Saul Weisleder, Economista y Sociólogo.

Este es, probablemente el artículo más difícil que he escrito. Toda la tragedia ocurrida en Israel y Gaza a partir del 7 de octubre del 2023, empezó con el rompimiento del cese al fuego por parte de Hamás, que existía entre ese grupo terrorista e Israel, desde el 2015. Y no fue un cambio cualquiera de la situación que prevalecía hasta ese sábado: el ataque ejecutado por Hamás y sus aliados (Yihad Islámica y otros) fue el más mortal y atroz que Israel ha sufrido desde su existencia. El ataque de Egipto en octubre de 1973, también tomó a Israel por sorpresa y fue capaz, por unos días, de poner en peligro la sobrevivencia del país; también produjo muchas muertes y sobreponerse a él fue para los israelíes, muy difícil y duro, pero no tuvo la intensidad de producir más de 1200 muertos civiles y cerca de 260 secuestrados en poco más de 24 horas, como sí hizo Hamás.

La encarnizada embestida de Hamás, tuvo una crueldad inimaginable, repito, inimaginable para nosotros, la enorme mayoría de los costarricenses. La mayor parte del mundo, aún personas informadas y que hemos seguido con algún grado de sistematicidad lo que ocurrió ese día, aún desconocemos parte de las sangrientas acciones de estos terroristas. Es más, son una gran mayoría quienes desconocen lo que se ha comprobado: que fue un patrón sistemático de violencia, vejación y crueldad, especialmente contra las mujeres. (Recomiendo sobre esto el artículo “Screams without words: how Hamas weaponized Sexual Violence on Oct. 7” del NYT 28 12 23 y el grabado en el periódico ABC de Madrid del periodista Chapu Apaolaza del 15 12 23, “El Mal en 46 minutos…”). Aunque incompletos por razones entendibles, describen parte de las atrocidades que cometieron y de las que se jactaron, grabando en video muchas de ellas. Insisto, contra las MUJERES fue un patrón sistemático de crueldad y vejación, incluyendo crímenes de tipo sexual.

Los perpetradores sabían que la respuesta israelí sería muy muy dura. Casos anteriores y la magnitud y sofisticación de esta matanza contra cientos de civiles israelíes o que estaban en Israel, como los jóvenes que estaban celebrando con música, baile y todo lo que hoy hacen los jóvenes en esos festivales, abogando por la PAZ, contra beduinos que viven en el área y drusos que trabajan en algunos de los kibutzim. Otras personas, latinoamericanos entre ellas, también sufrieron de diversos modos. Eso implicaba que Israel respondería con enorme fuerza. Hamás se había preparado para ello, incluso dejando desprotegidos a la enorme mayoría de los civiles palestinos en sus edificios de apartamentos, comercios, hospitales y otros sitios públicos en los que, o debajo de los cuales, había (y hay aún, presumiblemente) túneles, cuarteles, “centros de comando y control”, escondites, etc, en los que sus fuerzas militares (de Hamás) se escondían y protegían. Hemos visto en videos esta infraestructura sofisticada, construida con recursos de ayuda internacional (por medio de la ONU especialmente) o “de solidaridad para los gazatíes”, otorgada por algunos países árabes para mejorar sus condiciones de vida. Pero fue desviada por Hamás para su propio uso (militar y de disfrute de sus filas, según la jerarquía en la organización). Esto no es un invento y dejó de ser “secreto a voces” cuando alguno de los altos mandos de Hamás declaró en la tv que “las ayudas son “primero para la Resistencia, después para los civiles…”. Prueba de eso fue el adolescente asesinado cuando trataba de tomar algún alimento de esa ayuda humanitaria que los “soldados de Hamás” conducía a sus depósitos y cuarteles, luego de robarla. O videos que ahora salen con más frecuencia por la desesperación de personas que denuncian esto y que no tienen cómo alimentar a sus hijos.

Sé que todo esto es difícil de creer para muchos de nosotros, porque dichosamente los costarricenses y los latinoamericanos en general, no hemos vivido algo así y hemos sido educados de otro modo: las personas comunes y corrientes no se usan como armas de guerra, si por alguna desgraciada razón, un país debe acudir a ella. Los hospitales, templos, residencias de la gente, son sagradas, no deben servir para ser usados como lugares de escondite y de plataforma para disparar misiles o para otro armamento.

Podría seguir describiendo tanto la violación de las normas de guerra por parte de los terroristas, lo que ha puesto en mayor peligro del que ya corrían los civiles al combatirse en un territorio tan estrecho, fundamentalmente urbano y de alta densidad poblacional, como citar algunos de los errores involuntarios y quizá excesos cometidos por el ejército israelí, en esta dura batalla. Pero, aunque necesario para entender mi conclusión, eso no es el centro de este artículo.

El meollo de esta exposición es argumentar que, a estas alturas, después de algo más de 100 días de batalla, creo que ha llegado la hora para que el Ejército israelí empiece a salir de Gaza. Los datos más recientes de fuente israelí indican que: han matado a 8000 miembros de los grupos terroristas, 22.000 objetivos militares han sido destruidos, un alto % de la sofisticada y compleja infraestructura subterránea de túneles ha sido destruida, buena parte del armamento de los terroristas ha sido inutilizado o confiscado. Es cierto que Hamás y sus socios aún tienen la capacidad de lanzar misiles sobre Israel y aunque varios de los altos comandantes han sido impactados, los 2 o 3 principales aún están vivos y, posiblemente operando, aunque con mayores dificultades. El ministerio de Salud de Hamás ha informado de 23.000 muertos gazatíes. Una cifra muy grande. Pero ellos no diferencian entre civiles y terroristas. Serían según esas cifras, 8.000 terroristas y aproximadamente 15.000 civiles. Demasiados sin duda.

Mientras, Israel ha perdido 188 soldados al menos, en total casi 1400 israelíes civiles han sido asesinados o secuestrados; 126.000 personas han tenido que ser evacuadas y trasladadas a otras zonas. Las sirenas de aviso de peligro han sonado casi 11.000 veces, ante llegada de cohetes explosivos. La vida diaria y la economía israelí han sido perturbadas. El “escudo protector” ha impedido que miles de cohetes balísticos hayan caído sobre ciudades y aldeas, salvando así, posiblemente, miles de vidas.

Lo más grave es que aún quedan unas 140 personas cuya situación no se conoce a ciencia cierta: podrían estar vivas y prisioneras de los terroristas para ser usadas como “moneda de cambio” por ellos; podrían estar vivas pero en malas condiciones de salud; podrían estar muertas, pero Hamás o la Yihad no han querido darlo a conocer. El retorno a Israel y a sus casas, donde familias enteras los reclaman, es ahora la prioridad absoluta. Por lo que ha ocurrido en las últimas semanas, más intentos de hallarlos y salvarlos, por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), no parece que vaya a dar muchos resultados. En ese mismo afán, desgraciadamente, algunas de esas personas han muerto por “fuego amigo”, dadas las terriblemente difíciles condiciones para operar, según las propias FDI han reconocido.

A pesar de mi nada influyente opinión en este asunto y mi falta de conocimiento del tema, me atrevo a plantear que Israel debería proponer un cese al fuego, retiro gradual de sus tropas de Gaza y entrega simultánea de todos los rehenes en manos de Hamás, sin condiciones adicionales. Esto debería plantearse con la mayor urgencia, negociarse por las partes que puedan servir de intermediarios, con todos los detalles y plazos lo más breves posible. Lo anterior es apenas un marco general pero que recoge lo esencial. Sería más que ridículo proponer más detalles; para eso existen los expertos. Pero creo que es de la mayor importancia que se den estos pasos. Después, una vez completado lo anterior, vendrá lo que Thomas Friedman del New York Times ha llamado “el día después” y luego lo que el mismo ha denominado “el día después del día después”, que debería incluir una visión sobre un proceso de negociación de Paz entre palestinos e israelíes, acompañados por USA, la UE y algunos otros países, con nuevos líderes en ambas partes, electos democráticamente, con vocación e intenciones de Paz. Sí, en Israel esto debería suceder pronto, dado su carácter democrático y respetuoso de la institucionalidad republicana. Esto conlleva a que si Hamás sobrevive como organización, debe renunciar al uso de las armas, cambiar en lo correspondiente su carta constitutiva que proclama la destrucción de Israel y convertirse en un partido político exclusivamente. Uno de los objetivos centrales de ese proceso (lejano aún, en gran parte debido a esta aventura violenta de Hamás) es la creación de un Estado Palestino pacífico, con respeto mutuo para la seguridad de Israel y de Palestina.

Lo anterior no es solo para beneficio y bienestar de ambos pueblos, sino para buscar la estabilidad de toda la región, hoy tan convulsa, y del mundo en general, aunque aún persisten otros graves conflictos como sabemos.

¿Utópico o demasiado idealista? Quizá. Pero no veo otro camino más congruente y realista para alejar la guerra de esas tierras, por generaciones.