Carlos E. Carranza V.   Existen distintas acciones para promover el desarrollo de los países, entre ellas dar más ingresos a las familias, mejorar los programas de ciencia con la promoción del conocimiento científico adecuado, lograr que los procesos educativos sean iniciados por más y más niños (as), crear condiciones para acercar la matemática a diferentes poblaciones, entre otros. Crear sensibilidades por el arte, teatro, la música, la literatura, apostar por actividades como el ajedrez de alta complejidad mental o bien por la danza o la fascinación de la gimnasia. O bien, por el manejo de programas de software que van a lograr mejorar desde lo médico hasta la forma de operar procesos agrícolas, mecánicos, industriales y de telecomunicaciones.

Dentro de esos esfuerzos está el manejo de un segundo o tercer idioma, que es la llave para contar con mayores competencias en diferentes campos de la vida y del trabajo. Esto, en el escenario internacional, donde cada día se dan más interacciones entre países, formas de comunicación y de intercambio de bienes y servicios.  Igualmente, en suelo nacional, donde las empresas, mayoritariamente de zonas francas, requieren personal conocedor de idiomas y formación técnica.

Los tiempos han cambiado los referentes hoy día son otros en el plano internacional, donde son otros, lo vemos desde los deportes hasta el comercio, de la alta tecnología hasta las formas de expresión cultural. Posiblemente, a veces no somos conscientes que estas modificaciones son reales porque las estamos asumiendo como algo ya natural.  En esta nueva etapa de la humanidad comunicarse para el ser humano es una tarea de alta proeza ya que requiere establecer referentes internacionales para poder establecer relaciones con otros.

Poder establecer nuevas posibilidades para que se manejen niveles técnicos y de conversación de idiomas, como el inglés ya que es un idioma de reconocimiento internacional, de utilidad generalizada y facilitador en la comunicación en forma rápida con distintas nacionalidades. Ello sea para actividades sencillas, como para ingresar al mundo de los negocios con el objeto de lograr mayores flujos comerciales, intercambios culturales y hasta conocer otros pueblos que tiene una riqueza cultural como el nuestro.

Cuando uno interroga a un joven universitario sobre el manejo de idiomas, se percata que son pocos los que conocen un segundo idioma, muchos apenas manejan las bases, pero es insuficiente en esta realidad económica y laboral no tener un segundo idioma. Esta carencia limita desgraciadamente las oportunidades de trabajo en una serie de actividades que requieren por su nivel técnico un segundo idioma para lograr comprender las indicaciones profesionales. Esta limitación no solo es para las personas de las ciencias duras, sino también para aquellos que atiende negocios con otros países, sean pequeños productores o prestadores de servicios.  En este punto hasta en la ruralidad se necesita de segundo idioma ya que para el turista o visitante su referencia para comunicarse más fácil es el inglés.

Está bien que sea un país “pura vida”, eso no negamos, eso parte del ser actual costarricense pero no es suficiente en un mundo diverso que requiere comunicarse en referentes más amplios. La comunicación con otros pueblos desde inicios de la humanidad ha sido necesaria, ahora en el caso nuestro pareciera que además del inglés, deberíamos aprender francés y portugués. Prueba de ello, son los anuncios en la prensa, ofreciendo trabajos a quienes dominen estas tres lenguas.

Como me decía a dos años un vietnamita a la entrada de un museo “vea nosotros olvidamos el idioma francés cuando hoy día nos llegan otra vez el francés, hemos tenido que correr para pedir a los viejos que nos enseñen el francés”. Esta lección es precisa se requiere conocer idiomas si se quiere navegar en un mar turbulento y profundo si se quiere llegara a buen puerto. El caso del portugués es similar muchos pueblos lo hablan en forma bastante fluida con los cuales debemos también comunicarnos.

En fechas recientes escuchaba como dos reconocidas figuras del deporte nacional, como lo son Bryan Ruiz y Shirley Cruz, expresaban en diferentes medios de comunicación sus distintas experiencias, en países donde no se hablaba español. Contaban como tuvieron que aprender varios idiomas para lograr cumplir con mayor éxito sus objetivos y vivir en culturas distintas, desarrollando habilidades y consagrándose profesionalmente, gracias al esfuerzo profesional que todo conocemos, pero también cultural, en el sentido de aprender nuevas lenguas, tema sobre el cual nunca nos pusimos a pensar.

Tal ver muchas veces pase desapercibido para nosotros, como cientos de jóvenes han asumido la tarea de aprender el mandarín en nuestro país ya no en escuelas privadas sino en escuelas públicas, que han convertido este idioma como parte de las actividades cotidianas, observando como los estudiantes lo asimilan paulatinamente desde los primeros años, cuando se dice es más fácil esa absorción.

Para tomar en cuenta es que en la capital   existen distintos lugares que se pueden aprender idiomas, posiblemente como tarea extra escolar con lo cual los niños se adentran a otra realidad   o bien lo que se efectúa en el Instituto Confucio, el Centro de Estudios Brasileños, la Alianza Franco Costarricense y así muchos más, incluyendo diversos cursos a nivel de universidades. Esa ruptura mental pasa que nosotros apoyemos esos procesos sin olvidar lo esencial del ser costarricense pero que si nos abramos a ese espíritu universal que   es indispensable en este momento como en otra época dimos el salto con el café, con las nuevas formas de trabajo hoy día es una acción positiva que debemos asumir no solo niños y niña sino todos aquellos que queramos aprender para potenciar a nuestro talento humano hacia nuevas posibilidades.

Entonces el reto no es solo del Gobierno   sino de todos nosotros. ¿Estamos dispuestas a efectuar ese transcendental paso?

 

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Por La Revista CR

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