo.

Son créditos a su favor, por cuanto, junto con Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y otros aliados árabes, supone la conformación de una “coalición”, por primera vez, con tal de contener arremetidas del régimen chiita teocrático, considerado un factor de desestabilización en el Medio Oriente; “sembrando el caos, el terror” a nivel mundial.

Al consolidarse la coalición se visualizarán los acercamientos fructíferos entre las potencias occidentales y un bloque de países árabes, o bien hacer factibles los Acuerdos de Abraham, los cuales han de transformarse “en una herramienta diplomática” que tenderá a incrementar el aislamiento de Irán.

Antony Blinken, el Secretario del Presidente Biden dijo que se podría “ver un camino en el futuro en el que Israel esté realmente integrado en la región, en el que otros países ayuden a asegurarse de que está defendido” (Jennifer Hansler de CNN).

Una sociedad distópica

La debilitada economía petrolera de Teherán, desgastada por la corrupción rampante, intrínseca en el régimen teocrático chiita, dependiente de las compras de China, ha sido mermada por las constantes sanciones internacionales, al igual que su rezagado potencial militar. Por eso mismo, los teócratas chiitas puedan soportar una guerra directa e ilimitada, posee múltiples variables en su contra.

Al cabo que ellos cuentan con altos grados de rechazo popular, su poder es frágil dentro de la nación. Las mujeres, las minorías étnicas han erosionado al régimen (Joschka Fischer, 24/04/2024), quien frente a las movilizaciones responde con sobrepasada represión.

Otro factor que lo coloca en desventaja llega a ser su enemistad religiosa y militar con los terroristas sunitas del Estado Islámico (EI). Están enfrentados entre sí en la guerra de Siria, cuyo gobierno presidido por Bashar al Assad (chiita – alauita), golpeado por la oposición sunita, sobrevive apenas por su alianza geopolítica conformada por Teherán y Moscú en el Medio Oriente.

Difícilmente, esa organización sunita respaldará a Hamás, aliado de los Ayatolas. Las alianzas en el Medio Oriente conllevan acuerdos subterráneos o frágiles. Rara vez el EI ha atentado contra intereses judíos. Ambos poseen enemigos comunes, a saber, la sociedad chiita compuesta por Siria e Irán.

De paso, el gobierno teocrático ejerce influencia en las organizaciones del crimen organizado a nivel transnacional, vínculos ya detectados en Chile, Argentina, donde se les da seguimiento anticipado. Se presume que Venezuela, Nicaragua y Bolivia los han engendrado. Habida culpabilidad de lograr la capacidad de interrumpir el transporte comercial marítimo en múltiples puntos críticos”, especialmente en el Mar Rojo y el Golfo de Adén (Cristina Cifuentes. En: LA Tercera PM, 11 ABR 2024), en lo cual los hutíes, su otro proxy, conspiran por medio de la fuerza militar.

Enemistades por doquier

El Estado hebreo reside en un vecindario altamente complicado y convulso. Sobrevive a pesar de estar rodeado a lo largo de su historia “en un anillo de fuego”. Él lleva mucho tiempo preparándose para el peligro de una guerra en múltiples frentes, sean Gaza, Irán y sus proxies terroristas, afirma Arye Sharuz Shalicar, uno de los portavoces del Ejército israelí (DW, 17 de abril, 2024).

Con todo, ha de tener en mente cubrir las necesidades humanitarias de los gazatíes y reducir su sufrimiento, “rescatar la vasta mayoría de los rehenes” en poder de los milicianos palestinos. Tampoco la fuerza militar hebrea  debe bajar la guardia durante la postguerra. A las hostilidades pronto debe poner fin (Dennis Ross, abril 2024). Ni siquiera puede abandonar el objetivo estratégico de la desmilitarización, en cuenta la reconstrucción de Gaza, bajo el respaldo de la cooperación multilateral.

Ciertamente, el Estado hebreo sabe enfrentar a cualesquier agresores que se le crucen, porque hay vidas en juego – el 7 de octubre exacerbó la discordia en la Franja -, amenazadas por los terroristas, patrocinados por la República Islámica. Estará “preparada para cualquier escenario” en su contra. En esta ocasión salió vencedor frente al fundamentalismo iraní y el de Hamás, previniendo que este último retorne al poder en el enclave.

Por su parte, los Ayatolas confirman el desinterés en seguir con los ataques. A lo mejor se reduzcan los intercambios de las amenazas, aunque continuarían siendo insuficientes en un Medio Oriente ensangrentado. Y en el cual, para Israel, “siempre ha sido una obsesión truncar el programa nuclear iraní”, evitando de este modo que los ayatolás dispongan de armas atómicas (BBC NEWS).

Durante la administración del Presidente Donald Trump el acuerdo anti-nuclear, antes negociado y aprobado por Irán, las grandes potencias y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), experimentó “un portazo”. Fue descartado por la Casa Blanca. Desde entonces hay una incógnita alrededor de los progresos iraníes en la producción de la bomba atómica, que tanto China como Rusia toleran.  Tener de cerca al riesgoso enemigo, resulta un postulado que Washington ha pasado inadvertido o ignorado.

Prosigue la incertidumbre

Cuando una solución de dos Estados parece ya casi imposible, en la guerra “del odio enceguecido en curso entre Israel y Hamas”, e Irán detrás del telón, se elevan las probabilidades de una conflagración regional superior (Shlomo Ben Amí); o incluso globalizado, según los supuestos del político alemán Joschka Fischer. Quedará esperar los siguientes pasos de los contendientes.

De ello dependen las previsiones relacionadas “con el panorama económico habitual” dentro del sistema global, cuyo mayor riesgo será “Ia posible reacción de los mercados energéticos, especialmente el del petróleo”, por cuanto todavía continúa interviniendo en las secuelas sanitarias de la pandemia del Covid – 19, y paralelamente lidiando con los impactos de índole socioeconómico, ecológico, o los males de los desastres, derivados de los fenómenos climáticos.

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Por Ronald Obaldía González

Politólogo, escritor, realizó estudios en Washington, Corea del Sur y Taiwán. Colaborador de La Revista de la cátedra de historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).