Saul Weisleder: ¿Por qué votaré por José María Figueres?

Sabemos que Figueres es hombre de acción. Convencido, votaré por él.

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Saul Weisleder, Economista y Sociólogo.

Ya casi llega el día de una de las decisiones más importantes que en muchos años hemos de tomar los ciudadanos y el colectivo llamado “ciudadanía costarricense”.

(Aunque escribiré en masculino, sustantivos y adjetivos, entiéndase que incluye ambos géneros).

Todos sabemos que el 6 de febrero elegiremos a nuestro próximo Presidente de la República y a los 57 nuevos diputados, para el periodo constitucional 2022-2024.

Voy a votar por José María Figueres. No, como dicen algunos, porque es “el menos malo”, sino porque estoy absolutamente convencido por los hechos, que es el mejor. Que es “la persona para el momento”, aunque perfecto no es, como no es ningún humano. Pero como dicen en inglés “tiene todo lo que se necesita para ser presidente”. Y, en esta coyuntura, ninguno de los otros candidatos tiene, ni de lejos, capacidad, talento, experiencia, conocimiento y visión como Figueres.

¿Qué hace esta elección una decisión especialmente compleja y crucial a la vez? En febrero del 2014, se rompe el bipartidismo imperante desde 1951 hasta esa fecha, constituido por el PLN y el PUSC (que hacía varias elecciones era el partido que recogía al anti liberacionismo no comunista ni de izquierda).

La mayoría del pueblo “se cansó” de ese bipartidismo y reaccionó también contra el llamado “escándalo de los ex presidentes”. Con enorme esperanza y expectativas el pueblo eligió a Luis Guillermo Solís y al PAC como nuevo gobierno. Tan grande como la esperanza y las expectativas de ese cambio, fue la decepción ante ese mal gobierno. Luis Guillermo es mi amigo personal, lo aprecio, lo respeto, pero ni estaba preparado para ser presidente ni creció suficiente en el cargo para hacer un gobierno razonablemente bueno. Quizá sesgado por mi formación profesional, creo que la mayor irresponsabilidad y el peor legado de ese gobierno, fue el manejo fiscal. Minimizaron el problema fiscal desde el inicio; se comprometieron a no hacer nada para solucionarlo “en los primeros 2 años” de gobierno. De ese modo, la irresponsabilidad del PAC como oposición en la AL, así como en “las calles”, universidades y otros espacios, la repitieron en gobierno, cuando su irresponsabilidad fue mayor: gastaron “como locos”, privilegiando a ciertos grupos. Realmente, al final, el país quedó hipotecado y el margen de maniobra del nuevo gobierno, a partir de mayo de 2018, era ínfimo. Probablemente los “estrategas políticos” del PAC y de su gobierno pensaron “jamás ganaremos las próximas elecciones, diay, sigamos la fiesta”.

Pero hete aquí que la vida es misteriosa y por uno de esos juegos del destino, el PAC volvió a ganar las elecciones… Sobre el porqué, se ha hablado mucho y ofrecido múltiples hipótesis. Algunas sensatas y otras no tanto. Pero esclarecer eso, no es tema de este artículo. El gobierno de Carlos Alvarado empezó muy mal. Con ayuda desde la Asamblea Legislativa y cambiando jerarcas como al ministro de educación, para evitar otra crisis similar o peor que la de fines de los 70 e inicio de los 80 del siglo pasado, mejoró un poco; lo suficiente para lograr reformas fiscales urgentes que aunque duras y perfectibles, han dado buenos resultados en función de su objetivo central: cerrar la brecha fiscal, empezar a reducir el endeudamiento público y de pagar intereses, usando recursos que deberían destinarse a hacer obra pública de diverso tipo. El presidente Alvarado, su gabinete y diputados, se mantuvieron firmes ante huelguistas y “manifestantes”.

Déficits fiscales de cierta magnitud no son malos. En consecuencia, adquirir deuda por parte del Estado y algunas de sus instituciones, tampoco lo es. Pero todo depende del grado, el momento, el propósito y las condiciones en que se contrae. Y aún economistas con doctorados muy prestigiosos y otras personas sin conocimiento profesional, no entienden esto y se apegan a dogmas que, en sus extremos son: “todo déficit fiscal y deuda pública son malos para la economía y la sociedad”, los unos, dificultando y atrasando la recuperación en ciertas situaciones de recesión o depresión económicas. Mientras los otros, exclaman “¿qué importan el déficit y la deuda pública, mientras nos presten…?”, sin realmente entender los desafíos factibles y las opciones de acción eficaces. Sobresimplifican a JM Keynes y afirman “siempre que hay desempleo elevado hay que aumentar el Gasto Público”. Error. Pero no explicaré ahora porqué.

JM Figueres entiende esto; tiene criterio para discernir propuestas en este ámbito tan determinante de la vida para millones de personas y a la vez complejo. Ninguno de los otros candidatos que, “ceteris paribus” podría ser electo presidente, lo tiene. Pero las virtudes y capacidades de José María Figueres para ser presidente, no acaban ahí: es impresionante la madurez política y personal que ha adquirido en los 30 años desde su 1er gobierno, sin perder la energía, el carisma, la capacidad de dirigir equipos y sobre todo el compromiso con los que más necesitan del Estado, sabiendo que eso conlleva apoyar a los empresarios privados, mediante políticas y acciones balanceadas que ayuden a reducir gradualmente la gran brecha de ingresos que se ha creado en nuestro país y en el mundo entero en la última década y media. No se trata de buscar una igualdad de riqueza e ingresos, que no sólo no existe en ningún lado, sino que intentarlo trae más perjuicios que beneficios. Pero es ética, política y económicamente, inaceptable, que existan las actuales desigualdades. Se trata de una tarea difícil pero indispensable. Requiere múltiples acciones, de diverso tipo, no sólo económicas.

Ante tanto desafío, sólo tenemos un líder capaz de guiar al país por esa ruta y obtener resultados pronto y dejar sentadas bases para continuar la tarea en futuros gobiernos. JM Figueres ha dicho que para eso, el diálogo constructivo con los diversos sectores, es indispensable. Un diálogo que preceda y lleve a la acción. Ese enfoque, ignorado o relegado por otros, es lo que crea CONFIANZA, condición necesaria para lo demás e ingrediente indispensable para todo tipo de inversión privada.

Sabemos que Figueres es hombre de acción. Convencido, votaré por él.

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