Rosemary Castro: puentes y perspectivas

Muy triste entonces pensar que, para una misma vista, la desesperación provoque que las perspectivas sean tan trágicamente distintas.

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Rosemary Castro SolanoPolitóloga, educadora y comunicóloga.

La semana pasada, tras pasar el segundo puente después del Beneficio La Libertad, a mi carro se le fue el clutch y entonces quedé varada en pleno “raicero”, ya casi saliendo al cruce de la 32 a la altura de Doña Lela.

Entonces, unos muchachos de un camioncito me ayudaron, al igual que el señor de la casa frente a la que quedé quien me permitió poner el carro en su planché y hasta me llamó la grúa, que llegó ya entrada la noche y, como le quedaba difícil dar la vuelta para bajar por donde yo venía, decidió ir hasta Doña Lela para bajar hasta el Radisson por la Braulio Carrillo y de ahí enrumbarse hacia mi casa en Curridabat.

Luego (e inesperadamente) me tocó pasar el puente Saprissa en grúa y, tanto por la altura como por el hecho de no venir manejando, pasarlo de ese modo me permitió mayor vista. Así, pude apreciar que de noche las luces hacen que el cañón del Virilla se vea como un portal iluminado y que el negro de la oscurana parezca de terciopelo.

Sin embargo, además de apreciar su belleza al pasarlo, no pude evitar pensar que la vida es una baraja extraña: yo pasaba ese puente – que normalmente ni determino – con un problema mecánico que antes me habría ofuscado pero que ahora, tras sufrir simultáneamente la pérdida de mi tío mayor y la enfermedad tan grave de mi tío menor, en perspectiva me parece algo banal. Respiré hondo y tranquila concluí que algo debo haber aprendido.

En contraste, pensé en tantas personas que no alcanzan siquiera a cruzarlo pues, en su depresión y estado desesperado, lo convierten en la última parada de su destino al saltar al vacío en busca de detener por fin el enorme sufrimiento que los aqueja.

Así, pensé en el gran simbolismo de que un puente -obra creada para permitir el paso a un lugar que, de otro modo, sería casi inalcanzable- sea el punto escogido para dar el paso a otro estadio o al final de la vida cuando el dolor ya no da para seguir el paso.

Muy triste entonces pensar que, para una misma vista, la desesperación provoque que las perspectivas sean tan trágicamente distintas.

 

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