Segunda vuelta entre conservadurismo y continuismo

Los riesgos de una u otra opción son altos en relación al fortalecimiento de una Costa Rica próspera en los vectores de calidad económica y entorno empresarial. Un salto que los ticos no quieren dar. Están cómodos con lo que tienen y representan

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Antonio de la Cruz.

La elección presidencial del pasado 4 de febrero en Costa Rica mostró las emociones que movilizaron la sociedad costarricense y determinaron los dos candidatos para la segunda vuelta electoral.

Fabricio Alvarado, de 43 años, periodista de sucesos, cantante y pastor evangélico, del partido Restauración Nacional enarboló la bandera de los valores fundamentalistas cristianos, rechazando el dictamen del la Corte Interamericana de los Derechos Humanos a respetar los derechos de la comunidad Lésbico, Gay, Transgénero y Bisexual (LGTBI).

Mientras Carlos Alvarado, de 38 años, escritor, periodista con una maestría en desarrollo en la Universidad de Sussex, Inglaterra, del Partido Acción Ciudadana (PAC) utilizó su imagen joven y progresista, prometiendo luchar por bajar el déficit fiscal, construir la primera etapa de un tren eléctrico que una las principales ciudades del país y continuar con las obras de infraestructura de la Administración del PAC, Luis Guillermo Solís.

El país más feliz de Latinoamérica y el Caribe según el Informe Mundial de la Felicidad 2017 presenta un comportamiento electoral similar al de las economías que lideran este índice, en donde las elecciones son un evento más de la vida cotidiana. Por lo que una parte importante del electorado costarricense (40% padrón electoral, votantes entre 18 y 34 años de edad) decidió por quién votar semanas o días antes de la elección presidencial.

Una conducta electoral que favoreció a Carlos Alvarado, a pesar de que  su partido está presuntamente envuelto en el caso de corrupción conocido como “el cementazo”, siendo la corrupción uno de los factores más importantes para el desgaste de los partidos tradicionales de Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana, y el segundo problema del país según la encesta de la CIEP-UCR en octubre 2017.

La otra característica electoral de los países más felices del mundo es el voto emocional contra situaciones sociales que afectan “el bienestar” de la sociedad, como la xenofobia. Los triunfos del Brexit en el Reino Unido y Donald Trump en Estados Unidos fueron marcados por el mensaje contra los inmigrantes como una reacción ante la globalización de los mercados.

En el caso de Costa Rica, el dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el matrimonio igualitario jugo ese papel en el triunfo de Fabricio Alvarado en la primera vuelta, utilizando la ideología de género”.

Sin embargo, esta victoria no se trasladó en igual proporción a los diputados electos, ese mismo día. También, ocurrió en el caso del partido de gobierno, PAC, que a pesar de haber sido el segundo partido más votado, perdió dos diputados con respecto a la elección de 2014, obteniendo 10 representantes.

El voto por los representantes a la Asamblea Legislativa es particular de cada localidad, en una relación cotidiana de líder-comunidad. Mientras el voto presidencial responde a la conexión emocional transversal con la visión de futuro de los candidatos.

La visión de Fabricio Alvarado apunta hacia la inclusión intolerante, a valores conservadores del concepto familia, y un mensaje populista. En el caso de Carlos Alvarado, su visión muestra oportunidades para los jóvenes y reivindicaciones sociales para el movimiento obrero.

Por lo tanto la decisión del electorado costarricense estará marcada por la emoción del miedo a vivir en una sociedad conservadora poco tolerante o en una nación deficitaria.

Una vez en la presidencia, ambas opciones movilizarán los sectores sociales para alcanzar sus objetivos de gobierno, al no tener los votos suficientes en la Asamblea Legislativa para ejecutar los programas de gobierno propuestos.

Serán años convulsos, porque Fabricio Alvarado moverá sus bases cristianas tipo “Caminata por la vida y la familia” para imponer su agenda contra la “ideología de género”. Y Carlos Alvarado buscará en las organizaciones sindicales el instrumento para profundizar la agenda social; así como seguirá con el mejoramiento de la infraestructural vial a costa del equilibrio fiscal.

Los riesgos de una u otra opción son altos en relación al fortalecimiento de una Costa Rica próspera en los vectores de calidad económica y entorno empresarial. Un salto que los ticos no quieren dar. Están cómodos con lo que tienen y representan. Por lo que la nación “más feliz” y “pura vida” sorteará otros cuatro años sin grandes cambios estructurales. Este año la atención estará en el mundial de fútbol en Rusia, y durante los últimos dos años, si va a Catar.

Por ello, quien resulte ganador en la segunda vuelta, conservadurismo o continuismo, mantendrá la identidad del país feliz y del tico “pura vida”.

 

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