Saul Weisleder: SPACE-X y la reforma del Estado

Ah, y algo más: si aprendemos que el dogmatismo, la intolerancia, el extremismo, podemos hallarlo en todas partes; aún entre quienes predican y enarbolan causas excelsas.

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Saul Weisleder, Economista y Sociólogo. SWW 31 5 20

Cuando la nave “Crew Dragon” de Space X, despegó hacia el espacio sideral el 30 de mayo del 2020, un nuevo e importante paso en el cambio de paradigmas organizativos ocurrió. Aunque la compañía del emprendedor Elon Musk ya había enviado naves al espacio con tecnología propia, este vuelo espacial es el primero que lleva seres humanos -astronautas profesionales estadounidenses- en su interior. Ya logró algunas de sus primeras metas: despegar correctamente, realizar el viaje hasta la estación espacial internacional (EEI) y acoplarse a esa estación sin problema conocido.

¿Por qué hablo de “cambio de paradigmas”, en plural? Porque no fue solo uno: se consolida una Alianza Público Privada (APP) entre la NASA y SPACE-X, se muestra que es posible trasladar actividades que solía hacer el Sector Público (estadounidense en este caso) a una empresa privada y en tercer lugar, seguramente con beneficios para ambos y sobre todo para el pueblo, que es quien al final de cuentas es el que financia estos proyectos. ¿Porqué comento esto, relacionando cosas que aparentemente no tienen relación entre sí y menos con nuestro querido país?

Porque sí creo que son relevantes para Costa Rica. Urge buscar soluciones o confirmaciones a posibles opciones que están en la palestra, a nuestros problemas económicos y de funcionamiento del aparato estatal, en lugares que
los economistas no solemos buscar. Especialmente en un período tan complejo para el mundo y para nosotros, en el que es cada vez más necesario e importante hallar respuestas a los problemas que nos agobian, y que lamentablemente, pronto podrían rebasarnos. También es claro que lo social, lo económico y lo organizativo, deben marchar juntos siempre, con lo político (en su mejor y verdadero sentido) cruzándolos transversalmente.

Lo que he llamado ECOVIRUS, aún no se ha manifestado con toda su crudeza, fuerza y costos. La gente está preocupada y concentrada en los efectos sanitarios de esta pandemia; aquí y en casi todo el mundo. Y con razón. Pero la devastación económica que seguramente ocurrirá, aunque no lo deseamos, será grave. Y de cómo la afrontemos, dependerán los efectos sociales de mediano y largo plazos: pobreza, desempleo, (in)equidad.

De modo que aparte de lo que se está haciendo para mitigar esos efectos, que ya entraña costos pospuestos al financiar una parte importante por medio de préstamos, mayormente externos por ahora, también debemos analizar opciones viables, que nos permitan seguir financiando los subsidios sociales de mitigación e invertir y apoyar, para generar un crecimiento económico suficiente y sostenible, y así generar oportunidades de mejora personal, sobre todo a los jóvenes, jefes y jefas de hogares de bajos y medianos ingresos y para nuevos emprendimientos acordes con las condiciones de lo que se ha dado en llamar “nueva normalidad” o nueva realidad.

Quien no esté dispuesto a revisar y repensar sus más arraigadas ideas sobre la organización de la sociedad y el Estado, creo que poco podrá contribuir a enfrentar estos complejos desafíos. Estoy convencido de que, tanto en Costa Rica como en el mundo, si no en lo inmediato, sí al poco andar después de que todos podamos salir a la calle y retomar lo básico de nuestra vida anterior, la nueva sociedad será una que adquirirá la forma de una organización basada en la Social Democracia (SD). Pero no la SD del siglo XIX; tampoco de la de la post Segunda Guerra Mundial. Hablo de Social Democracia por sus principios de búsqueda constante de equidad, de respeto a los DDHH, de protección del ambiente, de su flexibilidad para hallar respuestas a los problemas concretos de la vida colectiva, de preocupación por las mayorías, de respeto por la iniciativa privada, regulada hasta donde se requiera para contribuir al bien social y no solo al enriquecimiento de pocos. A esa que he llamado SOCIAL DEMOCRACIA REMOZADA. Remozada no para estancarse; no para hallar “una receta” y aplicarla con independencia del tiempo, el espacio y los continuos cambios de condiciones. Remozada porque debe escuchar a todos, porque es Representativa y no manipulable “en las calles”. Porque se sabe que es imperfecta, pero perfectible. Porque habrá de cambiar conforme cambia la realidad.

Como escribió recientemente Don Enrique Obregón Valverde, filósofo de la política y observador agudo, el mundo progresa bastante en bienestar social, aunque a veces más lentamente de lo que quisiéramos. Incluso con períodos de regresión, como seguramente ocurre ahora. Implícitamente dijo, aunque es muy difícil aceptarlo y asumirlo, que no debemos perder las esperanzas y hay que seguir empujando. No caigamos en lo que el gran sociólogo y ex Presidente de Brasil ha llamado “las Utopías regresivas”. ¡Cuidado!

Pues bien, en esa sociedad y con esa guía ética, habrá que reformar nuestro Estado, para que los recursos que son de toda la colectividad, se empleen de modo óptimo; rindan el mayor beneficio social y den las bases sólidas para el Desarrollo Sostenible, en sus 3 componentes esenciales: social, económico, ambiental. Pero no para hacerlo más débil, como desean los “librecambistas” a ultranza; sino para que vuelva a operar siempre desde el servicio al ciudadano, al pagador de impuestos, tarifas y cánones, no del que busca en él privilegios, sea como empresario o como funcionario.

Llegado el momento, ¿convendrá vender BICSA, FANAL, algún otro Banco del Estado? ¿Qué conviene hacer con el INS? ¿Y con el ICE? Sobre las dos primeras empresas, la pregunta es para ya. Las otras serán para cuando convivamos con el virus.

Habrá que seguir construyendo infraestructura, ¿cómo se financiará? Aquí las APP adquieren una importancia capital. Habrá que replantear y mejorar mucho la educación; seguramente jóvenes que habrían ido a colegios privados, deberán ir a centros educativos públicos, como fuimos muchos de nosotros y nos ofrecieron muy buena educación que supimos aprovechar. Más gente acudirá a la seguridad social. Cada año será mayor el número de jubilados que deberá recibir pensión.

Todo esto cuesta mucho dinero. Sumemos las cuentas que habrá que ir pagando de lo que se gastó con la pandemia.
El ritmo de hacer las cosas en el Estado (y obviamente en lo privado) no será igual. Hay que estar bien preparados. La globalización no se acabará; pero los actores dominantes o la dominancia de las potencias, podrá cambiar. ¿Cómo nos
insertamos ahí? ¿Cómo nos relacionaremos con los países y pueblos vecinos? ¿Aprenderán ellos también y sabrán colaborar en lugar de pelear entre ellos y con sus vecinos?

El éxito del paradigma NASA-SPACE X, es una referencia. Hay y habrá más. Pero sólo si somos flexibles, empáticos, solidarios, podremos realizar nuestro compromiso de colaborar a una mejor sociedad. Ah, y algo más: si aprendemos que el dogmatismo, la intolerancia, el extremismo, podemos hallarlo en todas partes; aún entre quienes predican y enarbolan causas excelsas.

Queda mucho por analizar y tanto o más por hacer. Pero esto es suficiente por ahora.

 


Saul Weisleder.
Economista y sociólogo por las  Universidades de Costa Rica y University of Sussex en Inglaterra.
Profesor y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Costa Rica. Director del Departamento de Economía y profesor de la Maestría en Política Económica de la Universidad Nacional.
Consultor en temas bancarios e investigador sobre desarrollo y políticas económicas con énfasis en el sector financiero. Político y Diputado de la Asamblea Legislativa en el período 1994-1998, presidiéndola en 1997.

 

 

 

 

 

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