Salvar la democracia

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Carlos Francisco Echeverría. 

En tiempos en que la democracia es atacada desde el Norte y desde el Sur por el neofascismo, los ticos debemos, primero, darnos con una piedra en el pecho (anduvimos cerca de ese abismo) y luego tomarnos la política mucho más en serio, a riesgo de perder nuestro sistema de convivencia social.

Tomarse la política en serio implica mirar hacia adelante, habiendo ya aprendido las lecciones del pasado. Los hechos recientes han revelado quién es quién en el escenario nacional. Han caído muchas máscaras y se han revelado desagradables desnudeces. Todo eso es bueno. Además, conocemos mejor nuestra situación económica real, y se ha ampliado a nuestros ojos el número de sus beneficiarios. También el de sus defectos e injusticias.

Puede decirse que hoy somos un pueblo políticamente mucho más educado que hace apenas un año. No desperdiciamos ese duro aprendizaje. La Historia nos da la oportunidad de enderezar el rumbo. Para empezar, tenemos a un presidente joven, culto y decente, cuya imagen y actitud contrastan de forma radical con lo que vemos alrededor.

Tenemos un parlamento complicadísimo, pero eso podría a fin de cuentas ser una virtud. Peor sería tener dos bloques opuestos, decididos a aniquilarse el uno al otro. Además, nuestros noveles diputados han pasado por un aprendizaje intensivo en estos primeros meses. Saben, entre otras cosas, lo que es la vigilancia ciudadana desde los medios y las redes sociales. Uno espera que estén aprendiendo a caminar con pies de plomo, a estudiar y a reflexionar mejor sobre las cosas. Tienen mucho por delante.

En otras palabras, estamos a tiempo de hacer las reformas que el país requiere para evitar una debacle de la democracia en el 2022. ¿Y cuáles son esas reformas? Evidentemente, la de la economía y la del Estado. En materia económica daremos un pasito adelante (Sala IV de por medio) con la reforma fiscal, pero queda mucho por hacer en creación de capacidades y oportunidades productivas.

En la creación de capacidades, que siempre ha sido nuestro fuerte, no hay que sucumbir ante el justificado pesimismo que nos dejan las maestritas de zumba y playa, ni los altivos oligarcas académicos. Confiemos en la legión de buenos educadores que sin duda existe, apoyémoslos, hagamos nuestra parte al lado de ellos.

A la creación de oportunidades yo le cambiaría el nombre por el de reducción de obstáculos. La palabra clave es desburocratizar. (“El desburocratizador que desburocratizare…” bonito trabalenguas). Si se logra desburocratizar esta economía alcanzaremos las tasas de crecimiento que necesitamos. De lo contrario no. Lo cual nos lleva al gran tema de la reforma del Estado.

La simplificación y el ordenamiento de nuestro sistema institucional. ¡Cuánto diálogo y pensamiento hemos invertido en eso! Cinco o seis grandes comisiones, incluyendo la actual, y todavía nadie le pone el cascabel al gato. Ya ha sido suficiente.

Lo que sigue es decidir y actuar, y eso le corresponde al Presidente de la República. Ojalá que la solución inmediata al problema fiscal le permita pasar pronto de lo urgente a lo importante. Es mucho lo que está en juego.

 

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