Saúl Weisleder, Economista y Sociólogo.

A raíz de intercambios sobre cómo lograr recomponer o reactivar nuestra economía nacional, algún dirigente político, concretamente el presidente del PUSC, ha planteado convertir todo el país en una gran Zona Franca. Esto es, aplicar la normativa económica que rige estas zonas, a todo el país. ¿Es esta una buena idea?

Comienzo por plantear que creo que el “modelo de zonas francas” como arreglo con atractivos especiales, especialmente impositivos, ha sido y es beneficioso para el país. Ha generado decenas de miles de empleos bien remunerados, provee un % muy importante de las divisas que ingresan a nuestra economía, tanto por Inversión directa en construcción y expansión de empresas, como por pagos netos a los factores. Creo que requiere algunos ajustes, pero eso no lo trataré aquí ni cambia mi opinión y evaluación de lo que han significado para el país. Mi comentario, entonces, tiene poco o nada que ver con los de aquellos que rechazan esa opción para dinamizar nuestro crecimiento económico y ofrecer empleos decentes a personas, con mejor nivel de educación comparada con la fuerza de trabajo en general. Estos críticos, ayer rechazaron la “sustitución de importaciones” sin rectificar nunca o solo cuando el país agregó el motor de las nuevas exportaciones a su modelo de desarrollo económico. Hoy rechazan ese modelo de 2 turbinas, sin ofrecer otra opción, excepto “glorificar” la Sustitución de Importaciones, que antes rechazaron. No me apunto con eso.

Pero tampoco me parece muy riguroso, si de mejorar las condiciones de vida de las mayorías, hacer de todo Costa Rica una zona franca, como se le ocurrió decir a ese dirigente y a otros de esa línea ideológica. ¿Porqué?

  1. La razón más importante es que en realidad Costa Rica es atractiva para la inversión dedicada a las exportaciones vía eslabón en cadenas de valor globales, en tanto unidad económica. Somos tan pequeños, globalmente hablando, que el mayor de nuestros atractivos, una fuerza laboral bien preparada, capacitada, que aprende rápido y que es notoriamente eficiente en términos de su productividad, que esa oferta laboral bien capacitada, rápidamente se agota en diversas ramas y especialidades en las que existe una demanda clara. Por duro que sea reconocerlo y decirlo, si hay una concentración de zonas francas industriales en la GAM, es porque es ahí donde concurren la infraestructura necesaria, la mayor oferta de mano de obra requerida, facilidades de telecomunicaciones, cercanía a áreas residenciales a los trabajadores de la administración y gerencia y, cuando es el caso, a los ejecutivos y profesionales extranjeros necesarios para la operación de las empresas.
  2. Sin negar los beneficios ya citados de este modelo productivo, es un hecho que no contribuyen directamente al financiamiento del aparato estatal que, por más críticas que merece y mejoras que requiere, cumple tareas que solo el Estado puede cumplir y que es necesario financiar. En este punto se abre una discusión inconclusa de si deberían las zonas francas estar sujetas también a algún tipo de carga impositiva sobre las utilidades generadas en el país. Es una discusión ya larga, que la OECD ha replanteado, pues no concierne solo a Costa Rica y países similares en su desarrollo, sino que ya afecta también a las “economías centrales” y muchos de sus gobiernos están empujando para que se ponga en práctica la “Tasa mínima uniforme global sobre la Renta” para empresas que son parte de las cadenas globales de valor. El tema deberá resolverse, luego de que aspectos técnicos complejos, sean acordados y resueltos. Mirando la gran concentración de riqueza que ha producido la globalización, las tensiones de diversa índole que vivimos (pandemias y guerra de Rusia-Ucrania, excluidas para estos efectos), creo que este es un paso necesario. Pero, internamente, deberíamos lograr que esos ingresos, una vez que se den, deben dedicarse a fortalecer las infraestructuras de todo tipo y en todo el país, mejorar y acelerar la formación de profesionales y mano de obra propia para esas actividades y disminuir la deuda pública que nos acogota, es decir, a crear ventajas competitivas sistémicas y no a beneficiar solo a ciertas empresas. Así, también quienes producen para el mercado interno, los usuarios en general, las PYMES y otros sectores, también se beneficiarían de esas inversiones y esos estímulos.
  3. Finalmente, en esta ocasión, aunque hay más razones, el tal modelo de “todo el país una zona franca” solo funcionaría como un avance en el Desarrollo Humano Sostenible e Integrador que la mayoría de los costarricenses apoyamos, si “el goteo” como mecanismo de distribución de ingresos y de mejora socio económica, funcionara. Pero resulta que no. No funciona. El bienestar del país requiere un buen chorro que fluya de los ingresos de la producción hacia los trabajadores, el mercado interno, los que requieren de apoyos diversos, por la gran desventaja en la que nacen y se “crían”, para que, con su esfuerzo, también puedan surgir. Y tal como existe hasta ahora, no cumple con esa tarea esencial.

No pretendo que estemos todos de acuerdo en este análisis. Mi objetivo es más modesto: aportar a la creación de conciencia de que el tema del desarrollo socio económico no admite soluciones fáciles y simples, Requiere honestidad intelectual, mucho conocimiento, reconocimiento de diferencias y esfuerzo por alcanzar acuerdos trascendentes.