Ha llegado la hora de que en la Asamblea Legislativa se hable sin subterfugios. Sin discursos o palabras seductoras para la gradería o para halagar a los líderes políticos, a las cámaras empresariales, sindicatos o a los señores dueños de los medios de comunicación.

Los problemas políticos se pueden complicar aún más, precisamente porque en cuanto a tozudez, menosprecio al adversario, subestimación y desprecio a la democracia, empatamos unos y otros.

Es un hecho que, en la Asamblea Legislativa, ciertas minorías han secuestrado la voluntad política de las mayorías, desde administraciones anteriores. Solo hay voluntad para los proyectos menores, “light” o “inofensivos” que son las hojitas de parra con que el parlamento cubre sus desnudeces.

No es que sean proyectos despreciables los se han votado, pero no son los asuntos esenciales y fundamentales que reclama el país en la hora presente.

Pero no solo esa voluntad está secuestrada por esas minorías, que se levantan con arrestos de poder para paralizar y vetar las decisiones, para impedir las votaciones.

Lo que Costa Rica quiere y necesita, ¡urgentemente!, es un pacto político entre el gobierno y la oposición, para que el parlamento funcione de verdad, para que se tomen decisiones fundamentales, para que se respete la voluntad del pueblo. Para que se imponga de verdad una agenda social que defienda los intereses de la clase media y de los sectores más pobres.

Hay miedo a coincidir con el gobierno. No se coincide con el adversario de la oposición porque se le subestima, se lee muy mal la realidad, no se dan cuenta de lo que está pasando en el país. Así no vamos para ninguna parte, como no fue para ninguna parte, dejando simplemente que se deteriorara todo.

El pacto es urgente porque lo que está en juego es la democracia, es la eficacia misma de las instituciones democráticas, incluido, claro está y, en primer lugar, el parlamento.

Señores del Gobierno en los pocos meses que le restan a esta Administración hagan un esfuerzo más. Libre de cálculos electorales y con interlocutores válidos capaces y con capacidad de desición. La agenda es compleja y el interés nacional, de las grandes mayorías, las mismas que respaldaron como nunca a un candidato como a quien tenemos hoy de Presidente de la República.

Por ello y en esa tónica, de no hacerse las cosas bien, lo que muy pronto estará en juego será la misma paz social, porque no es con política cosmética como podemos ponernos a salvo del caos y la violencia.

Costa Rica está siendo tomada y paralizada por la indefinición y por la desconfianza, la sospecha. ¡el miedo de unos y otros! En el Parlamento hay quienes parecen tener miedo a sus líderes de partidos políticos.

Es la misma paz de la República, es incluso el mismo sentido y posibilidad del desarrollo, del progreso, del crecimiento y el empleo lo que se está jugando en esta hora.

 

¿Quiénes asumirán la responsabilidad si el país se hunde en mayor desempleo, pobreza, atraso y más ingobernabilidad?

La Revista CR

Por La Revista CR

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